Ignaci Forteza-Rey: “Ricci me comunicó la destitución por teléfono. Creo que no son formas”

El doctor Ignaci
Forteza-Rey,
introductor de la
cirugía maxilofacial en
la sanidad balear,
pertenece a una
venerada saga de
médicos y dentistas.
Sin embargo, cuando
su jubilación se
hallaba ya cercana,
una nube empañó
décadas de prestigio:
su destitución como
jefe del Servicio de
Cirugía Maxilofacial en
el Hospital Son Dureta.
El doctor Forteza-Rey
no se rindió: acudió a
los tribunales, ganó y
fue restituido. En la
p resente entrevista,
comparte los entresijos
de ese episodio con los
lectores de Salut i
Força.

P.- Empecemos hablando de
sus inicios en la profesión…

R.-Estudié la carrera de Medicina
en la Universidad de Salamanca,
entre los años 1963 y 1969.
Nuestra promoción fue, sin duda,
una de las mejores de las que pasaron
por allí. De ella formaron
parte, por ejemplo, el doctor Alfonso
Ballesteros, actual presidente
de la Academia de Medicina de
Baleares. O el doctor Federico
Hodkings, catedrático en Madrid.
Estudió también con nosotros Pablo
Unamuno, un nieto del escritor.
Luego, entre 1971 y 1972, me
especialicé en odontología. Pertenezco
a una estirpe de dentistas.
Mi abuelo lo fue, y fundó el colegio
de Baleares, y mi padre siguió
sus pasos. Con todo orgullo
puedo decir que mi hijo también
pertenece a la profesión.

P.-¿Estudió odontología en
Madrid?

R.-Por aquel entonces era la
única escuela en España. Yfue allí
donde comenzó mi afición por la
cirugía maxilofacial. Acudía al
que llamábamos Pabellón 8, anexo
a la Facultad, y allí comencé a
aprender, en una zona dedicada a
la cirugía oral, con el doctor Sala
y el doctor Pascual.

P.-Regresó a Palma en 1973…


R.-Y en la isla seguí desarrollando
la cirugía maxilofacial. Acudía
al Hospital Son Dureta, al que de
niño vi construir. Y me acuerdo
que le llamaban el ‘cementerio de
los médicos’, porque hasta entonces
no existía ningún centro público
tan grande y se creía que iba a
acabar con todos los demás, incluso
con la medicina privada. Cuando
yo acudía a Son Dureta, el director
era el doctor Zoreda. Me
encargaba de operar muelas del
juicio, practicaba la cirugía oral
y curaba traumatismos. Trabajaba
de forma voluntaria dos mañanas
a la semana, sin cobrar, ya que
el resto del tiempo ejercía como
dentista, y el doctor Zoreda tuvo
el detalle de habilitarme un despacho
y facilitarme un auxiliar.
Aún faltaba un poco de tiempo
para que existiera en Palma una
unidad oficial de cirugía maxilofacial.

P.-¿De qué manera culminó su
especialidad?

R.-Entre 1973 y 1974 me marché
al Hospital La Paz, en Madrid,
donde existía el único servicio de
Maxilofacial de España. Su jefe
era el doctor Víctor Sala. Estaba
quince días en Palma y me iba
una semana a La Paz. Allí vivía en
el hospital. Por aquellos tiempos
formamos en Son Dureta, con los
doctores Luna y Señor, el primer
equipo de determinación de tumores.
Antes de mi experiencia en
Madrid había sido, además, ayudante
del doctor Pedro Aguiló,
con quien aprendí el manejo quirúrgico.

P.- Hasta que, por fin, obtiene
un puesto en el Hospital 12
de Octubre, de Madrid…

R.-Obtuve la plaza en propiedad
y trabajé como médico adjunto
especialista en Cirugía Maxilofacial
entre 1975 y 1977. Era un
hospital nuevo y con un gran ambiente.
El jefe del servicio era el
doctor Ramón Castillo Escandón.
Sin embargo, mi mujer y mi hijo
se habían quedado en Palma.

P.-¿Tenía la oportunidad de
venir a verles?

R.- Regresaba a la isla los viernes
y me marchaba los domingos,
pero como no existía aún ninguna
unidad de Cirugía Maxilofacial en
Son Dureta, no me quedaba más
remedio que trabajar también en
Palma. Me reservaban los accidentados
que necesitaban una intervención
y les operaba el sábado
por la mañana, aunque recuerdo
que una vez tuve que estar operando
todo el fin de semana.

P.- ¿Cómo se gestó la creación
de la unidad de maxilofacial
de Son Dureta?

R.-Estando en el Hospital 12 de
Octubre, en Madrid, un día de
1977, le pedí audiencia a Josep
Melià, el político mallorquín que
actuaba en aquellos momentos
como portavoz del Gobierno de
Suárez. Me recibió en los Nuevos
Ministerios. Le expliqué la necesidad
de que se creara esta unidad
en Palma. Ytomó nota. Al cabo de
unos meses, salió la ampliación
de las especialidades de Son Dureta,
incorporando Cardiología,
Cirugía Plástica y Cirugía Maxilofacial.
Siempre creí que ese logro
se hizo posible gracias a la entrevista
con Melià.

P.-Y arrancó el Servicio…

R.-Sí, y además gané la jefatura.
Durante este tiempo hemos estado
trabajando mucho, y he estado
al frente de la organización de
diversos congresos. Entre los más
importantes, cabe citar el VI Congreso
de la Sociedad Española de
Cirugía Oral y Maxilofacial, que
tuvo lugar en 1980, o el XIII Congreso
de Cirujanos de Cabeza y
Cuello, en 1983, o las V Jornadas
de Cirugía Oral, en 1992.

P.- Y llegamos ya a los tiempos
más recientes…

R.-En 2002, se creó el servicio
como tal, me presenté al concurso
y gané la plaza de jefe de servicio.
Éramos, y lo somos aún, un servicio
de referencia, que es una condición
con lo que no he estado
nunca del todo de acuerdo. Creo
que deben existir servicios de referencia,
pero no tiene por qué haber
uno solo. Podrían diversificarse,
por ejemplo, entre Son Llàtzer,
para una parte de Mallorca y Menorca,
y Son Dureta, para el resto
de Mallorca y las Pitiusas. Nunca
he sido muy partidario de los
servicios de referencia únicos.

P.- ¿Qué tal funcionaba la actividad
en el Servicio?


R.- Pues, en enero de 2004 acumulábamos
una lista de espera
para primeras visitas realmente
importante. Incorporaron a nuestro
departamento a un médico, Tomeu
Nadal. Era un gran profesional
y estuvo con nosotros durante
cuatro meses. Se llevaba muy bien con el resto del equipo, formado
por seis médicos. Y, además, era
mallorquín. En aquellos momentos
me di cuenta de que, antes de
jubilarme, tenía que conseguir que
se ampliara la plantilla captando a
un buen especialista. Inicié gestiones
con el entonces director gerente
de Son Dureta, Carlos Ricci, y
con quien en esos momentos ocupaba
el cargo de subdirector quirúrgico,
el doctor López de Carlos.
Uno me decía que sí, y otro me decía
que no. Y me dio la impresión
de que existía una situación de falta
de transparencia.

P.-¿En qué sentido?

R.-Por ejemplo, quise realizar
un estudio comparativo con otros
servicios, pedí que me facilitaran
la plantilla quirúrgica, y me respondieron
que no procedía. Luego
me dijeron que lo tenía que decidir
el director del Ib Salut, que
entonces era Sergio Bertran, ya
que este episodio se desarrolló
durante la anterior legislatura.
Otro argumento que se esgrimía
es que no había dinero.

P.-¿Cuándo empezó a preocuparse
de verdad?


R.-Tras muchos tiras y aflojas,
un jefe de Servicio, cuyo nombre
no mencionaré, me dijo que si me
faltaba un adjunto que fuera a hablar
con Carlos Ricci, que a él le
acababan de proporcionar siete
nuevos médicos. Entonces me di
cuenta de que no había seriedad,
de que las plazas no se estaban
otorgando de acuerdo a las necesidades
reales.

P.-¿Y cómo se las arreglaban
para combatir las listas de espera?

R.- Opté por demostrar y poner
de manifiesto nuestras necesidades.
Por aquel entonces, íbamos a
operar al Hospital General para
reducir las listas de espera, ayudados
por una enfermera. La sensación
era de malestar, estrés y sobrecarga
de trabajo, agravados
por esa obsesión absurda por la
listas de espera.

P.-¿Por qué absurda?


R.-Porque el sistema no es el
adecuado. Pongamos el caso de
un paciente con una malformación
congénita que le viene afectando
durante la práctica totalidad
de la vida. En un momento
dado, se programa su intervención
en un plazo de seis meses,
pero resulta que quince días antes
de la operación surge la urgencia
de intervenir un caso de cáncer.
Pues bien, según la ley, la preferencia
corresponde al paciente
que lleva seis meses esperando.
Obviamente, el sentido común
hace que los médicos optemos
por desprogramar la primera
operación y acometer la segunda,
la más urgente, pero si actuamos
así es por ética personal, no porque
la ley lo prevea.

P.- Retomando el hilo de su
historia, aseguraba que existía
un gran malestar en el departamento…

R.- Sí, así que pregunté a la asesoría
jurídica, a través de un escrito,
si un cirujano puede operar
con una enfermera como ayudante
quirúrgico, ya que creía que podíamos
quedar desamparados si
algo iba mal. En la respuesta se salieron
por los cerros de Úbeda y
nosotros dejamos de operar en el
Hospital General. Además, tuve
la sensación de que era objeto de
moobing.

P.-¿Y qué hizo entonces?

R.-El servicio estaba angustiado,
violento. Pedí una reunión con
todo el departamento, pero no se
convocó. Antes les fueron llamando
a cada uno de ellos aparte. Y
la dirección decidió destituirme.
Fui al despacho de Carlos Ricci,
pero ya se había marchado. Me
lo dijo por teléfono desde el coche.
Creo que no son formas.

P.- ¿Qué alegaron?

R.-Falta de coordinación del servicio
y otras razones difusas. Al
día siguiente, hubo una junta técnico
asistencial con mi destitución
en el orden del día. Pero, hasta hoy,
el acta de aquella junta aún no se
ha aprobado, por incompleta. Amí
no me dejaron entrar en la reunión.
Alas 14,30 horas del 11 de abril
de 2005 me llamaron y me notificaron
oficialmente la destitución.

P.-Antes, la cosa se había enrarecido
un poco por una actuación
de los sindicatos…

R.- Sucedió que informé a los
sindicatos de que faltaban médicos
y de que estábamos operando con
las enfermeras. Ellos se encerraron
en el Ib Salut para reclamar una serie
de reivindicaciones e incluyeron
ésta. Entonces, alguien convenció
a la consellera, Aina Castillo,
de que yo estaba detrás de esa
movilización, pero no era cierto.

P.-Y recurrió la destitución…

R.-Primero lo hice ante la sala
de lo Contencioso Administrativo
del Tribunal Superior de Justicia
de Baleares. Y perdí. Alegaron
una circunstancia que no era cierta:
que mi jefatura era de libre designación.
En la apelación ante
el Supremo gané y quedaron claros
mis argumentos. Ha sido una
sentencia importante para el sector.
Posteriormente, he estado
unos meses trabajando en el Servicio
y luego ya lo he dejado en
manos de otro jefe. Ahora ejerzo
como una especie de emérito.

P.-Aunque solo sea un recuerdo
fugaz, usted reconvirtió el
Hospital Verge de la Salut…

R.- Fue durante el periodo de
1985 a 1986. Entonces dirigía el antiguo
Insalud de Baleares el doctor
Adolfo Marqués. Me propuso ser
director del Hospital Verge de Salut.
Lo acepté, a condición de poder seguir
en Maxilofacial y no abandonar
la práctica médica para dedicarme
por completo a los despachos.
Transformamos el centro en un hospital
de apoyo con el que podíamos
absorber las prestaciones que entonces
se llevaban a cabo en clínicas privadas.
Precisamente así obtuve la financiación.
Demostré que, con lo
que se pagaba a los hospitales privados,
nosotros podíamos asumir
esa labor y en tres años amortizar la
inversión. Ynos dieron el dinero.

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