La actitud también es contagiosa y multiplica todo lo que hacemos

Joan Carles March
Profesor de la Escuela
Andaluza de Salud Pública

Muchas veces comentamos que las emociones se contagian y que se contagian más deprisa las emociones negativas que las positivas. En ese sentido, es fundamental en la vida que la gratitud o la generosidad o ser positivos sean contagiosas.

Y la actitud? Como dice Victor Küppers, hay habilidades que suman y la actitud multiplica. Y sigue diciendo: “Los seres humanos transmitimos sensaciones y captamos las sensaciones que transmiten los demás”. “Estamos rodeados de personas serias, correctas y profesionales; y luego hay otro tipo de personas que, además de ser serias, correctas y profesionales, generan una sensación de ‘Olé, olé y olé’”. “El valor de una persona se puede determinar con la fórmula: (Conocimiento

Habilidad) x Actitud”. “No eres grande por tus conocimientos ni habilidades o experiencia, aunque éstos son esenciales, eres un crack por tu manera de ser”. “Hay que reivindicar una pausa para darse cuenta de que en la vida, lo más importante, es que lo más importante sea realmente lo más importante”. “Si uno no tiene ilusiones, se las tiene que poner, porque el entorno no te las va a dar”. “No se trata de hacer cosas extraordinarias, sino de disfrutar de las pequeñas cosas ordinarias”. “Nunca podremos hacer nada para cambiar las circunstancias, pero siempre podemos elegir nuestra actitud, tenemos esa libertad de decidir cómo afrontar el mundo”.

Por tanto, si la actitud es tan importante como decimos o también como pensamos y que además la valoramos como un elemento fundamental en la vida y que llevamos puesto día a día, es importante cuidarla bien con la idea de que nadie nos dificulte tener en cuenta nuestros propósitos y también que nadie desgaste nuestros puntos fuertes y nuestros elementos de esperanza. No permitamos que nos quiten nuestros anhelos ni nuestras ganas al hacernos creer que no valemos, no podemos o no lo merecemos. Nuestra actitud representa un porcentaje muy importante de la capacidad de influencia que tenemos sobre lo que nos sucede, así que no permitamos que nos roben nuestra actitud. Y ello además parte de nuestra calma interna, de cuidarnos nosotros a nosotros mismos, de trabajarnos cuidadosamente.

Y es que una persona feliz no tiene un determinado conjunto de circunstancias, sino un conjunto de actitudes.

Es evidente que las aptitudes suman y demostrar que podemos hacer bien una actividad concreta es muy gratificante. Sin embargo, lo que multiplica son las actitudes, porque son ellas las que marcan la diferencia entre un buen día y un mal día, son ellas las que nos confieren optimismo cuando todo está en nuestra contra, ellas las que nos permiten creer en nosotros mismos cuando otros nos critican y nos empequeñecen. “Yo Sí valgo, yo SÍ sé hacerlo y yo Sí merezco” son tres frases que deben nutrir nuestra actitud cotidiana. Sin embargo, hay veces en que la mentalidad negativa, o incluso tóxica de algunas personas que nos rodean pueden sin duda debilitar ese enfoque hasta volverlo negativo…

Nuestra actitud es una decisión personal que tenemos que proteger

La OMS nos advierte de que en poco tiempo, la depresión será el primer problema de salud y discapacidad en todo el mundo. Asimismo, educamos a nuestros niños para que sean competentes en ciencias, en matemáticas, en el uso de la tecnología o en lenguaje de la programación, pero se nos olvida enseñarles a tolerar la frustración, a gestionar sus emociones, sus rabias, sus tristezas…

Nadie nos explica qué son las actitudes, o cómo se hace lo de creer en nosotros mismos. Lo único que nos han enseñado en la escuela es a saber identificar el sujeto y el predicado de una frase, a sacar el mínimo común múltiplo o el máximo común divisor, a creer que basta con ser bueno, respetuoso y sacar buenas notas para que la felicidad esté en nuestra frente. Sin embargo, descubriremos en algún momento que nuestras intenciones no bastan para que llegue el éxito.

Los tres componentes de la actitud

En algún momento en la vida, nos damos cuenta de que estamos infectados por el desánimo y la pasividad, nublados por una mente que se ha dejado llevar por la negatividad ajena. Al final, percibimos que la actitud no es más que una decisión personal, que toca aunar valor, energía y ánimo para hallar aquello que necesitamos de verdad.

Es evidente que una actitud positiva no resolverá todos nuestros problemas, pero lo que sí hará es ayudar a que el día sea más claro, que el trabajo salga mejor, que las cosas funcionen, así como molestar a esas personas que con su mentalidad cuadrada y sus enfoques llenos de aristas, no hacen más que poner alambradas a nuestros sueños, tormentas a nuestros días soleados.

Las actitudes son contagiosas. Hagamos por contagiar con ella.

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