Otro héroe

Dr. Fco. Javier Alarcón de Alcaraz
Médico-Forense Especialista en Medicina Legal.
@Alarconforense

Veo en la prensa del día la imagen de un médico sangrando por la nariz. Dice la noticia, dice el compañero, que un paciente, una especia de bestia, le agredió en su consulta cuando simplemente le indicó que se identificara. Ahora resulta que vamos a tener que justificar de alguna forma cuál pudiera ser la razón por la cual un malnacido es capaz de agredir al médico al que va para que le cure.

Algo pasa en esta república de actos independientes cuando un médico sangrando por la nariz es portada de un periódico. Algo está ocurriendo en la mente de algún desgraciado cuando barrunta sin venir a cuento que la mejor forma de solucionar su enfermedad, la mejor contribución que puede hacer a su curación es la de agredir a una persona que vela incondicionalmente porque viva mejor, con mayor independencia de su dependiente oligofrenia.

Dice el compañero Vega, que así se llama cualquier héroe sometido a ese tipo de vaivenes, que -además de la agresión- le dijo que se fuera a su país. Debe ser la forma mediante la cual un canalla separatista justifica la animalidad de su instinto, o lo que es lo mismo, la formulación de la típica frase por la que lo único que hace es demostrar que -además de ser violento- es tonto y muy nacionalista, muy de lo suyo, muy de su enfermedad.

Algo dice de sí mismo un mononeuronal cuando justifica ese acto no ya en la violencia sino en la diferencia.

La típica historia de sentirse inferior y de ser víctima de sí mismo. Cualquier día lo abandonarán sus empresas neuronales.

Hace tiempo ya escribí desde aquí mismo que los médicos no necesitan ser autoridad pública para que una agresión de ese tipo se convierta directamente en un delito. No se necesita ni a los mosus ni a la benemérita dándote legalidad a palos para centrarte en tu mundo de miseria. Los médicos controlan la prescripción del tratamiento, precisamente el elemento que el código penal reserva para la diferenciación entre un delito leve y un delito grave o menos grave. Así que no necesitamos demasiada historia para que al agresor de turno se le quiten las ganas de pagar sus complejos con alguien a quien alcanza pero a quien jamás podrá llegar, a alguien que está a años luz de su preparación, del sentido de su vida y -sobre todo- de la labor que de forma silenciosa contribuye desterrando a esos psicotipos.

Hablar de violencia sanitaria es hablar de la necesidad de chequear a toda la gentuza que hace del cobarde una agresión a un hombre desarmado de violencia. Es denunciar esos abusos, pero también incluir a esas bestias en registros consultables como medida preventiva; negársele asistencia atendiendo a una cláusula de conciencia; imponer una orden de alejamiento del centro de salud e imponer todas las responsabilidades penales y civiles que se requieran con la personación del colegio de médicos en la causa.

Simplemente que el personaje entienda que desde Columbia viene a visitarle la legalidad en forma de condena. Ni una más.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Por favor, ayúdanos a promocionar la salud.

Al hacer clic en cualquiera de estos botones nos ayudas promocionar la salud.

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. Más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar