Son Dureta, un paso decidido y valiente

La presidenta del Govern, Francina Armengol, anunció, hace justo una semana, una de las noticias más esperadas de los últimos tiempos: la presentación del proyecto de reconversión del antiguo Hospital Son Dureta, que se transformará en un espacio de atención integral y de calidad para pacientes con enfermedades crónicas y para sus cuidadores, así como para la atención a la dependencia.

La presidenta otorgó así carta de oficialidad al compromiso que asumió en el último debate sobre el Estado de la Comunidad, y ofreció los principales detalles de una actuación ciertamente emblemática y ambiciosa.

No en vano, el proyecto permitirá disponer de tres edificios que ocuparán 76.000 metros cuadrados, con una previsión de 450 camas destinadas a pacientes con enfermedades crónicas y 120 plazas residenciales para personas mayores en situación de dependencia.

Según una primera valoración inicial, el presupuesto se acercará a los 120 millones de euros, si bien, como la propia presidenta aclaró, la actuación se desarrollará en diferentes fases y a largo plazo, y en ningún caso en una sola legislatura.

Desde que el antiguo edificio de Son Dureta cerró sus puertas para trasladar sus servicios al nuevo hospital Son Espases, los ciudadanos de las Islas Baleares hemos pagado unos 5 millones de euros para costear el mantenimiento del viejo recinto.

Ahora, al fin, el Gobierno ha dado un paso decidido y valiente para invertir los recursos de todos en un proyecto útil que la sociedad balear necesita con urgencia, ya que el progresivo envejecimiento de la población y el aumento de las enfermedades crónicas exige crear los equipamientos que se precisan para atender esta creciente demanda asistencial Aun así, causa cierta pena, por no decir rabia, que en Balears hallemos tantas dificultades a la hora de unir fuerzas para perseguir un objetivo común. Lo hemos vivido en el caso de la facultad de Medicina, y ahora estas mismas dificultades vuelven a hacerse patentes en el tema de Son Dureta.

De principio, parece que nadie debería cuestionar la necesidad de una actuación de esta magnitud en unas islas que, al igual que ocurre en el resto de sociedades occidentales, van envejeciendo progresivamente y que, por tanto, acogen cada vez más diagnósticos de patologías crónicas.

Pero, incluso así, no han tardado en surgir las voces discrepantes, asegurando que el proyecto es demasiado caro y que, además, la financiación no está garantizada.

¿Quizás los que así se expresan consideran más rentables, social y económicamente, los 5 millones de euros que ha costado hasta ahora mantener cerrado y sin actividad el recinto del antiguo Son Dureta? Está claro que ahora mismo la partida de 120 millones de euros que se prevé necesaria para llevar a cabo la construcción del centro no está consignada. Y seguirá sin estarlo a menos que la Administración del Estado no se implique activamente, rehuyendo partidismos, ansias de protagonismo y rivalidades políticas.

Esta debería ser la reclamación que compartiéramos todos los ciudadanos de Balears, la de exigir una mejor financiación para nuestras islas con la finalidad de hacer viables proyectos tan urgentes y necesarios, a la par que costosos, como el de Son Dureta.

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