Son Espases incorpora la técnica del ganglio centinela para evitar secuelas por extirpación del cáncer de mama

Juan Riera Roca / El Hospital Universitario Son Espases ha incorporado la técnica de localización del ganglio centinela, que se aplica en pocos centros hospitalarios de Europa, cuyo objetivo es evitar la aparición del linfedema, uno de los posibles efectos secundarios de la extirpación de los ganglios axilares de las pacientes con cáncer de mama, que provoca la acumulación de líquido en el brazo y limita su funcionalidad.

El Hospital ha impulsado en el último año la técnica del marcaje del ganglio positivo antes de iniciar la el tratamiento con quimioterapia, previamente a la intervención quirúrgica de resección de las zonas afectadas. Así se puede saber si el ganglio ha tenido una buena respuesta al tratamiento y, si es así, se extirpan el ganglio marcado y el centinela, que en algunas ocasiones es el mismo.

Hasta ahora, esta técnica se ha aplicado a seis casos, en tres de los cuales se ha evitado vaciar el ganglio axilar (linfadenectomía). Para aplicar esta técnica intervienen diferentes especialistas de la Unidad Funcional de Cáncer de Mama de Son Espases y de diversos servicios del Hospital: Anatomía Patológica, Cirugía Plástica, Ginecología, Medicina Nuclear, Oncología y Radiología.

El cáncer de mama es el tipo de cáncer más frecuente entre las mujeres españolas, pero gracias a las innovaciones en el diagnóstico y en el tratamiento, actualmente más del 80% de las pacientes sobreviven diez años después del diagnóstico. Sin embargo, se siguen haciendo esfuerzos para mejorar estas cifras y para reducir las secuelas que los tratamientos provocan, con el objetivo de curar y mejorar la calidad de vida.

La biopsia de ganglios centinelas es un procedimiento quirúrgico que se utiliza para determinar si el cáncer se ha diseminado fuera del tumor principal hacia el sistema linfático. Se utiliza con mayor frecuencia para evaluar el cáncer de mama y el melanoma. Los ganglios centinelas son los primeros ganglios linfáticos hacia los que drena un tumor, según informan fuentes de la Clínica Mayo, de EEUU.

La biopsia de ganglios centinelas supone ―según estas mismas fuentes― la inyección de un marcador radioactivo que ayuda al cirujano a encontrar los ganglios centinelas durante la cirugía. Los ganglios centinelas se extraen y se analizan en un laboratorio. Si los ganglios centinelas no tienen cáncer, entonces es probable que el cáncer no se haya diseminado, y no es necesario extraer más ganglios linfáticos.

Si una biopsia de ganglios linfáticos centinelas demuestra que hay cáncer, el médico podría recomendar extraer más ganglios linfáticos. Independientemente de la mayor gravedad o no del problema oncológico, se puede producir, si se eliminan muchos o todos los ganglios del brazo, un problema que se conoce como linfidema, y que es, precisamente una de las cosas que se quieren evitar.

El linfedema se produce cuando el sistema linfático no es capaz de drenar la linfa y provoca una hinchazón por acumulación de líquido en los tejidos blandos del cuerpo. La linfa es un líquido formado por proteínas, agua, hidratos de carbono y células que ayudan a combatir enfermedades e infecciones. Los brazos que sufren una reducción del drenaje linfático pueden sufrir por esa causa graves hinchazones.

Tras un cáncer de mama tratado con cirugía en la axila para extirpar los ganglios o nódulos linfáticos, existe un riesgo de desarrollar linfedema de hasta un 10%, según fuentes de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). Si además de la cirugía, se recibe radioterapia en la axila el riesgo se incrementa hasta el 20-25%. Los ganglios linfáticos que han quedado tras la intervención se alteran aún más con la radiación.

El linfedema no suele desarrollarse de forma brusca, por lo que los primeros síntomas pueden ser la sensación de pesadez en el brazo o endurecimiento de algunas zonas del mismo, principalmente de aquellas que soportan una presión como la cara anterior del brazo y la región del codo. Posteriormente se aprecia aumento del diámetro del brazo y, en ocasiones, dolor y dificultad en la movilización.

El aumento del perímetro del brazo conlleva un cambio en la apariencia física al que habrá que adaptarse. Estos cambios pueden afectar negativamente al estado de ánimo y la autopercepción y a la forma de relacionarse con los demás, pudiendo deteriorarse la calidad de vida. De ahí la importancia de acudir al seguimiento que tanto el oncólogo como el fisioterapeuta pauten.

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