Regresar no es volver

Dr. Fco. Javier Alarcón de Alcaraz Médico- Forense Especialista en Medicina Legal. @Alarconforense

Dr. Fco. Javier Alarcón de Alcaraz. Médico-
Forense. Especialista en Medicina Legal. @Alarconforense

Va a ser verdad que van pasando los años, y que lo que fueron aquellas columnas, aquellos artículos de opinión en esta sección de aquel antiguo Salut i Força, vuelven por aquí. La revista sigue siendo un alma joven dentro del cuerpo ajado, envejecido y acabado de su director, Joan Calafat. Un corpus interruptus, una palabra a medias, que termina siendo resultón para los que año tras año cogen la revista abandonada en la sala de espera de un centro de salud, miran las fotos con desgana, doblan por donde no se debe el titular y vuelven a dejarla arrugada para que la herede otro paciente y haga exactamente lo mismo: no leerla.

No recuerdo cuando escribí lo último que escribí aquí, e insisto en no saberlo porque los recuerdos los carga el diablo. Aquellos paseos por el Ib-Salut de Aina Salom y aquella citología de argumentos que le dedicamos sin su excesiva alegría; aquella columna sobre el hotel Punta Negra y sus violentas amenazas, o algunas que otras dirigidas a aquella joven consellera llamada Castillo, Aina. Todas están ahora mismo exactamente en el lugar en el que deben estar: en el más absoluto de los olvidos, que es el lugar en el que las tengo.

Pero viene lo nuevo, viene otro tiempo. Y quiere el tiempo que hagamos cosas para que en otro momento podamos olvidarlas igualmente. Es el mismo tiempo con distintos figurantes, y todo aunque tal como decía el poema número veinte “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. Es cierto, ya no somos los mismos, pero miro a la derecha y miro a la izquierda y veo a los mismos en los mismos sitios. Bueno, no exactamente los mismos. Digo a los mismos de la izquierda y a los distintos de la derecha metafórica, todos en estado de revista y como en espera de algo. Veo las viejas estructuras de organización, los nuevos hospitales y los centros de salud con los mismos sujetos que aquel entonces menudeaban cargos de medio pelo y que con el paso de los años y la selección natural han visto trasnformada su incompetencia en algún que otro ascenso. Miro mucho, y no termino de entender muchas de las cosas que veo. Veo que muchos que estaban solapados bajo la órbita de unos partidos políticos ejercen como impuestos cancerberos en otros. Veo como sigue en los muchos de los rectores esa habilidad para sentirse “hombre de libre designación” con unos y, después, cuando cambia la cosa, ser “técnico” con los otros. Veo, he visto, miserias instestinas entre ideológicamente afines y sigo viendo mucha patología mental en todo lo que veo. Debe ser que la edad me agrava la enfermedad, pero de todo daremos debida cuenta neuronal.

La última de hoy parece la primera de ayer. El archivo de una diligencias “informativas” abiertas por la Fiscalía ante un engendro con forma de denuncia contra compañeros honorables abre el camino a la esperanza de que, por fín, en esta democracia de hace 25 años, un imputado sea finalmente no culpable. O de que sea más, de que sea sencillamente inocente. La necesidad de insistir en la inocencia de los inocentes es una tautología a la que no me acostumbro. Reivindicar lo obvio nos llevaría quizá a situar la solució querulante al manual de enfermedades mentales de la asociación médica americana y a la colección de enfermedades mentales, en su caso tan graves como la mía. Como no creo en las fotos de imputados me da por creer en las fotos de los que quieren permanentemente imputar, que probablemente y después de un archivo, deberían ser imputados por imputar, eso sí con las mismas garantías, el mismo señalamiento y sobre todo con las mismas fotos. Al fín y al cabo todos regresamos, pero nadie debería volver.

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