Reducir el riesgo de rechazo a largo plazo es el gran reto pendiente en los trasplantes de hígado y riñón: Entre el 4 y el 5% de los injertos se pierden, uno o dos años después del implante

Juan Riera Roca /
A pesar de los avances de los últimos años y de la disminución de la tasa de rechazos, el trasplante de hígado y riñón todavía tiene importantes retos a superar. Estos retos han sido el foco de atención de la III edición del Clinical Transplantation Day, tratados recientemente por científicos especialistas en la materia.

Es un encuentro de referencia organizado gracias a una beca no condicionada del Grupo Chiesi y al que han asistido más de 200 expertos internacionales, tratando aspectos como que entre el 4 y el 5% de los injertos se pierden anualmente pasado el primer y el segundo año del trasplante

«Aunque el eterno sueño es la tolerancia, es decir que la inmunosupresión fuera innecesaria para evitar el rechazo de los órganos trasplantados, el objetivo actual debe ser conseguir que en el largo plazo los pacientes requieran dosis inferiores o más simples para seguir manteniendo el injerto sin riesgo al rechazo».

Son palabras del Dr. Josep M. Grinyó, miembro del comité científico del Clinical Transplantation Day y consultor, senior del servicio de Nefrología del Hospital Universitario de Bellvitge, además de catedrático de la Universidad de Barcelona. El Dr. Grinyó asegura que «la mejora cada vez se hace más difícil».

Y ello es «a pesar de los retos y necesidades no totalmente satisfechas que todavía persisten. Hay muchos medicamentos actualmente en investigación para mejorar la inmunosupresión pero es difícil superar los resultados actualmente alcanzados», añade el experto, que ha sido uno de los protagonistas de este encuentro científico.
Una simplificación o reducción individualizada del tratamiento inmunosupresor según biomarcadores sensibles y específicos en diferentes momentos del trasplante podría redundar en una menor comorbilidad derivada del tratamiento inmunosupresor crónico, dice otro experto al respecto del problema tratado.

Ello debería ayudar a mantener una correcta preservación de la función renal del injerto y además, facilitando una mejor adherencia al tratamiento inmunosupresor, según el Dr. Oriol Bestard, jefe de la Unidad de Trasplante renal del Hospital Universitario de Bellvitge (Barcelona) , otro de los ponentes en el Clinical Transplantation Day.

La inmunosupresión que reciben los pacientes trasplantados renales consta de una combinación de varios fármacos que deben ser tomados a diario y para siempre y que actualmente se indican de la misma forma a todos los pacientes trasplantados, sin realmente individualizar ese tratamiento.

No se personaliza la necesidad de cada pacientes a recibir mayor o menor cantidad y combinaciones de tratamientos, explica el Dr. Bestard. «Cada vez conocemos mejor la respuesta inmunológica del organismo que se produce en todos los pacientes tras un trasplante», dice el experto. Y añade:

«Por tanto este conocimiento, debe ahora trasladarse en marcadores no invasivos que nos permita individualizar las estrategias terapéuticas para cada paciente que va a recibir un trasplante». Los avances registrados en los últimos años han favorecido que en la actualidad los rechazos sean inferiores al 15%.

De estos revierte el 85% al aplicar el tratamiento antirechazo, concreta el Dr. Grinyó. Al final, «son un 4-5% los injertos que se pierden pasado el primer o el segundo año tras el trasplante». Los efectos del tratamiento inmunosupresor han sido otro de los grandes retos pendientes en inmunosupresión tratados en el encuentro.

Los principales efectos adversos son mayor caída de las defensas, mayor riesgo de contraer enfermedades infecciosas, mayor riesgo cardiovascular y mayor riesgo de padecer cáncer, razones de más para que se continúe trabajando en la mejora de los fármacos y en el sueño de que no se produzca el rechazo ya de base.

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