Manual para escapar de la maldición de la medusa

Cuentan los mitos de la Grecia Clásica, que Medusa (que significa “Guardiana”) fue antes que monstruo una hermosa doncella y sacerdotisa del templo de Atenea, hasta que fue poseída por Poseidón, en el mismo templo, lo que enfureció a la diosa, que transformó el hermoso cabello de la joven en serpientes. Luego vino Perseo y la decapitó.

Las leyendas hay que saber interpretarlas, pero parece que Medusa, entre la transformación que hizo de ella Atenea y que Perseo acabara con ella, debió picar y/o petrificar a mucha gente (con el pelo hecho de serpientes o con su mirada mágica) para ganarse de cierta mala fama. Y eso que cuando la mataron estaba aún embarazada –dicen –del dios del mar, Poseidón.

Las medusas –que por algo toman nombre de la infortunada sacerdotisa –son animales marinos del filo Cnidaria (antes celentéreos); pelágicos, de cuerpo gelatinoso, con forma de campana de la que cuelga un manubrio tubular, con la boca en el extremo inferior, a veces prolongado por largos tentáculos con células urticantes llamados cnidocitos.

Aparecieron hace unos 500 millones de años en el Cámbrico y reaparecen cada verano y cada vez con más frecuencia en nuestras playas, originada esa mayor frecuencia por la desaparición de sus predadores naturales que son las tortugas marinas, principalmente. Es decir, que cuando nos piquen podemos preguntarnos si no hemos contribuido contaminado el mar.

La extremidades urticantes de las medusas son capaces de generar graves picaduras al rozar con sus tentáculos, lesiones que pueden adoptar la forma de una picadura puntual, en forma de ampolla o incluso una picadura en forma de ‘latigazo’, si el contacto con el tentáculo fue más longitudinal (observando ese ‘lagitazo’ se ven múltiples micro picaduras que lo dibujan).

Para desplazarse por el agua se impulsa por contracciones rítmicas de todo su cuerpo; toma agua, que se introduce en su cavidad gastrovascular y la expulsa, usándola como «propulsor». Muchos cnidarios tienen una alternancia de generaciones, con pólipos sésiles que se reproducen asexualmente y medusas pelágicas que llevan a cabo la reproducción sexual.

Solo los antozoos carecen de forma medusa; las otras tres clases de cnidarios (hidrozoos, escifozoos y cubozoos) poseen forma pólipo y forma medusa; dichas medusas presentan características distintivas en las tres clases, de modo que se puede hablar de hidromedusas, escifomedusas y cubomedusas respectivamente.

Las medusas poseen tentáculos formados por células urticantes, o nematocistos, que usan para capturar presas y como forma de defensa. Estas células contienen una cápsula con un filamento tóxico (venenoso). Al contacto con una presa, los filamentos se eyectan e inyectan veneno. Los tentáculos de medusas muertas pueden envenenar por varias semanas.

La toxicidad de la picadura de la medusa varía según la especie. La mayoría de las medusas que encuentran los bañistas provocan picaduras dolorosas y con una sensación de ardor, pero pasajeras. Sin embargo, se aconseja a los bañistas inmediatamente salir del agua, porque existe la posibilidad de padecer un shock anafiláctico y ahogarse.

Las picaduras de la medusa fisalia, también llamada carabela portuguesa (Physalia physalis) y ortiga de mar (Chrysaora quinquecirrha) rara vez son mortales. Las picaduras de la medusa avispa de mar (Chironex flecheri, Chiropsalmus quadrigatus) pueden causar la muerte en minutos. Algunos peces como el «chicharro» son inmunes al veneno de las medusas. Esos peces han aprendido a usar a las medusas como escondite a los posibles predadores.

Medusas de los géneros Cyanea y Physalia llegan a tener tentáculos de hasta 40 metros, en los cuales algunos peces se refugian. Pero en contacto con el hombre, se pueden producir ciertas reacciones alérgicas que podrían causar la muerte.

Según el estudio “Toxicidad por picadura de medusas” de los especialista s J.M. Gilia y S. Noguéb, del Institut de Ciències del Mar (CSIC, Barcelona) y de la Unidad de Toxicología Clínica. Hospital Clínic. (Barcelona. España), “las medidas preventivas son las más eficaces, especialmente para los grupos de mayor riesgo”.

“En estos últimos –añaden – debemos destacar las personas con antecedentes de problemas alérgicos, cardiovasculares o asmáticos.” Según estos mismos especialistas un punto de referencia a tener en cuenta para todos los casos es el tamaño de la superficie corporal que ha recibido el impacto de los cnidocistos.

Las zonas de piel más fina o menos curtida son las más sensibles, especialmente los ojos. Los niños, las mujeres y, finalmente, los varones adultos son, en este orden, los que tienen de mayor a menor riesgo de intoxicación con una misma cantidad de cnidocistos en la piel. Cualquier barrera natural para evitar el contacto de la piel con la medusa será aconsejable.

Explican especialistas Gilia y Noguéb: “Las cremas solares, la vellosidad y la superficie cubierta por el bañador son medidas preventivas excelentes”. Una vez se ha producido la picadura, hay que procurar no rascarse –añaden –ni frotar sobre la zona en la que se nota la molestia. No hay que lavarse con agua dulce, pese a que esa sería una tentación lógica. Sucede, si se lava con agua dulce la picadura que acaba de producir una medusa en la piel, que el cambio osmótico hace que se disparen más cnidocistos. Esa limpieza es posible, pero con agua salada. No debe secarse la piel con toallas ni utilizar arena. Hay que aplicar lo antes posible compresas frías durante 5-15 min. Se pueden preparar estas compresas con una bolsa de plástico llena de hielo, y no se debe aplicar la pieza de hielo directamente sobre la piel, ya que haría el mismo efecto que el agua dulce. La aplicación de compresas calientes está contraindicada, ya que el calor favorece la absorción sistémica del veneno, aconsejan los autores de este trabajo. Y añaden Gilia y Noguéb : En algún caso se han eliminado eficazmente los cnidocistos no visibles a simple vista, con una cinta adhesiva o un esparadrapo que se pasa por la zona herida y luego se levanta. Con las medidas aplicadas con prontitud, más o menos en el plazo de la hora posterior a la incidencia, se puede solucionar más de un 90% de casos en la playa.

Si las molestias continúan, y si especialmente éstas generan temblores, náuseas, mareos o dolor intenso, se deberá administrar antihistamínicos, al igual que si hay urticaria. Si lo que se aprecia es urticaria papular, es aconsejable aplicar corticoides sistémicos. Para estos tratamientos hay que ponerse en manos de un profesional sanitario.

Se pueden administrar analgésicos –señalan los especialistas –en caso de que el dolor persista. En pacientes con una respuesta compleja o complicada se ha sugerido la aplicación de profilaxis antitetánicas, o antibióticos sistémicos si hay signos de infección secundaria. La inmovilización de estos pacientes ayuda a desacelerar la absorción del veneno hacia el sistema sanguíneo.

Las medusas llegan a nuestras playas debido a fenómenos oceanográficos y climatológicos naturales que no se pueden evitar. Las medusas nunca atacan a las personas y las incidencias se producen por simple contacto con los tentáculos o trozos de éstos. El uso masivo y más continuado de las playas ha hecho que los incidentes con medusas se hayan incrementado.

Este aumento ha llegado a ser tal en los últimos años, hasta el punto de representar más del 50% de todas las incidencias en las playas según los datos disponibles de la Cruz Roja. De alguna manera es karma, ya que las medusas proliferan por la ausencia de las tortugas marinas, muertas a gran escala por la contaminación del mar, especialmente con plásticos.

Diferentes medusas, diferentes picaduras, diferentes síntomas: La picadura de Carabela portuguesa genera dolor abdominal, cambios en el pulso, dolor en el pecho, desmayo, dolor de cabeza, dolores y espasmos musculares, entumecimiento y debilidad. Dolor en brazos y piernas, mancha roja y elevada donde ocurrió la picadura, rinorrea y ojos llorosos, dificultad para deglutir, sudoración.

La avispa de mar produce dificultad para respirar, náuseas y vómitos, hinchazón y dolor intensos, latidos cardíacos lentos, muerte del tejido cutáneo. La Melena de león genera dificultad respiratoria, calambres musculares, ardor y formación de ampollas en la piel. La ortiga de mar ocasiona erupción cutánea leve, calambres musculares y dificultad respiratoria.

Según profesionales sanitarios de la prestigiosa Clínica Mayo, el tratamiento de las picaduras de medusa comprende cuidados de primeros auxilios y tratamiento médico, en función del tipo de medusa, la gravedad de la picadura y tu reacción a ella.

La mayoría de las picaduras de medusas se pueden tratar de la siguiente manera: Con cuidado, hay que arrancar los tentáculos visibles con unas pinzas finas.

Luego, remojar la piel en agua caliente (de 43 a 45 °C). Para saber que la temperatura es la adecuada, probar el agua en la mano o el codo de una persona no lesionada: debe sentir calor, no quemarse. Hay que mantener la piel afectada sumergida o en una ducha caliente durante 20 a 45 minutos.

Según los expertos de la Clínica Mayo, estas acciones no dan resultado o no está demostrado que lo den: Quitar los aguijones, enjuagar con agua de mar (pese a los consejos de los dos expertos antes mencionados) enjuagar con orina humana, aplicar ablandador de carne, aplicar alcohol, etanol o amoníaco, frotar con una toalla o colocar vendas de inmovilización a presión. Si el caso se complica –siguiendo con los consejos de los expertos de la Clínica Mayo – puede ser necesario un tratamiento médico e incluso de urgencia.

Una persona con una reacción grave a una picadura de medusa puede necesitar reanimación cardiopulmonar (RCP), soporte vital o, si la picadura corresponde a una cubomedusa, el antídoto contra el veneno. Una erupción cutánea u otra reacción de la piel debido a una hipersensibilidad retardada – añaden los especialistas de la Clínica Mayo –pueden tratarse con antihistamínicos orales o corticoesteroides. También te pueden dar analgésicos por vía oral. Cuanto más se complique el proceso más necesario será la participación de un profesional médico.

Es el caso de una picadura de medusa en un ojo o en la zona que lo rodea que, advierten estos especialistas, requerirá una atención médica inmediata para controlar el dolor y realizar un profundo enjuague del ojo. Probablemente te atienda un médico que se especializa en la atención médica de los ojos (oftalmólogo).

A pleno día y con alevosía

Jaume Orfila
Asesor Científico de Salut i Força

Cuando menos te lo esperas, mientras estas disfrutando de un refrescante y reconfortante baño de mar, las medusas rozan sus invisibles y largos tentáculos con nuestra piel. Dejan una marca inmediata de su osada acción. De hecho, su picadura provoca una lesión directa que se magnifica con la propia reacción del organismo.

Es el propio sistema inmunológico, al intentar defenderse de tan intensa y dolorosa agresión el que descarga sustancias vasoactivas que contribuyen a las llamativas marcas cutáneas delatoras del incidente. La respuesta es doble, directa por la toxinas e indirecta por la reacción el sistema inmune.

No es para menos. Las toxinas de las medusas están compuestas por singulares elementos proteicos muy tóxicos que producen una intensa reacción local.

En ocasiones, los efectos son sistémicas. En determinados casos, el ímpetu de la picadura y de sus tóxicos provocan una intensa y gran tormenta, que afecta a todo el organismo. En estas situaciones se puede llegar a producir un shock anafiláctico, acompañado de un edema agudo de pulmón, peligrosas arritmias cardiacas y severas lesiones neurotóxicas.

En los casos más desgraciados no son extraños, en su evolución que produzcan un fracaso renal agudo y la destrucción intravascular de los glóbulos rojos.

La gravedad de las lesiones es multifactorial. Depende de la especie causante, de la duración de la picadura y de la intensidad del contacto. Influyen también el peso y la edad del afectado, la superficie lesionada, la localización de la picadura y la rapidez y la eficacia de las primeras curas.

Sin embargo, hay que recordar que son uno de los accidentes más habituales en las costas. Las medusas se trasladan siempre en gran número, arrastradas por los vientos y las corrientes marinas. Se incrementan con el aumento de la temperatura del mar y por la sobrepesca de los depredadores naturales por la sobrepesca.

Sin embargo, la práctica totalidad de los casos se resuelven en el entorno marino con curas tópicas al abasto de los socorristas y de forma rara y muy excepcional tienen consecuencias serias. Buen baño.

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