
Alarcón de
Alcaraz.
Médico-Forense.
Especialista en
Medicina Legal.
@Alarconforense
Avanzar al año, correr en el calendario el nuevo año, se nos antoja siempre una inercia imposible de detener. Algo nos empuja a seguir bajo la excusa de tener una obligación, de albergar una ilusión o incluso ni la una ni la otra. El año avanza sin que hagas nada, sin que desees nada. El año empieza, aunque estés triste de la vida y aunque la esperanza de no estarlo también suene a triste cuando se la escucha.
De ahí que empiece este año como empieza una nueva vida sin otra vida, como esa vida en la que crees que te concentras para subsistir frente al resto, cuando lo que realmente está ocurriendo es que te concentras sin saberlo en subsistir.
El nuevo año traerá en esta revista, trae sin saberlo, crónicas de enfermedades crónicas y noticias agudas sobre enfermedades agudas. Pero trae también muertes intermedias entre las unas y las otras que son una especie de enfermedad a caballo entre las unas y las otras, de esos males que una mañana de repente son agudos cuando miras por la ventana, y que una noche se hacen crónicas bajo el peso pesado de una ventana negra donde las luces juegan a hacerse cruces.
El nuevo año, el nuevo año par que sirve para sentir que estás solo, sirve sobre todo para que ocurran cosas sin que debas hacer nada, para que dejándote llevar por los acontecimientos de la vida veas como pasan cosas mientras que dentro de ti no pasa nada. Lo decía aquel de otra forma cuando hablaba de que se asomaba a un mundo solitario cada mañana, cuando la maquinaria de la multitud -la de los seres humanos con esa celularidad que vaga por la inercia de los acontecimientos de la vida- es precisamente la que expone tu soledad, la que ofrece el contraste exacto que necesita la soledad.
Se escribe desde aquí -siempre lo hemos hecho- desde la soledad de algo que es la única realidad que existe. Se deja aquí algo que llega a hacerse público gracias a que se escribe en absoluta soledad, igual que se oye algo porque dentro de uno mismo hay un silencio absoluto que te permite oír. Oyendo el silencio en la necesaria soledad que acompaña este nuevo año desde el que seguir construyendo la vida.
Seguirá esta cabecera este año lleno de pasiones, de otras pasiones, algunas sanitarias, dejando este hueco para seguir eligiendo la parte de ese silencio que habla para que los demás no escuchen, para acabar con el silencio que se necesita también para escuchar a quien ya no está.
El principio del año, este principio de este año, que sea entonces para llenarlo de todos esos finales que -antes o después- llenaremos algún día con el nuestro. Gracias por este comienzo, o como se diga que no olvidaremos nunca este final que vivimos.










