Miomas, bultos benignos, pero molestos ahí ‘abajo’

miomasUn mioma es un tumor benigno y no canceroso que crece en el tejido muscular del útero o miometrio en las mujeres. Sólo un 0,5% de los miomas se convierten en tumores malignos en las mujeres. Una de cada cuatro a cinco de más de 35 años padece de este tipo de tumor.

Los miomas, aunque no suelen ser mortales para las mujeres que los padecen, ocasionan unas graves molestias que llevan a la necesidad de consultar con el médico y, con frecuencia, a entrar en el quirófano, se clasifican generalmente en función de su punto de localización.

Los miomas submucosos son lo que se localizan en el endometrio.

Los intramurales, son los que se encuentran en el miometrio, y el último subtipo es el de los subserosos, es decir, aquellos que parecen en la mujer fuera de miometrio, hacia el exterior uterino, según explican los expertos.

La aparición y crecimiento del mioma se ven favorecidos por los estrógenos, por lo que su presentación se produce en la edad fértil de la mujer; resultando muy infrecuente que aparezca esta tumoración antes de que haya la primera menstruación o después de la menopausia.

La mayoría de los miomas no presentan síntomas y puden pasar desapercibidos. Por otra parte, a veces incluso pequeños miomas situados en el endometrio pueden causar metrorragias importantes y/o hipermenorreas y de ese modo, en ocasiones incluso provocar una anemia.

La exploración bimanual por un ginecólogo permite detectar la presencia de estos tumores, su tamaño y localización.

En pacientes obesas, sin embargo, la exploración puede ser confusa y dar falsos negativos.

La técnica diagnóstica por la imagen más útil para el mioma es la ecografía.

La ecografía se puede realizar tanto por vía vaginal como abdominal. Los ecógrafos modernos permiten detectar miomas de hasta 5 mm y los sistemas Doppler que incorporan permiten analizar su vascularización.

Otras técnicas por imagen son el TAC y la resonancia nuclear magnética.

Edad del paciente

El tratamiento de los miomas depende de la edad, de que la paciente desee tener hijos o no, del número, tamaño y localización de los miomas y de la sintomatología que se presente. Es frecuente que las pacientes con miomas padezcan anemia por excesivas pérdidas de sangre.

Esto deriva de que estas pacientes pierden más hierro del habitual por una menstruación normal, de modo que les es conveniente el consumo de alimentos ricos en hierro y, si fuera necesario tras un análisis de sangre, la toma de suplementos de hierro bajo prescripción médica.

Si la paciente tiene sobrepeso, es importante que adelgace para que no crezcan los miomas.

Si la paciente desea tener hijos y el mioma puede ser el causante de tu infertilidad, la mejor medida será la intervención MRgFUS (ResoFus) o la solución quirúrgica parcial, no con histerctomía.

Existen técnicas muy poco agresivas como la histeroscopia y la laparoscopia, que evitan heridas mayores. Además, normalmente son intervenciones ambulatorias. Si los miomas son pequeños y están estables el mejor tratamiento será el control ginecológicos.

Si se observa, en el transcurso de esos controles, que los miomas crecen y/o empiezan a causar dolor, hinchazón abdominal y sangrados excesivos, determinados fármacos como los anticonceptivos, la progesterona y los antinflamatorios que inhiben la síntesis de las prostanglandinas pueden ayudar a controlarlos.

Cuando el útero de la paciente que sufre el mioma es muy grande o los miomas crecen muy deprisa, o cuando los síntomas no responden a las medidas farmacológicas, el mejor tratamiento será la intervención, ya sean las técnicas quirúrgicas o los nuevos procedimientos menos invasivos.

La embolización de arterias uterinas tiene una alta efectividad con la ausencia de los riesgos de la cirugía. En ocasiones, la indicación de fármacos antiestrogénicos unos meses antes de la cirugía puede ser útil en mujeres con úteros demasiados grandes o con anemias importantes.

A finales de la primera década de este siglo se puso en marcha en España, de modo experimental una técnica pionera para tratar sin cirugía los miomas uterinos mediante la aplicación de ultrasonidos. Se aplican desde el exterior mediante resonancia magnética.

Según informa la Universidad de Sevilla, que fue la que trajo esta nueva forma de atacar el problema, las pacientes que se sometieron en primer lugar a esta terapia, han obtenido resultados muy satisfactorios gracias a esta técnica experimental, que ya se llevaba a cabo en otras instituciones internacionales.

Esta aplicación dirigida de ultrasonidos para ‘quemar’ el mioma desde el exterior, está autorizada por las autoridades comunitarias para miomas y metástasis óseas, aunque en EEUU, la FDA sólo la había autorizado en 2009 para el tratamiento de los fibromas benignos.

El tratamiento de los 26 primeros pacientes que se sometieron a los ultrasonidos en la Universidad de Sevilla (con sedación consciente) ha sido dirigido por el equipo médico del Instituto Cartuja, encabezados por el doctor Pedro Valero Jiménez, uno de los primeros especialistas.

Se calcula que un 25% de las mujeres en edad fértil padece un fibroma uterino, que en un 18% de estos casos genera problemas de fertilidad. Hasta ahora los tratamientos más efectivos son los fármacos dirigidos a reducir la vascularización o la embolización.

La administración de acetato de ulipistral, un anticonceptivo de urgencia clasificado dentro de las «píldoras del día después», podría convertirse en un nuevo tratamiento no quirúrgico eficaz contra los fibromas uterinos y ayudar a las mujeres a mantener su fertilidad, evitándose intervenciones agresivas.

Así parecen indicarlos los resultados de un estudio realizado por el Programa de Endocrinología Reproductiva y Adulta del Instituto Nacional de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) de Bethesda (Estados Unidos).

La investigación en fase II fue presentada recientemente.

En la prueba se distribuyó aleatoriamente en dos grupos a mujeres de 25 a 50 años con miomas uterinos sintomáticos, a las que se administró acetato de ulipristal o un placebo (sustancia incoua y sin efectos) una vez al día durante tres ciclos menstruales como periodo de referencia.

Los investigadores observaron que de las 57 pacientes en las que se pudo evaluar la eficacia, 18 de ellas tomaron un placebo, 20 tomaron una dosis de 10 miligramos (mg) de acetato de ulipristal al día, y 19 tomaron una dosis de 20 mg diarios.

Las mujeres que tomaron acetato de ulipristal experimentaron una reducción del volumen total de sus miomas, que fue mayor entre las que tomaron dosis más altas -14 (70%) del grupo de 10 mg y 16 (84%) del grupo de 20 mg, según señalan los resultados de la experimentación médica en la fase II del proceso.

En las pacientes del grupo placebo se obtuvieron peores resultados, ya que sólo seis (33%) experimentaron una disminución del volumen de sus miomas.

El acetato de ulipristal también redujo las hemorragias en comparación con el placebo, y durante el tercer mes de tratamiento.

16 pacientes (el 80%) que tomaban 10 mg diarios y 18 pacientes (95%) de las que tomaban una dosis diaria de 20 mg no tuvieron ninguna hemorragia menstrual. De este modo se configura una nueva terapia alternativa a la cirugía en esa zona tan sensible de la mujer.

De la miomectomía a la histerectomía

Pese a que se han desarrollado nuevas técnicas pioneras para el tratamiento no quirúrgico de los miomas, la cirugía sigue siendo un tratamiento adecuado para muchos de los casos. El tipo de cirugía varía según su localización, sintomatología, tamaño y deseos de preservar fertilidad.

En miomas pequeños localizados en la cavidad uterina o en contacto se puede practicar la histeroscopia quirúrgica, es decir, introducir una pequeña cámara (histeroscopio) dentro del útero y proceder a la exéresis del mioma intrauterino. Requiere anestesia general o regional.

En esta intervención se realiza exclusivamente la exéresis del mioma, preservando el útero que debe ser reconstruido durante el acto quirúrgico.

Esta técnica es la ideal para aquellas mujeres que deseen preservar su útero, por futuros deseos de fertilidad.

La miomectomía no evita la posibilidad de que en el futuro vuelvan a aparecer miomas uterinos. Se calcula que un tercio de las pacientes que se someten a la intervención denominada miomectomía requerirán posteriormente una histerectomía, que es el procedimiento más general en esa misma zona.

La histerectomía consiste en la exéresis o retirada total del útero. Estas técnicas pueden practicarse por vía laparoscópica o vaginal, es decir sin necesidad de abrir el abdomen.

O mediante laparotomía, cirugía en la que el abdomen es abierto, lo que exige luego una mayor recuperación.

La elección de una vía u otra dependerá del tamaño de los miomas, su localización, e incluso de la habilidad quirúrgica del cirujano, etcétera. Otras técnicas de aplicación son la embolización de las arterias uterinas, que conduce a la necrosis de los miomas por falta de irrigación.

La embolización de las arterias uterinas supone un paso intermedio entre la cirugía y el tratamiento médico.

Tiene buenos resultados aunque en ocasiones los efectos secundarios, sobretodo el dolor postoperatorio pueden necesitar tratamientos específicos.

Si la paciente sufre fibromas, displasias graves de cuello uterino, cáncer de cuello uterino, endometriosis, hiperplasia, prolapso uterino, sangrado muy abundante o irregular es posible que el médico le haya dicho que necesita una histerectomía, una intervención que puede aliviar los síntomas de varias enfermedades.

Histerectomía

La histerectomía tiene riesgos y beneficios. Como ocurre con cualquier oper a c i ó n , existe cierto riesgo relacionado con la anestesia y la operación en sí.

La paciente deberá actuar con c a l m a después de la operación y necesitará ayuda con los quehaceres del hogar, compras y acarrear cosas.

Si tiene hijos pequeños, necesitará que alguien le ayude a ocuparse de ellos. Después de la histerectomía nunca más tendrá la regla y no podrá quedar embarazada. Si se le extirpan los ovarios puede tener síntomas relacionados con la menopausia, aunque no tenga aún la edad normal.

En la actualidad se recomienda si es posible, la conservación de los ovarios en todas las edades. Más aún si es menor de 50 años. En la histerectomía subtotal, una de las categoríaas de la intervención, el útero se extirpa pero el cuello uterino, ovarios y trompas de Falopio se dejan intactos.

En la histerectomía total (también llamada histerectomía simple), el cirujano extirpa el útero y el cuello uterino pero deja los ovarios y las trompas de Falopio intactos. En la histerectomía con salpingooforectomía bilateral o radical, se extirpan el útero, el cuello uterino, los ovarios y las trompas de Falopio.

Que quede o no quede una cicatriz y el tipo de cicatriz depende del tipo de corte que hagan.

La incisión dependerá de la enfermedad y del método elegido. En el primer método, el cirujano corta a lo largo de la línea del vello púbico. Posiblemente la cicatriz no se vea fácilmente.

Otro método consiste en hacer una incisión a través de la vagina. Este método no deja cicatriz visible. Se puede usar si el útero es pequeño o si ha descendido la vagina. En el tercer método se hace una incisión que va desde justo debajo del ombligo hasta encima de la línea del vello púbico.

La incisión mide generalmente entre 4 y 6 pulgadas.

Este tipo de incisión hace más fácil trabajar en el interior del abdomen. En determinados caso se podrá realizar por vía laparoscópica, la cual precisa de varias pequeñas incisiones en el abdomen. Es aconsejable comentar todo con el médico.

El médico puede dar medicamentos para calmar el dolor después de la operación. Actualmente se coloca una anestesia epidural para los primeros días del postoperatorio.

Aunque debe descansar lo necesario, se recuperará más rápidamente y se sentirá mejor si hace un poco de ejercicio cada día.

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  1. Guillermina | Responder

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