El Huracán Patricia

Dr. Fco. Javier Alarcón de Alcaraz
Médico-Forense Especialista en Medicina Legal.
@Alarconforense

Ahora que Glorianos ha desatado en el mar a los barcos, que llega el coronavirus sabiendo del gafe de nuestra directora general, llega Patricia para desatarnos al personal sanitario, para mojarnos las batas blancas con saliva de lengua absurda.

Ahora que Gloria nos ha allanado parte de fora vila para ofrecernos el barrizal que necesitamos para escribir estas letras, viene Patricia. No es un temporal a lo loco que puedas ver venir de cerca desde la cómoda sede de la AEMET, pero suelta -en su movimiento- las riendas de una consellería de salut que hace agua, el hundimiento inexorable de una gestión que vimos venir los primeros, muy a lo lejos, en su gobierno deslenguado y vago.

Fue hace años ya, cuando en uno de los temporales que azotaban las noticias de su estatus amoroso le contamos desde aquí el lío que tenía en el Ib-Salut, un desmán, un desastre natural en toda norma que venía afectando a los recursos humanos de su órgano ejecutivo. Los fenómenos costeros, los bingueros, los Esteso y Pajares, el poligonero dúo de En Biel Lladó y el José María Bautista, los bebe-vientos del departamento, empezaban a montar un temporal de cojones, empezaban a dejar ver que el movimiento –como en los grandes dramas- se demuestra huyendo. Y amando.

De aquellos vientos estas pajas, de aquella letra maltraída que trajo lloros y algunas inundaciones en el departamento incompetente ha venido la riada del Tribunal Superior de Justicia de Baleares. Y ha venido a decir alto y claro que toda la regulación absurda que se hizo de la imposición de la lengua catalana es “radicalmente nula”. Nunca la nulidad tuvo una aplicación más adecuada, nunca una sentencia había explicado de una forma mejor un epíteto a un grupo humano deficiente y descabezado: nulidad radical.

El problema del viento es que se acuesta con la tierra. El problema de Patricia es haber permitido no ya la imposición de una lengua para acceder al ejercicio profesional de la medicina, sino algo mucho más sencillo: que el mero conocimiento de la lengua oficial del Estado, el castellano consagrado en el vendaval del artículo 3 de la Constitución española, no sea requisito suficiente como para acceder, promocionar o simplemente tener los mismos derechos que el que conoce nuestra otra lengua cooficial. El día que se exija el conocimiento del castellano -como dice la Carta- a ver que hacen en Vilafranca. O en Sineu.

La vergonzosa actuación de los coros sindicales achicando agua con la boca pequeña, ha hecho que el borrascón Patricia se haya convertido en lo que “el viento se llevó”, un amor con su Julielconsentidor en el que –sobre todo- huele a que han jurado no volver a pasar hambre a cambio de hacer lo mínimo. El resto de la húmeda película ya es harto conocida por todos, 7000 aspirantes a las oposiciones en la cuerda floja de la ilegalidad consentida, 7000 víctimas de los destrozos del mar de incompetencias de un departamento en el que -por lo pronto- ya ha llegado a su registro de entrada la primera demanda de responsabilidad contra sus responsables, el chirimiri por retraso injustificado y la anulación de todo el proceso administrativo. ¿Tendrá el próximo huracán nombre masculino?

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