Rosa María Hernández, presidenta del Col·legi Oficial d’Infermeria de les Illes Balears: «El sesgo hacia intereses económicos dificulta la investigación por la salud que hacen las enfermeras»


Juan Riera Roca /
Durante los últimos años y coincidiendo con la conversión de los estudios de Enfermería en un grado universitario superior, se ha producido un despegue de la actividad investigadora de las enfermeras, que desde hace ya tiempo aportan gran cantidad de información basada en la evidencia, que genera sustanciales mejoras en la práctica clínica diaria. Sin embargo, el sesgo economicista corrompe o dificulta esa investigación, que debería estar orientada siempre hacia la salud de las personas y no hacia el beneficio económico. Esto es lo que explica y denuncia Rosa María Hernández, presidenta del Col·legi Oficial d’Infermeria de les Illes Balears (COIBA).

P.― ¿A qué dedican sus esfuerzos en investigación las enfermeras?
R.― Las enfermeras, igual que otros profesionales de la salud, tienen que investigar en todo aquello que tiene que ver con la salud de las personas. Hay dos paradigmas, uno que tiene que ver con la enfermedad y otro con la salud. En el primero, la patogénesis, se investigan las causas de la enfermedad y los tratamientos; en el segundo, la salutogénesis, se investigan los elementos que son generadores de salud. Las enfermeras estamos más en el paradigma de la salutogénesis.

P.― ¿Tienen dificultades las enfermeras para investigar?
R.― En estos momentos existen dificultades para las enfermeras ‘per se’, relacionadas con una aún existente visión subordinada de esa profesión, que persiste durante décadas, a pesar de ser profesionales graduados superiores, autónomos, capaces y además obligados a gestionar su profesión y añadir conocimiento con la investigación, a mejorar continuamente.

P.― ¿Qué otras razones cree usted que existan para que se dé ese sesgo?
R.― En estos momentos la investigación está sesgada hacia los intereses económicos. Me acaban de sorprender, una vez más, unas declaraciones de un directivo de un gran laboratorio, que ha cuadruplicado el coste de un antibiótico considerado por la OMS como esencial (ya que se utiliza sobre todo en las infecciones de orina). Ese directivo ha dicho: «Creo que es un requisito moral vender un producto al mayor precio posible». En eso estamos ahora: ni patogénesis, ni salutogénesis, el paradigma es el de ganar dinero.

P.― ¿Urge una investigación en cuidados enfermeros?
R.― Hay estudios que señalan que entre el 30 y 40% de las personas atendidas reciben cuidados que no son conformes a los resultados de la investigación. Incluso, entre el 20 y el 30% son cuidados innecesarios y puede que dañinos o perjudiciales. Así que tenemos que investigar continuamente. En cuidados, en prevención, en educación para la salud, en evitar complicaciones, en reducción de las infecciones hospitalarias, de las úlceras por presión, sobre organización y políticas sanitarias y, cómo no, investigamos sobre uso de antibióticos, desigualdades en salud. Son todos esos determinantes en la salud, que son mucho más determinantes sobre la salud de las personas que los sistemas sanitarios en sí. Pues todas esas líneas y otras son las que están sesgadas en favor de la investigación farmacológica, impulsada, financiada, por la industria farmacéutica.

P.― Denunciando esos sesgos deben ganarse muchos enemigos.
R.― Es que va a costar mucho darle la vuelta a todo esto. Personas relevantes y expertas sostienen que en estos momentos y desde hace tiempo los que están gobernando los sistemas sanitarios no son aquellas personas que están al frente, ni tampoco los gobiernos, sino los lobbies. Hemos permitido que la investigación esté en manos de intereses económicos.

R.― Eso debe ser un peligro para la salud…
R.― Claro, porque vemos que cuando la investigación depende de financiadores privados, se sesga hacia esos intereses. Es como si depositáramos la financiación de la investigación en cáncer de pulmón en empresas tabacaleras varias. Se habla además del dinero que reciben algunos investigadores ―completamente legal― de los laboratorios farmacéuticos, o como instituciones prestigiosas, como la Cochrane, ha destituido a uno de sus miembros fundadores y ello ha provocado una cascada de cuatro dimisiones por haber criticado los sesgos en las revisiones sistemáticas, es decir, en los trabajos que existen para saber cuál es la mejor evidencia en ese momento. La conclusión ―y no solo lo digo yo, sino personajes relevantes, y además es de sentido común― es que la investigación tiene que ser independiente, financiada por los gobiernos y los ciudadanos a través de los impuestos, en función de las líneas que son beneficiosas para la salud de esos ciudadanos.

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