Las claves de las pruebas PCR: “Hoy se detectan 10 veces más casos de COVID19 de los conocidos en invierno, durante la primera oleada”


El doctor Antonio Oliver, coordinador del Laboratorio de Microbiología del Hospital Universitario de Son Espases da las claves sobre las PCR, con un 95% de sensibilidad al nuevo coronavirus, y el estado actual de la pandemia

Algo de los que la mayoría de la gente no había oído hablar jamás y de que probablemente se ha incorporado a sus conversaciones frecuentes en esta nueva normalidad pandémica que nos ha tocado vivir es eso que se llaman ‘pruebas PCR’ y que tiene unas compañeras de viaje no tan conocidas pero igualmente importantes, como son las ‘pruebas de anticuerpos’ y las serológicas.

El objeto de estas pruebas es la detección de la presencia de una infección activa de un virus, en lo que se refiere a las PCR y, en estos momentos, específicamente en lo que se refiere al nuevo coronavirus SARS-CoV-2, causante de la pandemia de la enfermedad COVID19.

La PCR avisa de la infección activa detectando rastros suficientes del virus. Esta infección puede ser sintomática o no. La PCR sirve para ayudar al diagnóstico de la enfermedad en los casos sintomáticos y en la detección de la infección en los casos asintomáticos, grandes factores de transmisión silenciosa de la enfermedad.

Las pruebas que detectan anticuerpos señalan que el paciente está desarrollando defensas contra la enfermedad, lo que en el primer tipo de prueba supone no que la haya vencido sino que la está combatiendo, por lo que tienen, como las PCR, valor diagnóstico, y en el segundo caso (serológicas) que el paciente ha vencido a la enfermedad y ha desarrollado defensas, aunque éstas — esto se está investigando ahora— no duran para siempre, sino unos pocos meses, transcurridos los cuales es posible (ya se han dado casos, aunque pocos) la reinfección.

Las tomas de muestras para las PCR se hacen con un bastoncillo largo y flexible acabado en un algodón especial (hisopo) con el que se recogen trazas de saliva y moco de las zonas nasofaríngea (se accede por la nariz) y bucofaríngea (se accede por la boca). Las pruebas de detección de ADN se hacen mediante tomas de muestras de sangre. Las determinaciones posteriores se hacen en los laboratorios microbiológicos de grandes hospitales. H ay quién duda de si estas pruebas son lo suficientemente fiables. Si detectan un virus o cualquier virus parecido al SARS-CoV-2.

Hay quien cree que el nuevo coronavirus se ha autorregulado y ya no es tan mortífero como ha llegado a serlo. Hay quien cree, incluso, que el nuevo coronavirus es un invento de poderes supranacionales que, difundiendo una mentira y sembrando el pánico en el mundo con una falsa pandemia, quieren controlarlo e imponer un nuevo orden, tiránico y deshumanizado. Lo que la evidencia científica disponible señala es que el contagioso y potencialmente letal, que las pruebas PCR, de anticuerpos y serológicas funcionan y son específicas y que la pandemia no se ha ido aún y sigue siendo un peligro real para la salud y la vida de muchas personas.

UN CIENTÍFICO EXPERTO EN PCR. Gran conocedor de esta evidencia científica es el doctor Antonio Oliver, coordinador del Servicio de Microbiología del Hospital Universitario de Son Espases (HUSE). Antonio Oliver es doctor en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid y farmacéutico especialista en Microbiología y Parasitología por el Hospital Ramón y Cajal. Desde 2002 es facultativo del Laboratorio de Microbiología del HUSE y responsable de su laboratorio de investigación. Investigador coordinador de enfermedades infecciosas del Instituto de Investigación Sanitaria de las Islas Baleares (IdISBa) es además profesor de la Universitat de les Illes Balears (UIB), entre otros prestigiosos grupos de investigación en los que también participa. El Dr Oliver fue el primer científico entrevistado en esta nueva etapa del programa de Canal 4 Televisión, Salut i Força, que presenta y dirige Joan Calafat. En la imagen, el Dr Oliver aparece con la presentadora Laura Calafat, que materializó la entrevista.

Gran conocedor de esta evidencia científica es el doctor Antonio Oliver, coordinador del Servicio de Microbiología del Hospital Universitario de Son Espases (HUSE). Antonio Oliver es doctor en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid y farmacéutico especialista en Microbiología y Parasitología por el Hospital Ramón y Cajal. Desde 2002 es facultativo del Laboratorio de Microbiología del HUSE y responsable de su laboratorio de investigación. Investigador coordinador de enfermedades infecciosas del Instituto de Investigación Sanitaria de las Islas Baleares (IdISBa) es además profesor de la Universitat de les Illes Balears (UIB), entre otros prestigiosos grupos de investigación en los que también participa. Y como tantos otros clínicos y científicos del momento se ha convertido —por pasión y obligado por las circunstancias— en un gran experto en el nuevo coronavirus.

—¿Cuántas pruebas existen para detectar el coronavirus y cuáles son sus funciones específicas?

—Básicamente tenemos ahora dos tipos de pruebas relevantes, una es la famosa PCR, siglas en inglés de “reacción en cadena de la polimerasa”, que nos permite la detección de los ácidos nucléicos, del genoma del virus, del ARN viral y con ello si el virus está presente o no en el paciente. El segundo gran grupo de pruebas son las serologías que se basan en la detección de los anticuerpos, componentes del sistema inmunitario que desarrolla el cuerpo cuando se enfrenta a este virus. Los resultados de una PCR dan información de lo que está sucediendo en el organismo “en un momento, no en el pasado ni en el futuro, sino en ese momento”, señala el Dr Oliver. Es decir, que la PCR sirve para diagnosticar infecciones activas del virus, “tanto en personas que sufren la infección como en personas asintomáticas”.

Lo último es básico en las labores de rastreo que se han puesto en marcha tras el Estado de Alarma y en esta segunda oleada de la pandemia, ya que permite aislar a potenciales contagiadores silenciosos, que en invierno pasaban desapercibidos, al no hacerse prácticamente PCRs, lo que explica que ahora, con programas de búsqueda activa se detecten muchos más casos que durante el Estado de Alarma, casos que entonces también se dieron, pero que curaron sin que nadie lo detectara (ni el afectado) y dejando con toda probabilidad un largo rastro de contagios.

—¿Cómo se realiza la PCR y cuál es su fiabilidad?

—Es compleja. Empieza por la toma de muestras que luego se analiza en laboratorios como el del HUSE, donde se hace la PCR en sí y que tiene dos partes: la extracción o purificación del material genético, de los ácidos nucléicos, del ARN del virus, purificándolos a través de un proceso complejo, y la amplificación, que es la PCR en sí, esa reacción en cadena de la polimerasa que consiste en una amplificación del número de copias del virus, de tal forma que se hace visible a través de una tecnología denominada fluorescencia mediante termocicladores. Así se detecta el virus aunque esté en una cantidad muy pequeña.

En estos momentos la PCR es el método diagnóstico más fiable que tenemos, afirma este científico, ello de acuerdo “a dos parámetros que son la especificidad y la sensibilidad: la primera indica la posibilidad de dar resultado positivo, teniendo el virus, que es con esta prueba superior al 90%; la sensibilidad indica la seguridad de que se detecta este virus y no otro. La sensibilidad de la PCR es del 95- 100%. Si la PCR da positiva es que el virus está ahí”.

—¿Cuál es la utilidad del test de anticuerpos, Dr Oliver?

—Son técnicas complementarias. La serología detecta la huella que deja en el organismo la presencia del virus. Detecta anticuerpos que aparecen en un estadío posterior a la enfermedad. No sirve para el diagnóstico cuando el paciente tiene síntomas. En enfermedades avanzadas el virus puede desaparecer, por lo que la PCR sería negativa y ahí sí que determinado test de anticuerpos podría tener un utilidad diagnóstica. La principal utilidad de los tests de anticuerpos no es la de diagnóstico, sino ver cómo ha evolucionado la enfermedad y si se han generado anticuerpos protectores, y a nivel poblacional da la información respecto a qué porcentaje de la población ha pasado la enfermedad.

Esta constatación del porcentaje de infectados está, sin embargo, en entredicho. Tras el Estado de Alarma se hicieron encuestas serológicas que arrojaron que solo el 5% de los españoles (la mitad en Baleares) habría pasado la enfermedad. Pero luego se sabe que a los pocos meses esa inmunidad que detecta la serología puede decaer, de modo que tal vez fueron muchos más los infectados en invierno y primavera, y pese a ello la inmunidad social es baja y por esa razón son posibles nuevas oleadas epidémicas.

¿Tener o haber tenido anticuerpos del COVID19 significa estar protegido? Lo explica el Dr Oliver: “No hay una conclusión definitiva. Cabe esperar que haber desarrollado anticuerpos proteja y haya ayudado a superar la infección. Aunque una cosa es que esos anticuerpos den un cierto nivel de reinfección y otra que la persona no se pueda volver a reinfectar. Se han dado casos de reinfección en pacientes ya curados. Haber pasado la infección no nos permite bajar la guardia en las medidas de seguridad. No solo es posible una reinfección teniendo anticuerpos, sino que sabemos que con el tiempo llegan a desaparecer: No son para siempre. Además, el virus puede cambiar y esos anticuerpos podrían dejar de ser eficaces.” La realización de pruebas PCR masivas a la población es una estrategia también objeto de controversia. El doctor Oliver tiene claro la utilidad de un proceso como ése:

—Podríamos hacer pruebas PCR a toda la población y ello nos daría una foto fija de la situación, pero solo una foto fija. No nos diría qué es lo que ha pasado ni qué es lo que va a pasar. El hecho de tener una PCR negativa no quiere decir que no se haya tenido la infección ni que no se vaya a tener mañana. Como estrategia no sería efectiva, además de muy costosa. Tiene más sentido hacer esas pruebas en colectivos de especial interés, bien sea porque son vulnerables, por ser personal sanitario u otro tipo de personas muy expuestas al virus, con los que pueda plantear hacer estas pruebas con una cierta periodicidad y de ese modo monitorizar esa población.

—¿En estos momentos, a qué colectivos se hacen estos tests, Dr Oliver?

—En esta segunda oleada, a diferencia de la primera en la que solo se hacían las PCR a los pacientes graves que ingresaban en un hospital, la estrategia es diagnosticar todos los casos de infección por coronavirus, incluyendo los casos leves, y no solo eso, sino detectar mediante las PCR el mayor número posible de contactos contagiados asintomáticos para cortar la transmisión comunitaria. También se hacen cribados en poblaciones de riesgo, como es el caso ahora mismo de las residencias de ancianos, al objeto de detectar casos antes de que aparezcan los síntomas. En los hospitales se hace a todo paciente que vaya a ser sometido a una intervención.

—Dr Oliver, ¿se siente usted optimista respecto a la pronta consecución de una vacuna para el COVID19?

—Me siento moderadamente optimista. No creo que vaya a resolver todo el problema. Sí creo que va a haber una o varias vacunas con una eficacia aceptable. Me temo que no llegará hasta mediados de 2021. Y vacunar a cientos de miles de personas será un proceso relativamente lento que seguro que como mínimo nos va a llevar todo el año que viene y probablemente parte de 2022. Cuando elDr Oliver concedió esta entrevista a Salut i Força ya se conocía que uno de los voluntarios que está probando la vacuna desarrollada por Oxford y la multinacional farmacéutica AstraZeneca (y que es la más prometedora por su inmunidad a largo plazo tras dos dosis separadas) había sufrido un caso de mielitis transversa, una enfermedad neurológica poco frecuente que puede ser causada por un virus.

‘The New York Times’ ha revelado que este nuevo caso se habría producido a principios de septiembre, también de mielitis transversa, una inflamación de la médula espinal que daña el revestimiento de las células nerviosas. La diferencia con respecto al primer caso es que en esta ocasión la voluntaria enfermó haberle sido suministrada la segunda dosis de la nueva vacuna, aún en fase de ensayo. No hay aún pruebas de que estos dos casos estén relacionados con la vacuna, aunque son la causa de que se tenga que replantear su diseño, sobre todo después del segundo.

—Dr Oliver, ¿cree que la prisa con la que se están desarrollando las vacunas puede llegar a ser contraproducente?

—Se puede ver como una cierta competencia que pueda ser negativa porque no sea sinérgica y si estuviésemos todos coordinados por la OMS el proceso sería más eficaz, pero tampoco veo como negativo que se están desarrollando 7 u 8 vacunas con buenas perspectivas y de forma simultánea, porque es un proceso muy largo y dificultoso y puede que algunas de esas vacunas se malogren.

Por ello, tener varias apuestas sobre la mesa es prudente. Al igual que otros científicos, el Dr Oliver no cree que el objetivo realista sea acabar con el virus, sino hacer que este coronavirus no sea más peligroso que otros coronavirus, como la gripe u otros similares que ya conocemos. En ese momento podremos decir que hemos ganado la batalla, cuando el SARS-CoV-2 se convierta en un virus banal, con el que podamos convivir, no erradicado, pero sí que causando mucho menos daño, mucho menor número de infecciones que ahora. Cuantas más personas estén vacunadas, mejor, pero sobre todo será importante que lo estén aquellas que se sabe que son más vulnerables, lo que hará que disminuyan la mortalidad y la morbilidad. Otro debate en ciernes es si este año hay que tomarse más en serio que otros la vacunación contra la gripe. Las autoridades sanitarias recuerdan que la vacuna contra la gripe (que es otro coronavirus) no evita el contagio del COVID19, pero es muy necesaria, especialmente para los grupos de riesgo, porque evitará una posible confluencia de las dos infecciones, con los riesgos de agravamiento y con la dificultad añadida de diagnóstico porque los síntomas clínicos son muy parecidos. La gripe ocasiona todos los años cierta saturación hospitalaria, generalmente por descompensaciones y agravamientos de pacientes crónicos (EPOC, cardiópatas, diabéticos avanzados, inmunodeprimidos, ancianos debilitados por la edad y/o por pluripatologías crónicas) que deben ser hospitalizados y entre los que llega a registrarse una mortalidad del 0,5%. Este año pasado la primera ola de COVID19 llegó cuando la gripe ya se estaba alejando. En Baleares suele golpear más fuerte entre enero y marzo. ¿Qué sucedería a nivel individual si en una persona frágil se dieran a la vez gripe y COVID19? ¿Qué sucedería si a nivel comunitario se dieran simultáneamente sobre demandas de recursos hospitalarios como los habituales por la gripe y los que se dieron de marzo a mayo por la primera oleada del COVID19? De ahí que se aconseje encarecidamente vacunarse este año contra la gripe a los grupos de riesgo (mayores, enfermos crónicos y personas frágiles) aún a falta de la vacuna contra el SARS-CoV-2. El Dr Oliver anima a protegerse de cualquiera de los modos conocidos y posibles (higiene de manos, distancia social, mascarilla, vacunación antigripal por las razones expuestas…) contra el COVID19 porque pese a lo que se ha comentado popularmente, la letalidad del SARS-CoV-2 no se ha reducido desde el inicio de la pandemia.

“No se ha reducido esa letalidad —explica el farmacéutico y microbiólogo— aunque es verdad que en esta segunda oleada los contagios están afectando más a personas más jóvenes y sin patología de base, lo cual puede dar la impresión de que es menos letal. Otro elemento que puede llevar a percibir erróneamente una menor letalidad —añade el científico— es el denominador sobre el que se calcula, que es el número de casos diagnosticados”. Ese número de casos conocidos durante la primera oleada fue mucho menor, ya que la mayoría de los asintomáticos no se detectaron porque solo se hacían pruebas PCR a los casos sintomáticos: “Antes sólo diagnosticábamos los casos graves y de los graves se morían muchos, mientras que ahora diagnosticamos también los leves y los asintomáticos y en esta segunda oleada están falleciendo pacientes, incluso algunos sin patologías previas”.

—¿Se dan más casos hoy en invierno, Dr Oliver?

—Lo que sucede es que los casos que se dan hoy es algo real. Lo que era irreal era lo que veíamos en invierno, cuando a lo mejor solo veíamos el 10% de los casos que había. Los casos que diagnosticamos ahora se acercan más a la realidad de casos existentes. Ahora se diagnostica una mayoría de casos leves o asintomáticos, que en el invierno pasado los desconocíamos.

—Dr Oliver, ¿qué mensaje daría usted llegar a los negacionistas, a las personas que no creen que sea necesario protegerse ante el nuevo coronavirus SARS-COV-2 y la COVID19, la enfermedad que ocasiona?

—Está científicamente demostrado el impacto que tiene el COVID19. Eso es indudable y que si no quieren hacerlo por su salud, que piensen en las personas de su entorno, especialmente las vulnerables, que pueden tener una infección mortal. No es para tomárselo a broma.

Jaume Orfila
Asesor Científico de Salut i Força

“Point of care”

Las técnicas de diagnóstico molecular acreditan la presencia de una enfermedad como por arte de magia. Nos informan de la existencia de una infección, de una intoxicación o de una alteración genética con una muestra biológica. Una traza de saliva, una muestra de orina, una gota de sangre o un simple pelo es suficiente para el diagnóstico. Si los médicos de principios del siglo pasado abrieran los ojos se caerían de bruces. Se pasaban horas, días, semanas, meses, años, pendientes de la detección de un síntoma, de la aparición de un signo que permitiera orientar una enfermedad o despejar el diagnóstico diferencial entre las distintas enfermedades posibles. Con todos los avances nos hemos plantado a principios del siglo XXI con una esperanza de vida que nos acerca a la centena. Las técnicas diagnósticas del COVID19 han trasladado el conocimiento a todos los ciudadanos. Se han hecho familiares las PCR que nos informan de la presencia del SARS-CoV2 antes de que esté presente ningún síntoma. Son de dominio público la naturaleza de los anticuerpos contra los gérmenes, su papel en el control de la enfermedad, las acciones vinculadas a la inmunidad no específica y la costosa y compleja tecnología para su determinación. La revolución del futuro es la que nos devuelve el diagnóstico al despacho del profesional, incluso lo traslada a la cama y al domicilio del propio paciente. El futuro basado en test sencillos, seguros y económicos. Pruebas para las que no se requiere ningún tipo de instrumentación. Test de reducido tamaño, a disposición de los ciudadanos en las oficinas de farmacia. Una revolución de futuro que supondrá un antes y un después en materia de seguimiento, precio y efectividad de la pandemia. Son los test rápidos. Test de antígenos con sensibilidades y especificidades del 95% que facilitarán y abaratarán la detección, rastreo y detección de personas contagiadas. Es el momento del “Point of care”, pruebas en el punto de atención. Este futuro, es hoy.

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