Miguel Lázaro
Psiquiatra HUSE
Coordinador del Centro de Atención Integral de la Depresión
El órdago a la grande está en la mesa del Gobierno. Pedro Sánchez deberá pedirle explicaciones a su ministra médica de Sanidad, la Dra. Mónica García y a su vez a su secretario general, el también médico, el Dr. Javier Padilla. Si como hasta ahora, el Ministerio hubiera estado dirigido por titulares de profesiones no médicas, nos cabria el consuelo, de justificar su mediocridad y levedad (ahí está la hemeroteca) por su desconocimiento e ignorancia del funcionamiento de la sanidad pública, pero este argumento no se puede utilizar en caso de la bicefalia médica que okupa, actualmente el Ministerio. Más aún cabría interpretar y especular que, por la actitud prepotente, sesgada, incompetente e ideológica que han mostrado, en lo que es la piedra angular de la sanidad pública actual, el estatuto marco, tienen un “estado neuroafectivo negativo“ contra sus colegas. Es decir, contra unos 215.000 médicos que actualmente trabajan en la sanidad pública. Podríamos calificar de que este Gobierno ha echado una opa hostil contra los profesionales que ocupan el lugar más preeminente en la sanidad (así lo reconocen todos los pacientes) y por ende contra la sanidad pública, uno de los valores de los principios de igualdad y justicia social de nuestra sociedad. Por esta razón la sanidad pública debería ser en un gobierno responsable y competente un instrumento de máximo equilibrio para vertebrar nuestro estado. Una sanidad pública en franco deterioro es un asunto de estado. Con una deficiente sanidad no hay estado del bienestar ni por supuesto una sociedad del bienestar, que debería ser el objetivo y el reto de un gobierno centrado en los aspectos vitales fundamentales que importan a los 29 millones de españoles. El pilar de la sanidad pública no puede seguir siendo como hasta ahora la beneficencia de la profesión médica. El profesionalismo médico español, – ciencia, con-ciencia y compromiso ético- alcanzó cotas inigualables, en la pandemia. Y de nuevo hay que volver a recordar que 125 médicos en activo murieron en la pandemia de la COVID, porque decidieron, que el quehacer asistencial no solo es ocupación sino que es vocación de muchos quilates, estar al lado de los pacientes, sin estar protegidos por las administraciones sanitarias. Ahí demostramos nuestro liderazgo y actitud en contextos asistenciales de máxima complejidad e incertidumbre Mientras psicópatas de cuello blanco, hacían negocios con las mascarillas, tests, etc. Los médicos estamos orgullosos de nuestro profesionalismo, pero el estado de acomplejamiento, pasividad y estupor catatónico se han acabado. No toleraremos que persista el trato indigno. No seguiremos poniendo la otra mejilla ante el maltrato de seudolideres políticos. No dejaremos que jueguen con nuestra salud ni con la conciliación con nuestras familias. Ni con la sanidad pública. Ante una ralea de políticos desacreditados que concitan una gran desafección ciudadana, nos alzamos, reclamando respeto. Nuestra acreditación profesional está basada en nuestros conocimientos, competencias, habilidades, y compromiso deontológico. Por eso los pacientes se sienten seguros y confían en nosotros, esa es la base del contrato social que tenemos con ellos. De ahí nuestro liderazgo asistencial, nuestra máxima responsabilidad clínica y legal. Una sanidad pública moderna, eficiente y equitativa (nuestra sanidad pública no lo es), es incompatible con una profesión médica maltratada, desgastada y no reconocida. Los ciudadanos no lo deberían de permitir. Por eso estas nuevas jornadas de huelga nacional son apoyadas por todos los sindicatos médicos y el foro de la profesión médica. Sánchez intervenga. Ya saben en derrota transitoria pero nunca en doma. Colegas, hay que seguir soplando por un estatuto propio.