Cáncer de mama: cuestión de cogerlo a tiempo como clave para sobrevivir

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Juan Riera Roca /
El cáncer de mama es una proliferación maligna de las células que revisten los conductos o lobulillos mamarios. El tumor resultante, que comienza como anomalía leve, pasa a ser grave, invade tejidos vecinos y, finalmente, se propaga a otras partes del cuerpo y puede acabar en fallecimiento, aunque si se detecta a tiempo el pronóstico es muy bueno.

Existen dos tipos principales de cáncer de mama. El carcinoma ductal infiltrante comienza en los conductos que llevan leche desde la mama hasta el pezón y el más frecuente (80%).

El segundo lugar lo ocupa el carcinoma lobulillar infiltrante (10 a 12 % de los casos), que comienza en partes de las mamas llamadas lobulillos, que producen la leche.

Los principales factores de riesgo de contraer cáncer de mama – aunque no se han llegado aún a conclusiones determinantes –incluyen una edad avanzada, la primera menstruación a temprana edad, edad avanzada en el momento del primer parto o nunca haber dado a luz, antecedentes familiares de cáncer de mama (muy a tener en cuenta).

También, el hecho de consumir hormonas tales como estrógeno y progesterona, consumir licor y ser de raza blanca. Entre 5 a 10 % de los casos, el cáncer de mama es causado por mutaciones genéticas heredadas. Si se detectan los genes que lo determinan se llega a aconsejar la mastectomía preventiva doble.

El cáncer de mama es el tumor más frecuente en las mujeres occidentales. En España se diagnostican alrededor de 25.000 nuevos cánceres de mama al año (Situación del cáncer en España 2014). Son datos de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) respecto a la totalidad de España que han sido también estudiados para Baleares.

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CADA VEZ MÁS MUJERES JÓVENES

El prestigioso médico e investigador Javier Cortés, miembro del Consejo Ejecutivo Nacional de la AECC y presidente de esta entidad en Baleares, ha señalado recientemente que “llevamos tiempo recogiendo esa sensación generalizada de que cada vez hay más mujeres menores de 45 años con cáncer de mama” La incidencia de cáncer de mama empieza a incrementarse a partir de 35, es unas tres veces más frecuente a partir de los 50 y a los 55 de estabiliza.

La tendencia de incidencia ha sufrido un cierto incremento en los últimos años, y este incremento ha sido similar en todos los grupos de edad, no se ha producido solo en las mujeres más jóvenes.

Afortunadamente, el cáncer de mama es uno de los tumores con mejor pronóstico y mayores índices de supervivencia y cronificación. La supervivencia aumenta un 1,4% cada año y su tasa se sitúa cerca del 83% a los cinco años del diagnóstico. Tres de cada cuatro casos son diagnosticados en estadios iniciales y sólo un 4% presenta metástasis.

Desde la AECC se advierte que una de cada ocho mujeres tendrá cáncer de mama a lo largo de su vida. Y para ayudarlas se dispone de una serie de servicios y programas para la atención integral de las personas con cáncer de mama, el principal de los cuales es la información.

El cáncer de mama es grave, pero se puede curar si se detecta a tiempo. El cáncer de mama –siempre según datos de la AECC –es el tumor maligno que se origina en el tejido de la glándula mamaria.

Cuando las células tumorales proceden del tejido glandular de la mama y tienen capacidad de invadir los tejidos sanos de alrededor y de alcanzar órganos alejados e implantarse en ellos, hablamos de cáncer de mama.

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DE LA MAMA A OTROS LUGARES

Este tumor puede crecer de tres maneras. El crecimiento local se da cuando el cáncer de mama crece por invasión directa, infiltrando otras estructuras vecinas como la pared torácica (músculos y huesos) y la piel. La diseminación linfática se da a través de la red de vasos linfáticos que posee la mama.

Los ganglios situados en la axila (axilares) son los más frecuentemente afectados, seguidos de los situados en la arteria mamaria interna (zona central del tórax) y los ganglios supraclaviculares (encima de la clavícula). La diseminación hematógena se realiza a través de los vasos sanguíneos preferentemente hacia los huesos, pulmón, hígado y piel.

Ante una sospecha de que una mujer pueda sufrir un cáncer de mama (síntomas detectados en la historia clínica, palpaciones que detecten un nódulo, una revisión médica) el especialistas pondrá en marcha una serie de pruebas diagnósticas, entre las cuales las más habituales son diversas y comienzan por el análisis de sangre y orina.

Se realiza un hemograma, para ver el estado de las células de la sangre, bioquímica renal y hepática para conocer la función de los riñones e hígado y determinación de iones, como el calcio. También pueden determinarse la presencia de unas proteínas llamadas Marcadores Tumorales.

LA MAMOGRAFÍA

La mamografía es la exploración más eficaz para detectar precozmente los tumores malignos de mama. Consiste en la realización de una radiografía especial de las mamas con un aparato de rayos X diseñado para tal fin llamado mamógrafo, capaz de detectar el cáncer de mama incluso en etapas muy precoces de su desarrollo.

Si se detecta una imagen sospechosa de malignidad, el médico solicitará más pruebas de imagen para conocer la naturaleza de la lesión (ecografía, resonancia nuclear magnética) y/o la realización de biopsia.

En la mamografía se pueden apreciar una serie de signos que indican, con bastante precisión, si la lesión es sospechosa de malignidad o no.

Entre ellos destacan las calcificaciones que aparecen como pequeñas manchas blancas en las radiografías.

Las muy pequeñas se llaman microcalcificaciones y pueden aparecer aisladas o en grupo. Significa que hay cambios en la mama que requieren una vigilancia. Las calcificaciones pueden corresponder normalmente a tumores benignos. También pueden verse masas que pueden corresponder a lesiones benignas, como es el caso de un fibroma, o malignas.

Los quistes (raramente malignos) son una colección de líquido en el seno de un pequeño saco dentro de la mama. Todo ello permitirá al médico seguir avanzando y probablemente pida que se realice una ecografía.

En todos los casos el radiólogo evaluará la probabilidad de que las imágenes correspondan a una lesión benigna o maligna, así como la necesidad de completar el estudio con otras pruebas o repetir la mamografía pasado un tiempo. En el caso de observarse masas, las pruebas complementarias.

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OTRAS PRUEBAS

Las más habituales son la ecografía, la punción aspiración con aguja fina (PAAF), la biopsia con aguja gruesa (BAG) (puede ser por esterotaxia) o la bioposia quirúrgica (menos frecuente en la actualidad).

Las microcalcificaciones se valoran mediante biopsia asistida por vacío (BAV). En el caso de mamas densas también se realiza una resonancia.

Una vez que se ha confirmado el diagnóstico de cáncer de mama –siempre siguiendo con los datos y recomendaciones ofrecidas por la AECC –y se han realizado las pruebas necesarias para conocer en qué fase está la enfermedad, se debe determinar cuál es el tratamiento más adecuado para cada paciente.

El tratamiento del cáncer de mama, como ocurre en la mayoría de los tumores, es multidisciplinar.

Distintas especialidades trabajan juntas para combinar terapias y ofrecer al paciente las mayores posibilidades de curación. Se sigue un protocolo que recoge las indicaciones o limitaciones del tratamiento en función de los siguientes factores: Edad del paciente; estado general; estado hormonal (premenopausia, menopausia); localización del tumor; fase o estadio en la que se encuentra la enfermedad (TNM); receptores hormonales del tumor; grado de las células; positividad para algunos factores biológicos (por ejemplo Her2).

Probablemente, el médico también tendrá en cuenta si además del cáncer de mama, existen otras enfermedades importantes que puedan dificultar la realización de algún tratamiento específico. Por tanto, el tratamiento propuesto por el especialista no va a ser el mismo en todos los pacientes.

TIPOS DE TRATAMIENTOS

El tratamiento local se refiere al tratamiento dirigido al tumor en su lugar de origen o en alguna localización determinada. La cirugía y la radioterapia son ejemplos de ello. El tratamiento sistémico afecta a todo el organismo.

La quimioterapia y la hormonoterapia son tratamientos sistémicos. Tratamiento adyuvante es sistémico y/o local administrado tras el primer tratamiento. El objetivo es profiláctico, tanto a nivel sistémico como local, es decir, reducir el riesgo de recidiva del cáncer de mama. Tratamiento Neoadyuvante: consiste en administrar un tratamiento sistémico antes de un tratamiento local para reducir el tamaño del tumor antes de la cirugía.

El tipo de cirugía dependerá del tamaño, localización y extensión del tumor. Cuando se extirpa sólo el tumor se llama tumorectomía.

Cuando lo que se extirpa es el cuadrante donde se localiza el tumor, hablamos de cuadrantectomía. Cuando se extirpa la mama entera, se denomina mastectomía.

La cirugía conservadora consiste en la extirpación del tumor con un margen de tejido mamario sano, más o menos amplio, manteniendo intacto el resto de la mama. Puede ser una tumorectomía (extirpación del tumor y un margen de tejido sano), o una cuadrantectomía (extirpación de un cuadrante de tejido mamario en el que se incluye el tumor).

La cirugía conservadora siempre se ha de complementar con un tratamiento de radioterapia, con el objetivo de destruir las células tumorales que puedan quedar en la mama. En caso de que la paciente necesite tratamiento adyuvante con quimioterapia, la radioterapia puede ser necesario aplazarla.

TIPOS DE CIRUGÍAS

La realización de la cirugía conservadora, depende de una serie de factores como es la localización del tumor, el tamaño de las mamas, la estética tras la intervención, etc. El cirujano, junto con el paciente, valorará esta posibilidad. La tendencia actual es que cada vez se emplee más la cirugía conservadora para el tratamiento del cáncer de mama.

La Mastectomía consiste en la extirpación de toda la mama. En la mastectomía radical modificada (la más utilizada) se extirpa la mama. La mastectomía radical se extirpa la mama, de los músculos pectorales y de los ganglios axilares.

Esta técnica se utilizaba mucho en el pasado, pero no en el momento actual.

Sea cual sea el tipo de intervención, debe realizarse la valoración del estado de los ganglios axilares. Dependiendo del estado clínico de la axila se realizará una biopsia selectiva del ganglio centinela (muy frecuente en la actualidad) o una linfadenectomía. El paquete ganglionar axilar es grande. Se suelen extirpar entre 10 y 40 ganglios linfáticos.

La detección del ganglio centinela es una técnica, cada vez más empleada, cuyo objetivo es identificar el ganglio axilar sobre el que, en primer lugar, drena la mama. Si este ganglio está afectado por el mismo, en general es necesario realizar un estudio del resto de los ganglios de la axila. Si no está afectado no se puede realizar linfadenectomía.

Se efectúa mediante la inoculación (inofensiva) de un marcador tumoral radiactivo que señala el posible camino que haya podido seguir el desarrollo cancerígeno originado en el tumor mamario hacia otros puntos del cuerpo a través de los ganglios axilares.

Puede determinar la necesidad o no de mastectomía y facilitar el pronóstico de metástasis.

RADIOTERAPIA Y QUIMIOTERAPIA

La radioterapia se emplea siempre tras la cirugía conservadora y ocasionalmente tras la mastectomía con el objetivo de eliminar de la zona de la cirugía las posibles células tumorales que hayan podido quedar. Si tras la cirugía es necesario añadir quimioterapia, la radioterapia se administra después de la misma.

Según la finalidad con que se emplee, la radioterapia en el cáncer de mama puede ser profiláctica para reducir el riesgo de recidiva local (mama o pared) y/o regional (ganglios) o paliativa para aliviar síntomas provocados por el cáncer de mama o las metástasis.

En el cáncer de mama se utiliza tanto la radioterapia externa como la interna. La quimioterapia es una de las modalidades terapéuticas más empleada en el tratamiento del cáncer. Su objetivo es destruir, empleando una gran variedad de fármacos, las células que componen el tumor con el fin de lograr la reducción o desaparición de la enfermedad.

A los fármacos empleados se los denomina antineoplásicos o quimioterápicos. Estos fármacos llegan a prácticamente todos los tejidos del organismo y ahí es donde ejercen su acción, tanto sobre las células malignas como sobre las sanas.

Debido a la acción de los medicamentos sobre éstas últimas, pueden aparecer una serie de síntomas más o menos intensos y generalmente transitorios, denominados efectos secundarios.

La mayoría de los fármacos que se emplean en el tratamiento quimioterápico están diseñados para poder destruir las células mientras se dividen. Cuanto más rápido se dividen, más sensibles son al tratamiento. Con el tiempo, esto se traduce en una disminución del tamaño o desaparición del tumor.

PREVENIR LA METÁSTASIS

En general, en el cáncer de mama, la quimioterapia se administra tras la cirugía como tratamiento complementario, con el objeto de prevenir la aparición de metástasis (quimioterapia adyuvante). En otras ocasiones, se administra como primer tratamiento con la finalidad de disminuir el tamaño del tumor (quimioterapia neoadyuvante).

Lo más frecuente es que se administren por vía intravenosa, es decir a través de una vena. La mayoría de los pacientes con cáncer de mama no precisan ingreso hospitalario para el tratamiento como quimioterapia, lo reciben de forma ambulatoria en el hospital de día. En algunos casos, si existen complicaciones más serias, podría ser necesario un ingreso hospitalario, aunque es poco frecuente.

La quimioterapia se administra en ciclos, alternando tratamiento con descanso. Los ciclos pueden ser semanales, quincenales, trisemanales, dependiendo del tipo de fármacos a administrar. Antes de iniciar un nuevo ciclo es necesario realizar un control de sangre para asegurarse de que la quimioterapia no está dañando los riñones la sangre.

Generalmente, tras administrar el tratamiento el oncólogo remitirá al oncólogo radioterápico para realizar el tratamiento con radioterapia. Una vez finalizada la radioterapia la paciente pasará a realizarse una serie de pruebas. En el caso de la quimioterapia complementaria (adyuvante) a la cirugía la eficacia se valorará por el tiempo libre de recaída.

Los efectos secundarios de la quimioterapia son debidos a que los fármacos empleados para eliminar las células malignas son también tóxicos para las células sanas, como las de la sangre, mucosas del tubo digestivo, folículo piloso, sistema nervioso periférico etc. La quimioterapia es eficaz independientemente de la intensidad de esos efectos.

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