Desconectar o morir (…o vivir mal)

Los expertos tienen claro que durante las vacaciones hay que desconectar del entorno profesional, incluso o sobre todo a nivel digital… o peligro la salud.
“Irse de vacaciones” no sirve de nada si no se desconecta. Las vacaciones no están tanto en el viaje, el tiempo libre y la compañía, sino en la desconexión, porque sin desconexión no hay una relación real con la familia, los amigos, la playa o el lugar exótico, o el disfrute del tiempo libre. Y hoy, la desconexión pasa para alejarse de toda comunicación digital.
Antes, los muy ocupados, vivían pendientes del teléfono en vacaciones, pero afortunadamente en la playa, en el cine, durante el paseo por campo o en restaurante no había teléfonos o era muy difícil que nos alcanzaran. Hoy el teléfono forma parte de nosotros, casi de forma biológica, y con ello el whatsapp, el email, etcétera.
Pues hay que saber parar. No desconectar de la vida profesional durante las vacaciones, por mucho que nos guste o motive, puede tener efectos negativos sobre la salud: estrés, ansiedad o problemas de sueño, además de dificultades para disfrutar del tiempo libre, afectando negativamente las relaciones personales y la productividad laboral futura.
“Vivirlas de verdad”
Los expertos advierten que las vacaciones deben ser vividas de verdad, dejando de prestar atención al teléfono móvil y al correo electrónico, olvidando todo aquello que al trabajo se refiere, para prestar más atención a nuestros seres queridos y al descanso constructivo. Y no han de ser de menos de dos semanas.
Antoni Baena, profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y director del máster de Salud Digital (Ehealth) de esta universidad alerta de las consecuencias de no desconectar: el estrés, la ansiedad y la fatiga cognitiva. No se puede plantear eso de “yo no necesito vacaciones”.
Un fenómeno sobre el que avisa el experto de la UOC es la sobrecarga de notificaciones (conocida como “infoxicación”) y la hiperconectividad constante, ante las que si no se está atento y se rechazan, «impiden descansar adecuadamente y alteran funciones básicas como la concentración, el sueño o el disfrute del tiempo libre», dice.
Y añade: «No romper con la rutina laboral cuando se está de vacaciones puede provocar síntomas de estrés y el burnout, la sensación de falta de energía y de fatiga extrema. En el entorno laboral, distracción, dificultad de concentración, despersonalización con el trabajo, indiferencia hacia las tareas, aumento del error y disminución del rendimiento».
Otra consecuencia de la falta de desconexión «es la ausencia de placer, de satisfacción o de ganas de hacer cualquier actividad placentera, como ir al cine o a cenar, pasear u otras actividades de ocio». También puede darse «nerviosismo, taquicardia, insomnio o sueño de mala calidad, cansancio al despertar y la necesidad de dormir durante más tiempo».
Algunos pacientes, añade este profesor, tienen problemas gastrointestinales —como náuseas o dolor de estómago, o aumento o disminución del apetito—, una sensación de vacío, desmotivación, o síndrome del impostor, «que no siempre se relacionan con la necesidad de desconectar durante las vacaciones». Pero la cosa va por ahí.
Permanecer conectado al trabajo a través del correo electrónico o el móvil durante las vacaciones «tiene consecuencias como la ausencia real de descanso y de recuperación de la energía, lo que provoca un aumento del estrés, la ansiedad y el agotamiento mental», destaca este profesor de la UOC, que advierte de las consecuencias a largo plazo:
«Al regresar al trabajo, la falta de descanso y el hecho de no haber recargado la energía dificultan el retorno al ritmo habitual, incrementa la insatisfacción laboral, e incluso puede llegar a causar una reducción del compromiso con la empresa, ya que el trabajo no se concibe como gratificante», alerta Baena, según refleja la UOC en su web.
En resumen, y según diversos expertos, no desconectar, aprovechando el periodo vacacional, pueden tener como consecuencias entrar en agotamiento, tener problemas de ansiedad e irritabilidad, cansancio e insomnio, trastornos de la conducta alimentaria, complicaciones dermatológicas, digestivas y hasta cardiovasculares.
El problema de no saber desconectar es tan importante que hasta tiene nombre. Se ha dado en llamar “estrés vacacional” o “la depresión de la tumbona”. Sea el culpable un jefe o unos compañeros tóxicos, que nos persiguen hasta en vacaciones, o seamos un workaholic de libro, lo cierto es que no saber, querer o poder parar tiene riesgos.
Trastornos psicosomáticos
A los ya mencionados hay que sumar trastornos psicosomáticos como migrañas, cefaleas o dolores estomacales. Los expertos aseguran que no dejar descansar el cerebro hace que luego, al regreso, se sea menos productivo, pero que también la falta de vacaciones bien aprovechadas puede causar enfermedades físicas, no solo mentales.
Los consejos para lograr esta desconexión pueden parecer obvios, pero puede ser bueno recordarlos, dado la cantidad de personas que no los aplican desde hace demasiado tiempo y que por ello pueden haberlos olvidado, aunque la más sencilla de estas ideas es fácil de entender en los tiempos que vivimos: Para desconectar, desconectar.
Estar pendiente del correo electrónico y del móvil es lo peor para desconectar en vacaciones. Muchos, incluso no esperan los sonidos de aviso y miran compulsivamente sus terminales para ver si hay un whatsapp o un correo electrónico que avisen de algo por lo que valiera la pena interrumpir las vacaciones. Y eso ya de por sí genera ansiedad.
Los expertos recomiendan, para empezar bien, que antes de salir del trabajo, de iniciar las vacaciones, no hay que dejar cabos sueltos, cerrar todos los asuntos pendientes y avisar a clientes, proveedores y colaboradores de que se va a estar unos días fuera de la oficina. Y una vez hecho, tener la voluntad de aguantar el tirón y desconectar de verdad.
Una vez ya de vacaciones, hay que trazar estrategias (pero sin que eso suponga también un agobio) para tratar de disfrutar del tiempo libre, encontrando actividades que nos gusten. Cuidado con levantarse tarde, sentarse en la butaca y mirar el teléfono, en una actividad pasiva y de no hacer nada más: puede generar aburrimiento y ansiedad.
Evitar dispositivos electrónicos
Un consejo que sirve para las vacaciones, pero también para todos los días del año, es evitar el uso del móvil u otro dispositivo electrónico antes de dormir, ya que esto puede afectar al descanso, al someter al cerebro a un tipo de luz que aleja la llegada del sueño porque es la misma que excita el cerebro y genera la vigilia durante el día.
Puede darse el caso, triste pero real, de no poder dejar de trabajar en vacaciones. Si es así, se aconseja establecer un horario fijo y limitado, que en el mejor de los casos sería la primera hora de la mañana, para poder cortar disfrutar del resto del día sin volver a conectarse, sin estar todo el día pendiente, en definitiva, no descansando nunca.
Y si no se han disfrutado las vacaciones como toca o no se han tenido, o incluso si no han sido suficientes (se piden pocos días por compromiso o por errónea responsabilidad) puede producirse un síndrome post vacacional, aunque hay expertos que dicen que a cualquiera le pone mal volver de vacaciones y que eso es cosa de solo unos días.
El síndrome postvacacional se puede definir «como el estado que se produce en el trabajador al fracasar el proceso de adaptación entre un periodo de vacaciones y de ocio, con la vuelta a la vida activa, produciendo molestias que llevan a responder a las actividades rutinarias con un menor rendimiento».
Es un estado de malestar genérico, con síntomas tanto psíquicos como físicos, que afecta principalmente a jóvenes, menores de 45 años. Según algunos expertos estos síntomas pueden aparecer también en niños a la vuelta al colegio, después de las largas vacaciones de verano, aunque es menos frecuente si el niño está bien en el entorno escolar.
Los expertos que defienden el síndrome postvacacional señalan que pueden presentarse en forma de diversas sintomatologías: físicas como cansancio generalizado, fatiga, falta de sueño, dolores musculares, falta de apetito o de concentración, y psíquicas como irritabilidad, tristeza, falta de interés o nerviosismo.
El regreso
Para prevenirlo, los expertos aconsejan no alargar las vacaciones hasta el día anterior de empezar a trabajar. Es decir, que se recomienda volver de vacaciones un par de días antes de la reincorporación para hacer una adaptación a la rutina de forma que sea más paulatina, propiciando una habituación progresiva a los ritmos de sueño y comidas.
Aconsejan también desarrollar alguna actividad de ocio que sea compatible con el trabajo para diluir el cambio y que no sea tan brusco, de modo que sea posible tomarse tiempo para recomenzar y volver a adaptarse al ritmo que se tenía antes de vacaciones, con una actitud optimista y positiva, un enfoque que acortará el proceso de readaptación.
El descanso como pilar fundamental de la salud

Asesor Científico de Salut i Força
La salud suele definirse como la ausencia de enfermedad, pero esta concepción resulta limitada. En realidad, la salud es un estado de bienestar físico, mental y social que permite a las personas desarrollar plenamente su proyecto de vida y afrontar con éxito los desafíos cotidianos.
En este contexto, las relaciones personales desempeñan un papel fundamental. La convivencia familiar, los lazos afectivos y una red de amistades elegida libremente favorecen el bienestar emocional, reducen el estrés y promueven hábitos de vida saludables. Además, las personas que mantienen relaciones sociales sólidas presentan menores tasas de ansiedad, depresión y mortalidad prematura, lo que pone de manifiesto la estrecha relación entre la calidad de los vínculos humanos y el estado de salud.
El trabajo constituye asimismo un elemento esencial del bienestar. Más allá de su función económica, aporta identidad, propósito y oportunidades de crecimiento personal. Sentirse útil, participar en proyectos compartidos y desarrollar nuevas competencias fortalece la autoestima y aumenta la percepción de control sobre la propia vida. No obstante, para que el trabajo actúe como un factor protector de la salud, debe desempeñarse en condiciones equilibradas, evitando la sobrecarga física, emocional o psicológica.
En este marco, el descanso adquiere una relevancia central como auténtico eje de la salud. El sueño de calidad permite la recuperación de funciones cognitivas, metabólicas e inmunológicas imprescindibles para el buen funcionamiento del organismo. Del mismo modo, los periodos de desconexión laboral y las vacaciones facilitan la reducción del estrés acumulado, favorecen la recuperación física y mental y previenen el agotamiento o síndrome de «burnout».
Por ello, las vacaciones y los tiempos de descanso no deben considerarse un lujo ni una concesión ocasional, sino una necesidad biológica, psicológica y social. Constituyen una herramienta esencial para preservar el equilibrio personal, mejorar la calidad de vida y mantener una salud duradera. En una sociedad cada vez más acelerada y exigente, aprender a descansar no es una pérdida de tiempo, sino una inversión imprescindible en bienestar y salud.














