La fiambrera del Ib-salut

Dr. Fco. Javier Alarcón de Alcaraz Médico- Forense Especialista en Medicina Legal. @Alarconforense

Dr. Fco. Javier Alarcón de Alcaraz. Médico-
Forense. Especialista en Medicina Legal. @Alarconforense

Entre comer y que te coman hay alguna diferencia que no sólo tiene que ver con el juego del parchís. Y usted, paciente y lector, sabe que aunque ambas opciones parezcan excluyentes no siempre lo son.

Es. Está pasando. Podemos dar fe de que en el Ib-Salut de esta consellería hay mordida y mordisco suficiente como para poder conciliar ambas opciones, que el 69 de esa Institución pasa porque altos cargos de ese chiringo coman con demasiada asiduidad a Costa (con mayúscula) del erario público.

Nosotros, que terminábamos el principio de las letras del otro día preguntándole al ex Secretario General del Ib- Salut, Tomeu Alcover, por las listas de espera, le preguntaríamos hoy sobre los menús degustación que se zampaban en esa casa sanitaria cuando él era su responsable.

Supongamos que es un ejemplo aplicable al resto, y preguntémosle, por ejemplo, si sabe, si recuerda lo que engullía durante su banquete en la casa sanitaria cuando estaba por aquí. Le consultaríamos sobre toda esa relación de primeros y de segundos con el que alimentaba su tubo digestivo mientras tanto. Pero no lo haremos por si fuera muy frecuente.

Como primera cosa, resulta por fin aclaratorio que comer día sí y día también a Costa (con mayúscula) del contribuyente haya podido catapultarle hasta ese puesto actual de gerente de la oficina del control del gasto público.

El autocontrol está de moda. Ahora entendemos que el gasto a controlar era lo de la caloría a quemar mientras el otro mueve la boca; lo del gasto energético mientras el ciudadano, el público, se rasca el bolsillo.

Ahora que el ex secretario está a tiro del Presidente Bauzá, que come de las migajas de su cercanía, ahora que es el Pulgarcito de lo público, podrá seguramente, mientras come con la boca llena explicarle todas esas razones. Podrá contarle el cuento no ya de aquello del precio/menú que impuso el Presidente, sino las razones sobre su frecuencia en el uso y sobre todo sobre la pertinencia del malmenú.

Desde la adolescencia, desde la época escolar, uno aprende a jugar con los apellidos para jugar con las personas; uno sabe que los apellidos se transforman para convertirnos en lo que realmente somos, que rimamos el apellido con cualquier cosa para darnos un sentido. Nunca hubiera imaginado volver a esos tiempos remotos en la edad adulta, nunca hubiera previsto que Alcover se transformaría de repente en “alcomer” o sobre todo en “acomer”, que es de lo que va finalmente hoy todo esto, metáfora de los que comen en su tiempo libre con cargo al presupuesto público.

La tentación de llamar al Ib-Salut para preguntar por las facturas de comedor de Alcover es una tentación superior a saber exactamente qué ingería en sus menús públicos. El pecado capital de levantar el teléfono y preguntar por la gula del norte del míster y de sus secuaces compañeros requeriría primero preguntar algo tan sencillo como las razones del festín, pero es algo que no está dentro de nuestro presupuesto, es una exquisitez para paladares excesivamente finos, una forma rápida de saber si su destino final debía ser a una oficina con un afán tan controlador.

La excusa de comer en el espacio que separa los tiempos muertos de supuesto trabajo parece que actúa como refuerzo para que ninguno de los cargos públicos de la casa se rasque el bolsillo. Como consigna, y ya que estamos, podríamos preguntarle a la nueva Secretaria General del Ib- Salut, la Sra. Juana María Juan, si ha dado instrucciones precisas para prohibir las fiambreras en sus oficinas; si ha instruído sobre la imposibilidad de acumular yogures desnatados en las neveras de su sitio, si vigila la presencia de bocadillos en sus huestes para provocar la salida del presupuesto por los restas de la ciudad.

Conocíamos el adagio soez “donde pago cago”, pero no conocíamos su opuesto, “donde hago cago”, una versión novedosa y renacentista de cagarla mientras se hace como que se trabaja.

No sabemos si comer se ha convertido en una epidemia generalizada que requiere para su curación la presentación del correspondiente ticket con el IVA incluido. No sabemos que coño les pasa a los cargos públicos con las comidas, qué afán es ese de no pasar por su casa y ver a su churri y a los nenes o de pagar de su bolsillo. Pero sí podemos saber si el responsable de todo eso, el director general, Miguel Tomás, come y deja comer, podemos saber si lo sabía, y podemos saber también si la que debe saberlo ahora lo sabe o sobre todo si va a hacer algo al respecto.

“Pan para hoy y hambre para mañana”. Triste menú del día.

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