“La fragilidad psicológica de la adolescencia potencia la vulnerabilidad frente a los desórdenes alimentarios”

JUANA MARÍA FERNÁNDEZ GALBIS, ESPECIALISTA DE CLÍNICA CAPISTRANO

JUANA MARÍA FERNÁNDEZ GALBIS, ESPECIALISTA DE CLÍNICA CAPISTRANO

Fernández Galbis, especializada en psicología general sanitaria y neuropsicología, trabaja, día a día, con los pacientes de Clínica Capistrano afectados por trastornos de la conducta alimentaria.

P.- Doctora, ¿qué entendemos por trastornos alimentarios?

R.- Son enfermedades complejas en las que convergen diferentes síntomas, algunos de ellos psicológicos, como el rechazo a la imagen corporal, o la baja autoestima, y otros de carácter físico, como la pérdida de peso y la desnutrición, que no son más que la expresión de un sentimiento de insatisfacción.

P.- ¿Cuáles son los trastornos con mayor incidencia?

R.- Según datos de Cruz Roja, la bulimia y la anorexia son las alteraciones alimentarias que más afectan a la población adolescente, quizás porque es una época crítica en la que la autoestima es más frágil. El grupo de referencia es muy importante y los adolescentes son especialmente vulnerables a las críticas y a las modas. Las chicas son más propensas, quizás por la mayor importancia que conceden a la imagen.

P.- ¿Qué puede motivar a un adolescente a dejar de comer, o a sentir aversión por la comida?

R.- La adolescencia es una época crítica. Son personas sensibles y vulnerables, y cualquier situación en la que la autoestima se ve comprometida puede desencadenar un cuadro de desorden alimentario. Hablamos, por ejemplo de un desengaño amoroso, o sufrir el rechazo del grupo. También hay que vigilar las dietas sin control que se basan en una pérdida brusca del peso.

P.- ¿Y los medios de comunicación? ¿Perjudican la percepción que los adolescentes tienen de su imagen corporal?

R.- Sin duda alguna, porque muestran cuerpos que no reflejan la realidad del 90 por ciento de la población. De hecho, podríamos decir que son cuerpos que no existen. Pero se les hace creer a los jóvenes que es el modelo al que deben aspirar, y al no lograrlo la frustración hace crecer en ellos un fuerte sentimiento de falta de autoestima. El patrón que siguen determinadas campañas publicitarias es bombardear con un mensaje muy perverso, que consiste en asociar la imagen y el peso corporal al bienestar emocional y psicológico. En definitiva, a la felicidad, que es lo que buscamos todos los seres humanos.

P.- ¿Qué síntomas acompañan estos procesos?

R.- Es un cuadro sintomatológico muy diverso. Desde el punto de vista físico, la caída del peso, por supuesto, que puede derivar en un problema importante de desnutrición y que, en los peores casos, conlleva un desenlace fatal. A nivel emocional, el aislamiento, la depresión, y en ocasiones el suicido. Paralelamente, en determinadas situaciones, el paciente con trastornos alimentarios abusa del alcohol o de otras drogas para aliviar su sensación de malestar.

P.- ¿Qué tratamientos se muestran más efectivos?

R.- Los mejores tratamientos son los multidisciplinarios, sobre todo teniendo en cuenta que estamos hablando de enfermedades complejas que han de abordarse desde el punto de vista nutricional, pero también médico y psicológico. Se ha de trabajar la baja autoestima, los complejos, las creencias disfuncionales sobre la belleza y la felicidad. Y no tratar solo los síntomas, sino también analizar los factores que han conducido a esa situación.

P.- ¿Cuánto tiempo ha de durar el proceso terapéutico?

R.- El tiempo de recuperación dependerá de cada caso, de la implicación del paciente, de la adherencia al tratamiento, pero en siempre es necesario que transcurra el plazo necesario para restituir un peso equilibrado y los parámetros saludables que permitan normalizar la ingesta e identificar todos los factores que han hecho surgir el trastorno.

P.- Aunque el tratamiento proporcione un buen resultado, ¿es habitual que se produzcan recaídas?

R.- Las recaídas son una posibilidad en el proceso. La mejor manera de prevenirlas es llevar a cabo un análisis en profundidad de los factores que conllevaron en su momento el desarrollo de una conducta alimentaria desordenada para adoptar las pautas oportunas sin dejar ningún cabo suelto.

P.- ¿Qué papel ejerce la familia en la recuperación del paciente?

R.- Es una contribución fundamental, especialmente a la hora de asegurar la adherencia del paciente al tratamiento. Tenga en cuenta que la motivación personal es un factor ineludible para que el proceso terapéutico logre sus objetivos de curación, y en eso es vital el apoyo que el paciente recibe de la familia y de entorno más próximo.

P.- El internamiento, ¿es una fase importante en la rehabilitación del usuario?

R.- Lo es, porque es la manera de abordar un tratamiento intensivo a partir del cual el paciente recibe asistencia multidisciplinar las 24 horas del día, alejando de su ambiente habitual y liberando a la familia de la presión de tener que estar todo el día controlando a un ser querido que tiene problemas. Sin embargo, hay otras vías que no implican el internamiento. Por ejemplo, en un caso menos grave se puede optar por un tratamiento ambulatorio, o bien por un modelo de hospital de día con tratamiento personalizado.

P.- ¿Qué posibilidades existen de acceder a la oferta asistencial de Clínica Capistrano en cuanto al tratamiento de este tipo de desórdenes?

R.- En Capistrano acude mucha gente a reclamar información, y estamos encantados de ayudarles. Durante sus visitas también les ponemos en antecedentes acerca de las vías de cobertura que existen. Por ejemplo, las personas que cuentan con un seguro médico privado pueden comprobar si su compañía mantiene un concierto con Capistrano, porque de ser así la aseguradora se haría caso del tratamiento. Por otra parte, hasta los 18 años el seguro escolar asume la totalidad, o al menos una parte, del coste.

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