La precariedad sanitaria daña la salud de pacientes y profesional

Profesor de la Escuela
Andaluza de Salud
Pública
Frases de estas, han generado en las últimas semanas, la aparición de un movimiento contra la precariedad laboral en sanidad, contra la #Atención- Precaria, que ha generado un manifiesto del que destacamos algunas ideas:
1.En la gestión sanitaria se ha implantado una cultura sin fundamento humano ni científico que considera al personal como pieza intercambiable. Son sistemáticos los contratos eventuales, incluso por horas y para cometidos diversos. Es lo que llamamos precariedad laboral (en el sentido de enorme temporalidad, gran vulnerabilidad, bajo nivel salarial y falta de derechos sociales).
2.En el sistema sanitario los servicios son servicios personales, en los que es clave la confianza entre profesional y paciente. Es cruel y deteriora la calidad la falta de continuidad/longitudinalidad que se expresa bien con expresiones tipo: «¿Otra médica? ¿Tengo que volver a repetírselo todo a usted?». De la misma forma, en espejo, el pensamiento profesional que se expresa con preguntas tipo: «¿Quiénes serán mis pacientes mañana? ¿Con quién formaré equipo?» y que llega a decir: «No me coja cariño que me voy mañana».
3.La precariedad también lesiona los aspectos de salud pública que cubre el sistema sanitario y que exigen equipos consolidados capaces de enfrentarse, por ejemplo, a las inevitables crisis de salud pública.
4.La precariedad disminuye la calidad clínica e incrementa los errores sin disminuir el coste. La precariedad daña la salud de pacientes y profesionales. La precariedad es, de hecho, una forma de maltrato y una falta de respeto, una indignidad para profesionales y pacientes. La precariedad sanitaria afecta más a mujeres jóvenes y, por ejemplo, en su impacto vital global modifica/impide planes de maternidad/ paternidad. Entre el trabajo «en propiedad» y la precariedad hay soluciones al tiempo científicas, humanas y racionales que mejoran el resultado en salud en pacientes y profesionales.
En definitiva, concluyen que la precariedad profesional sanitaria daña la salud y en defensa de la equidad y de la solidaridad, al incumplir en muchos casos la legislación laboral.












