¿Que hacer cuando todo el día se queja “sin motivo”?

Joan Carles March
Profesor de la Escuela
Andaluza de Salud Pública

Que alguien pase por un dolor físico o emocional concreto y se queje de ello es completamente normal y, además, saludable.

Las exclamaciones de insatisfacción, en estos casos, ayudan a liberar parte de la carga que supone la situación. Son la expresión de la aflicción por una realidad que se escapa de las manos y frente a la cual, no queda más recurso que el lamento.

Sin embargo, existe la incesante manía de quejarse, la parte más negativa de todo esto. Todos tenemos un/a compañero/a de trabajo que se queja todo el día. El clima, la vida, el trabajo, los compañeros o la película que vio ayer, puede ser un motivo para que estas personas estén en profundo desacuerdo con muchas de las personas de su entorno e incluso con ellas mismas. Si bien hay personas que sólo lo hacen por cuestionar y aportar elementos para la mejora, hay otras que se pasan vomitando palabras de negatividad y odio. La incesante manía de quejarse no solo afecta a las personas que se quejan, sino también a su entorno. De hecho, quejarse se convierte para algunas personas en un verdadero deporte.

Siempre he pensado en la necesidad de cuestionar para avanzar; he propuesto que los trabajadores participen en aspectos que son importantes como única manera de conseguir el éxito; creo que para cambiar es necesario recibir propuestas de mejora. Sin embargo, este planteamiento se basa en la necesidad de verlo desde una perspectiva positiva y abierta al cambio.

Estar en contacto con una persona negativa por más de 30 minutos provoca que las neuronas del hipocampo cerebral se despeguen y es, precisamente esta parte del cerebro la que se necesita para resolver los problemas, por lo que comenzamos a pensar que todo se está volviendo un desastre.

Perfil de la persona que se queja mucho:

• Viven renegando de la vida que llevan

• Siempre quieren hacerse las víctimas

• Se quejan porque sí y porque no y, sobre todo, nunca hacen nada para cambiar lo que tanto les atormenta.

• A pesar de que al principio nos parece normal, con el paso del tiempo nos vamos dando cuenta de que, más que por una situación difícil, la queja es un hábito que forma parte de la persona.

• La queja pasa a ser un acto consciente o inconsciente, con el cual el quejumbroso trata de generar culpa, compasión o solidaridad, casi siempre para no asumir sus propias responsabilidades.

• Nos hacen sentir que es nuestra obligación ayudarles a resolver sus problemas o, por lo menos, ser su paño de lágrimas en todo momento.

Los siguientes consejos nos pueden ayudar para que sepamos qué debemos hacer si a tenemos a nuestro lado a una persona negativa:

1. Tomar distancia: Lo primero que es importante hacer es huir de esa persona. Es necesario tomar distancia y mantener a las personas negativas lo más lejos posible. Estas personas tienen el don de convertir un día normal en uno terrible. Además se están llevando toda la energía que podríamos gastar haciendo planes o relajándonos contemplando un hermoso paisaje.

2. Establecer límites: Con calma, respeto y equilibrio es necesario poner límites a las personas que con algunas de sus afirmaciones siempre intentan hacer daño.

3. Pedir una solución por favor: Por cada mínimo problema, esta persona hará una tormenta en un vaso de agua. Por ello, lo mejor que podemos hacer es pedirle una solución al respecto. Decirles que deben arreglar ese problema para que así, en vez de estar quejándose todo el tiempo, busquen por sí mismos una forma de solucionar lo que tanto les aqueja.

4. Demostrarle que el problema es suyo: Detrás de una persona negativa a veces encontraremos derrota y escaso valor por disfrutar de las cosas positivas de la vida. Cuando haga comentarios negativos comenzar a sonreír y comentar que, a veces, “solo las personas positivas consiguen cosas y aprecian la vida”.

5. Respirar: Para que la energía negativa no llegue a nuestro cuerpo inhalar profundo y exhalar todo ese sentimiento tóxico. Con el oxígeno circulando por nuestro cuerpo comenzaremos a producir endorfinas y por ende, felicidad.

En definitiva, el hábito de quejarse contamina a los demás. Quejarse por nada, sin motivo, es una contaminación invisible, pero es dañina emocional y mentalmente.

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