Espondilitis anquilosante

espondilitis-anquilosanteCuando las articulaciones de la columna vertebral se sueldan y dejan de ser flexibles

La espondilitis anquilosante es una enfermedad que pertenece a un grupo de enfermedades reumatológicas denominadas espondiloartropatias.

Dentro de este grupo encontramos la espondilitis anquilosante, artritis reactivas, artritis psoriasica, artritis de la enfermedad inflamatoria intestinal y un subgrupo como pueden ser artritis crónica juvenil y las espodiloartritis indiferenciadas.

Todas ellas comparten una serie de manifestaciones clínicas, genéticas y radiológicas, pero permiten que se distingan claramente de otras patologías inflamatorias del aparato locomotor, como puede ser la artritis reumatoide.

De la espondilitis anquilosante no se sabe exactamente qué la produce, aunque sí que la genética juega un papel importante en su aparición. Tanto es así, que los familiares de primer grado de los pacientes con espondilitis anquilosante tienen un riesgo superior de padecer la enfermedad frente a la población general.

En los últimos años se está avanzando en el conocimiento de los mecanismos que desencadenan el proceso de la patología, que afecta con mayor frecuencia a las personas que presentan en sus células un determinado antígeno como una señal específica, se denomina “antígeno HLAB27”.

Con datos de la sociedad española de reumatología, aproximadamente el 7% de la población española posee este marcador y la mayor parte de los pacientes afectados por la patología presentan el antígeno HLAB27 aunque existe un pequeño tanto por ciento de personas que pueden desarrollar la enfermedad sin la presencia del antígeno.

La espondilitis anquilosante o también Síndrome de Bechterew, es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta fundamentalmente a la columna vertebral, siempre a las articulaciones sacroiliacas y con menos frecuencia a articulaciones perífericas como el hombro, las caderas, rodillas o tobillos de forma asimétrica.

La columna vertebral constituye el pilar óseo del tronco y además se encarga de sostener el cráneo. Formada de arriba abajo por las vertebras cervicales (cuello), vertebras dorsales (donde se articulan las costillas para formar la caja torácica), vertebras lumbares y el sacro. Este, a su vez, se unirá a la pelvis por medio de las articulaciones sacroiliacas.

Las articulaciones vertebrales tienden a soldarse entre si, provocando la limitación de la movilidad (el termino anquilosante, que proviene del griego ”ankylos”, significa soldadura, fusión). Como resultado final se produce una pérdida de la flexibilidad y movilidad de la columna vertebral, quedando esta, rígida y fusionada, que influye en la biomecánica del tronco y de la caja torácica.

Además de las afectaciones articulares, ésta patología presenta afectaciones sistémicas como uveítis anterior aguda, cardiopatías (aortitis), y aunque la espondilitis anquilosante se presenta como enfermedad aislada la mayoría de las veces, en algunos casos puede asociarse con colitis ulcerosa y enfermedad de Crohn.

Es una enfermedad frecuente, ya que según los datos actuales de la sociedad española de reumatología, se calcula una incidencia de unos 7 casos nuevos por cada 100.000 habitantes al año. Es más frecuente en la raza blanca y con más incidencia en el sexo masculino, habitualmente aparece en los varones en la 3ª década de vida (entre 20-29 años). En las mujeres es menos frecuente y suele ser más leve.

Evolución y desarrollo de la enfermedad

Esta enfermedad reumática es una patología autoinmune (respuesta exagerada del sistema inmunológico), que evoluciona mediante brotes o ataques inflamatorios intermitentes de las articulaciones provocando dolores nocturnos y rigidez matutina.

Los brotes inflamatorios producen entesitis, que es la inflamación de la zona de inserción en el hueso de un músculo, un tendón o un ligamento. Los tejidos afectados son el disco intervertebral, el tejido capsular que recubre una articulación y las uniones ligamentosas.

Tras la desaparición del brote inflamatorio se forman cicatrices con tendencia anquilosante, a calcificar y a osificarse dando lugar a las fusiones óseas responsables de la rigidez.

Las consecuencias de la rigidez llevarán al aparato locomotor del paciente hacia la atrofia muscular y la inmovilidad.

Entre brote y brote inflamatorio, generalmente, el paciente suele estar sin dolor y puede mantener unas actividades de la vida diaria con cierta normalidad.

Aunque la evolución y pronóstico es variable, la enfermedad es de larga duración y hoy en día es poco frecuente que la enfermedad de la espondilitis anquilosante sea grave, que se suelden todas las vertebras quedando la persona totalmente anquilosada y rígida.

Esto es debido al diagnóstico temprano de la enfermedad que conlleva un inicio rápido de actuación de los tratamientos médicos y de las medidas rehabilitadoras.

Manifestaciones clínicas de la espondilitis anquilosante

Los primeros síntomas que refiere el paciente con espondilitis anquilosante suele ser un dolor lumbar o lumbago, que se produce por la inflamación de las articulaciones sacroiliacas y vertebras. El dolor es de tipo inflamatorio, y se manifiesta de forma engañosa, lenta y gradual, con dificultad para determinar con exactitud en el momento en que aparecen los primeros síntomas dolorosos.

Es un dolor que aparece cuando el paciente se encuentra en reposo y que mejora con la actividad física. Debido a esto, el dolor máximo se presenta durante la noche cuando el paciente lleva tiempo en la cama, con lo que suele obligar a levantarse y caminar para notar cierto alivio e incluso la desaparición del dolor.

Con la patología instaurada y el paso del tiempo, dolor y rigidez pueden progresar hacia la columna dorsal y el cuello. La fusión vertebral reduce la flexibilidad de la columna y limita sus movimientos. Esto hace que la caja torácica se vea afectada, produciéndose dolor en las uniones de las costillas al esternón y limitando la expansión normal del pecho (al respirar cuando se hinchan los pulmones) y dificultando la respiración.

En articulaciones de las extremidades inferiores pueden aparecer dolores en zonas de fijación ligamentosa y tendinosa como en los tobillos y talón en la zona de inserción del tendón de Aquiles.

Diagnóstico de la enfermedad

El diagnóstico se basa en los síntomas referidos por parte de los pacientes y en la exploración física. Lo realiza el médico especialista en reumatología mediante pruebas diferenciales.

Pruebas radiológicas de la pelvis y columna vertebral, observando cambios articulares que ha producido la inflamación sobre todo en las articulaciones sacroiliacas y vértebras lumbares.

Ylas pruebas de laboratorio mediante análisis de sangre para determinar la presencia en las células sanguíneas del antígeno HLAB27 y la intensidad del proceso inflamatorio.

Tipos de tratamiento de la espondilitis anquilosante

Tratamiento medicamentoso: el médico reumatólogo realiza un seguimiento periódico del paciente, indicando el tipo de medicación individualizado en caso de que fuese necesario, sobre todo, medicamentos antiinflamatorios (AINE), que consiguen disminuir e incluso suprimir la inflamación, aliviando el dolor que permite un descanso adecuado nocturno. En la actualidad se dispone de los llamados “tratamientos biológicos”, que son medicamentos muy potentes y dirigidos específicamente sobre los componentes de la respuesta inmunológica que están influyendo sobre la enfermedad.

El tratamiento rehabilitador es fundamental y lo más importante en el tratamiento de la espondilitis anquilosante.

La actividad física permanente mediante la realización de ejercicios físicos reglados y dirigidos por el fisioterapeuta demuestran al paciente su importancia para evitar o enlentecer el progreso de la enfermedad.

Es el caso de ejercicios de estiramientos encaminados a evitar la rigidez, ejercicios orientados a fortalecer la musculatura de la espalda, ejercicios respiratorios que permitan la expansión torácica y orientación para mantener unas posturas correctas de descanso que no favorezcan el avance de la enfermedad.

A todo esto se le suman sesiones de terapia ocupacional donde se le ofrecen ayudas técnicas que faciliten la adaptación domiciliaria y laboral. También, y dependiendo de las características individuales de los pacientes reciben asistencia mediante terapia manual y terapias físicas. La aplicación de calor y electroterapia están indicadas para la reducción de los episodios dolorosos.

Alos diferentes tratamientos asistenciales se puede añadir una práctica deportiva que permita la tonificación de la musculatura de la espalda, y que mantengan la movilidad de hombros y caderas. Es muy recomendable la natación como mejor actividad deportiva y actividades acuáticas específicas que permitan ejercitar de forma equilibrada todos los músculos y articulaciones de la espalda.

Se deben evitar deportes de contacto y colisión física por la posibilidad de traumatismo articular y desencadenar un episodio inflamatorio. Así mismo, no son recomendables deportes donde se realicen posiciones de flexión de columna como el golf.

La cirugía suele contribuir muy poco e incluso suele estar contraindicada en la espondilitis anquilosante. Sólo y de forma muy ocasional puede ser necesaria una intervención quirúrgica sobre articulaciones muy dañadas que tengan poca movilidad o un gran desgaste articular como puede ser la cadera.

Comments
  1. tomas | Responder
    • Alex | Responder

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