No monte el belén esta Navidad

Miguel Lázaro
Psiquiatra HUSE
Coordinador del Centro de Atención Integral de la Depresión

No me refiero al Belén clásico sino a los navajazos y encontronazos familiares que se montan en algunas familias. Los navidofóbicos aumentan su desazón conforme se va acercando la navidad. Un porcentaje elevado de españoles son anoréxicos del espíritu navideño.Para ellos todas las navidades son iguales, “no es una celebración, es una pesadilla, ojalá me despertara el día siete de enero”, dicen muchos de ellos. Están hartos del espíritu navideño, de las luces, de los anuncios, de los villancicos, de las muñecas de famosa y de ese “vuelva a casa por navidad”. No solo, son los días de navidad, en realidad cinco, sino el preámbulo y el epilogo. ¿Qué vínculo afectivo emocional tienen los navidófobos con estas fechas? ¿Por qué hay personas que no consiguen relativizar estas fiestas? Sobran impostura, sobreactuación e hiperconsumismo.

Los super, hiper y grandes almacenes, nuevos templos posmodernos, no dan abasto, ofertando su liturgia consumista. Todo se vende y nosotros elegimos comprarlo. La magia publicitaria se adueña del alma y de la mente colectiva. No existe el espíritu ni el menú navideño. Cada uno lo construimos. Claro que el contexto social influye mucho pero nuestro mundo interno lo configuramos nosotros. Un amigo mío al que hace tiempo que no trato pero que siempre está disponible y accesible, me dice “vuelvo a la «realidad» (que cualquiera sabe dónde anda la susodicha). Me preocupa mucho la vertiginosa deriva que lleva nuestro mundo. ¡Cuánto ha cambiado y a qué velocidad, desde que no nos vemos! Si ahora me pidieras que te escribiera algo para las Navidades: del susto enmudecería. En un papel escrito te diría que si tú has sido capaz de conservarlas, tienes mi admiración y no puedo aportar nada mejor. Cualquier cosa vale más que las navidades televisadas que se nos avecinan, como anual reposición de La Marabunta, a la que no le queda ya prácticamente nada por arrasar. Si además sigues creyendo en ellas y disfrutándolas, mi admiración se tornaría en asombro y envidia blanca”. Las opciones las elegimos nosotros. Pero las ausencias y los duelos emergen y reclaman un espacio mental, los que han fallecido, el hijo que no está aquí y ahora con nosotros, el hermano lejano y alejado, la edad que nos okupa y pre-ocupa, la nostalgia con la que nos acompañamos, los padres que enfilan la estación término de su biografía, aquello que no pudo ser, lo que no recordamos y lo que insistentemente nos persigue. Todo se amplifica por mil: lo que somos y lo que no somos y pudiéramos haber sido. La Navidad es una caja de resonancia de nuestros decibelios emocionales que nos obliga y nos estresa porque tenemos que gestionar la sobre estimulación interna y externa. Las fechas navideñas son auténticos ajustes de cuenta entre familiares que se encuentran, se desencuentran y muchas veces practican el encontronazo sádico e invasivo. Ya saben aquello del célebre “se armó el Belén”. Los “gigantes y cabezudos del alma”, cual tsunami emocional que arrasa todo nos dominan: la rivalidad, los celos, la envidia y la culpa complican la con-vivencia.Necesitamos toda una sobredosis de mindfulnes. La navidad es un buen test de stress para nuestra ITV emocional y para inspeccionar nuestras tácticas vitales.

Qué bien estar vivos y reencontrarnos así como podamos, si así lo queremos. Es fácil dejarse llevar por la rabia y el resentimiento pero la navidad nos convoca a dejar la quejorrea narcisista y lacrimógena en stand bye. De nuevo las emociones positivas al rescate; la apuesta y el reto es querer, a nosotros mismos y al prójimo. Es una muy buena oportunidad para reparar conflictos y malentendidos. Somos los vínculos que tenemos y lo que nos queda de tiempo por vivir. Construyan su navidad sin exigencias. Si no les gusta háganla agridulce como la comida china. Hagan el balance anual desde una sana autoestima. No existen las navidades, existe la navidad del 2019, que son el pasaje imprescindible y necesario entre las del 2018 y las del 2020.Viva en el recuerdo de las ausencias y acompáñense bien, tanto interna como externamente. Valoren más que nunca cuan de fértil han vivido y sobre todo como decidirán vivir su tiempo.

Opten por rediseñar y resignificar la navidad del 2019 Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo. Ahora ennavidense. El mallorquín tiene una frase mágica, a modo de mantra zen, díganla y compártanla desde el corazón: MOLT D´ANYS, amigos. Ya saben en victoria transitoria porque nunca hemos estado en doma. Prospero 2020.

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