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«si caía el personal sanitario era como una guerra sin soldados»

El Servicio de Medicina Interna del Hospital Comarcal de Inca, como todo el hospital, dio lo mejor de sí para poder atender un año de pandemia. Conversamos con algunos de los máximos responsables del Servicio, para hacer balance sobre cómo adaptaron protocolos, espacios y actuaciones para batallar contra el coronavirus.

Xisca Mójer

La primera de nuestras protagonistas es Xisca Mójer, coordinadora del Servicio de Medicina Interna del Hospital Comarcal de Inca. Explica primero de todo, cómo fueron esos primeros momentos de marzo y abril de 2020: “Nos vino a todos de nuevo, de forma inesperada. La verdad es que se organizó de manera increíble. Para ser un hospital pequeño y con limitaciones estructurales, un mismo jueves por la tarde (seguramente Gerencia lo había decidido antes) se cerraron consultas y se paralizó quirófano, casi todo, para que nos dedicáramos casi al 100% al covid. Somos un hospital y no podemos parar todo, pero sí priorizar.

Hay dos plantas dedicadas a la parte médica que cerramos una para destinarla exclusivamente a covid. Esta enfermedad es una patología de la cual se ha hecho cargo, sobre todo, Medicina Interna y Neumología. No podíamos estar todos trabajando en el mismo entorno y horario porque corríamos el riesgo de contagiarnos y la plantilla tuviera problemas”.

Grupos

Para evitar los contagios masivos, Mójer reconoce que se dividieron en grupos: “Lo que hicimos fue decidir con Dirección y Gerencia, coger a los 30 profesionales del área médica y hacer tres grupos. De esta forma, cada grupo venía a trabajar en horario de 8 de la mañana a las 22;00 horas y cada día venía uno diferente. Ese grupo tenía 3 internistas, un neumólogo, pero también endocrinos, reumatólogos, digestivos… y cada día, de la planta de Covid se hacían cargo los tres internistas y el neumólogo y del resto de pacientes del área médica, se ocupaban otros especialistas.

La verdad es que la impresión fue buenísima, porque profesionales que no estaban acostumbrados a ver pacientes ingresados hospitalizados, demostraron su factor humano y generosidad. Nadie dijo que no. Siempre de una mala experiencia aprendes la gran humanidad de las personas. Nadie dijo basta, todos dieron lo mejor, algunos pocos cayeron contagiados. Sirvió para hacer más unión en el grupo”.

El desconocimiento

Prácticamente todos los profesionales sanitarios de todo el mundo coinciden en el peligro y el miedo de la incertidumbre inicial, también la coordinadora de Medicina Interna: “Es que no teníamos ni idea. Era un virus que no sabíamos de su tratamiento, que teníamos miedo a caer contagiados porque si caía el personal sanitario era como una guerra sin soldados.

Además de trabajar aquí, te ibas a casa para conectarte 24 horas a webinars por todo el mundo para saber lo que funcionaba. Hicimos protocolos y fuimos aprendiendo sobre la marcha. Todos tenemos familia, hijos, padres, y temimos contagiarnos y luego contagiarlos. No tiene nada que ver el tratamiento de hoy con el del año pasado ni será igual el año que viene. En los libros de historia de la Facultad de Medicina y de los colegios, se estudiará esta pandemia”.

Pero si una cosa ha quedado clara es la capacidad vocacional de los sanitarios: “Es una profesión de cualquier sanitario puramente vocacional. Emociona ver cuando en estos momentos críticos la vocación sobresale. Ha sido la única manera de sobrellevarlo. Pocos han dicho no puedo más de cansancio a pesar del agotamiento físico y mental”, argumenta Mójer.

Los sanitarios reconocen abiertamente que ha sido un año de montaña rusa emocional: “A nivel mental es muy difícil porque es una enfermedad que lo ves bien al paciente, pero en poco tiempo se complica mucho y hay que intubarlo. Hay que llamar a los familiares, te preguntan en UCI antes de intubarlos si se despertarán. Es duro. Cada día hablar con los familiares y dar buenas y malas noticias. Durísimo. Espero que acabe todo pronto, aún seguimos tirando para delante casi sin pensar en esta montaña de adrenalina en la que estamos”.

La importancia de la vacunación

“Ha pasado lo peor. Confío 100% en la vacunación y espero que todo el mundo se vacune. Con esta pandemia, se ha olvidado a muchos enfermos que no tenían covid. Aún tenemos a pacientes que nos dicen que no venían con un dolor abdominal o con patología y eso no es una buena medicina, quedarse en casa. Después la parte económica, Balears depende altamente del turismo y debemos buscar el equilibrio” confiesa Xisca Mójer.

“Fue una calma tensa ver lo que sucedía en Madrid”

Pilar Gual

Pilar Gual es neumóloga del Comarcal de Inca. Sus primeros recuerdos son de miedo: “Al principio fue mucho miedo, veíamos lo que pasaba en Madrid y sabíamos que llegaría aquí.

Una sensación de calma tensa desagradable, pero nos dio un poco de tiempo para planificar y saber de qué manera nos podíamos adelantar.

Al final se sale, con unos primeros meses muy duros, hicimos equipo, nos organizamos bastante bien y lo llevamos lo mejor posible. Tras el confinamiento ha sido más fácil de asumirlo todo”.

Otra de las conclusiones a los que llegan los expertos es el empeoramiento repentino de los pacientes graves: “Se ha cambiado totalmente el manejo de la enfermedad desde el inicio hasta ahora. No tratamos con los mismos fármacos que al principio.

Pero en aquel momento inicial era lo que se sabía, nos apoyábamos a nivel nacional e internacional en estudios. Ahora se trata de forma diferente. Es una enfermedad muy singular porque te da sorpresas y el paciente puede empeorar en poco tiempo. Es verdad que tenemos indicadores y pistas para saber que se pondrá malo y tenemos que estar atentos”.

Intubación

Era lo peor, tener que intubar al paciente: “Hemos visto más miedo que en cualquier otra enfermedad. La gente sabe mucho de esta patología, está en los medios. Le decíamos al paciente que le faltaba oxígeno o que debíamos trasladarlo a la UCI y notábamos el miedo. Antes no era así. La gente sabe a qué se enfrenta, ve las noticias y sabe que esto es algo muy serio donde a algunos pacientes les va bien y a otros, desgraciadamente no”.

La vocación sanitaria es otro de los referentes comunes de la profesión, como reconoce Gual: “Es una situación que te pone el límite. Hemos estudiado para esto, para dar lo mejor en el día a día, quizá con un punto de ansiedad y mucho interés por hacerlo todo bien, con dudas por si no hay evidencia en muchas cosas que hace que todo sea diferente a lo vivido hasta ahora”. “En los primeros meses que estábamos confinados en casa nos organizamos de una forma particular. Veíamos que otras comunidades tenían muchos contagios y dividimos el área médica en tres turnos para tener menos contacto. Eran turnos largos, de 8 a 22:00 horas y luego teníamos dos días de recuperación.

Fue muy intenso, llegar a casa llorando por la carretera agotada. Siempre iba actualizándome en el día libre, para ponerme al día sobre cosas que podríamos aplicar. Son situaciones que te ponen al límite, de mucho desgaste físico y emocional. Ha sido muy particular, pero todas las otras enfermedades.

“No somos súper héroes ni heroínas”

Adelaida Rey

Adelaida Rey es internista, la profesional que se encargó de organizar los protocolos para evitar contagios entre profesionales.

Reconoce el duro comienzo: ““Fue estresante, con muchas horas y difícil porque todo era nuevo y no sabíamos lo que se nos venía encima. Leíamos la poca bibliografía que había, veíamos lo que se hacía en otros sitios para adaptarnos día a día u hora a hora.

En la primera ola actualizábamos el protocolo cada hora. El manejo inicial del miedo de todo el mundo al principio, organizar la logística porque nos cambió por completo. No se puede manejar noticias de terror y de muerte, cambiamos la forma de trabajar. Cerramos consultas para ser un hospital diferente, nuestra forma de trabajar cambió y nos adaptamos rápido, un buen método de la noche a la mañana. Fue fácil organizarnos porque somos un hospital pequeño, tuvimos el apoyo de Dirección y de los facultativos, todos fuimos a una, ser pequeños nos ayudó, pero atendíamos a mucha población y muchas veces nos quedamos cortos de espacios. No somos súper héroes ni heroínas”.

La vocación es innata, explica Rey: “Nos gusta nuestra profesión y lo dimos todos, 36 horas seguidas si hacía falta, no había otra opción. Hubiera reconfortado más el respeto a las normas de la sociedad que los aplausos. Salías a la calle y ver que la gente no cumplía las normas parece que fue un aplauso contenido en el tiempo y cuando pasó la primera ola la pandemia siguió. Estamos sin vacaciones, triplicando turnos, guardias, seguimos aquí. La familia al final eran los compañeros, porque en mi caso, por ejemplo, al ser de fuera, no la veía, pero sí notaba el miedo en mis compañeros por si se llevaban el virus a casa con su gente. Todos hemos tenido algún momento de pensar que nos hemos contagiado y éramos asintomáticos. Nunca me hubiera imaginado esta pandemia y marcará un antes un después, la era pre y post covid”.

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