“La vertiente humanista del médico está retrocediendo y ocupa un segundo plano”

concha-villalongaConcha Villalonga Piera (Barcelona, 1946) se licenció en medicina por la Universidad de Barcelona y llevó a cabo la especialidad de medicina interna en el hospital del Valle Hebrón de la ciudad condal (1972- 1978). Recién terminada la especialidad obtuvo una plaza de adjunta de medicina interna en el hospital de Son Dureta, donde sucesivamente fue jefa de sección y jefa de servicio, categoría esta última con la que se jubiló -ya en Son Espases- en 2012. Mallorquina de adopción, plenamente integrada en la sociedad isleña y con una hija nacida también en nuestra tierra, se confiesa una firme partidaria de la sanidad pública, donde ha desarrollado íntegramente su carrera profesional.

-¿Por qué medicina interna?

– Desde muy joven tuve claro que quería ser médico, principalmente porque entendía que era un buen medio para ayudar a la gente, aunque ahora, con más perspectiva, creo que a lo mejor el oficio de enfermera hubiese sido el más adecuado para lo que yo quería, que era estar cerca del enfermo. Más o menos a mitad de carrera ya tuve claro que quería especializarme en medicina interna, porque permitía tener una visión global del enfermo, contemplarlo con carácter integral. También hay que tener en cuenta que en aquellos años las especialidades médicas, en general, estaban poco desarrolladas, y en ese sentido medicina interna era un poco la excepción, así que me pareció la opción más adecuada para mi forma de entender la práctica de la medicina.

-¿No había antecedentes familiares relacionados con la profesión?

-En realidad tuve un abuelo médico, pero murió cuando yo era muy joven y no sé hasta qué punto pudo influir en mi decisión de estudiar medicina. Lo que sí está claro es que tuve que vencer algunas reticencias familiares cuando decidí hacer esta carrera; aunque ahora parezca extraño, hace cuarenta años no todo el mundo asimilaba bien que una chica quisiera ser médico.

-Para entendernos ¿qué hace exactamente un especialista en medicina interna en un hospital?

– En principio el internista es el responsable de la atención clínica integral y completa del paciente, es quien conoce toda la problemática que rodea su salud, quien lo evalúa y quien, en su caso, lo deriva a un especialista concreto. Por otra parte, con el incremento progresivo de la edad de las personas, cada vez es más frecuente encontrar pacientes con múltiples patologías que se han convertido ya en crónicas, y es ahí donde el internista se convierte en un verdadero médico de referencia para el enfermo y, además, a quien consulta el cirujano antes de intervenirlo, porque es quien mejor conoce el estado general que presenta el paciente. De hecho, cada vez es más frecuente que las especialidades quirúrgicas cuenten con un consultor internista.

-¿Una especie de médico de médicos?

-Yo diría más bien que es quien mejor representa la troncalidad de la medicina en sus múltiples variantes: desde el diagnóstico hasta el control del arsenal terapéutico que se administra al paciente durante su estancia en el hospital, incluyendo la vigilancia de las interacciones medicamentosas o sus efectos secundarios, teniendo en cuenta que cada enfermo tiene unas necesidades farmacológicas específicas e individualizadas. En el caso de enfermos pluripatológicos, el diagnóstico acertado es una de las funciones más importantes del internista; y también ocurre en las urgencias hospitalarias, donde la importancia del diagnóstico es vital y por esa razón, durante muchos años hubo una presencia masiva de internistas en sus equipos. En términos generales podemos decir que los conocimientos de medicina interna, por su carácter global, son muy útiles para acceder al resto de especialidades, es una buena vía de acceso. Y, como digo, es una especialidad cada vez más respetada en la atención hospitalaria, como lo demuestra que existen turnos de guardia de 24 horas en estos centros, porque su función es esencial.

-Usted ha desarrollado toda su carrera exclusivamente en la sanidad pública…

– Si, en todo momento tuve claro que me quería dedicar a la medicina sin interferencias profesionales ni personales, ni tampoco introducir el factor lucrativo. Por otra parte, siempre he pensado que un médico debe tener tiempo para formarse, ya que nuestro proceso de formación es permanente, no termina nunca. En mi caso, puedo decir que he estudiado prácticamente todos los días de mi vida profesional, especialmente sobre el tema de las infecciones y en concreto sobre todo lo relacionado con el VIH, cuando era todavía una enfermedad desconocida (mediados de los años ochenta) y los internistas buscábamos más información, para saber mejor a qué nos enfrentábamos. Por cierto, el VIH también se ha convertido en una enfermedad crónica, que requiere de la intervención de un internista hospitalario, ya que el médico de Atención Primaria no puede dispensar fármacos retrovirales y es ahí donde interviene el internista, que es el encargado de prescribir estos medicamentos a cargo de la farmacia hospitalaria, porque estamos hablando de una combinación de patologías provocadas por la infección del VIH y en ese punto la adherencia terapéutica es fundamental, por lo que la relación entre enfermo y médico debe ser muy estrecha y empática.

-¿Eso representa un plus de responsabilidad para el médico?

– Sin duda, pero en mi caso ese factor es el que me ha proporcionado la sensación de que sido útil al enfermo, que era, como he dicho antes, lo que me movió a estudiar medicina y especializarme como internista. Precisamente una de las cosas que más echo de menos ahora es esa relación directa con el paciente, ese vínculo personal que se establecía entre ambos.

-¿Cree que actualmente se ha burocratizada en exceso la atención sanitaria?

– En general creo que sí. La informatización ha traído muchas ventajas para la práctica de la medicina (como por ejemplo la historia clínica, que es un instrumento fundamental) pero también ha supuesto un distanciamiento entre el enfermo y el médico, que está muy pendiente de la pantalla del ordenador cuando atiende al paciente. No es que ahora exista menos empatía por parte de los médicos hacia sus pacientes, sino que la propia dinámica del día a día puede acabar enfriando la relación entre ellos, y eso es algo que el médico siempre ha de intentar evitar.

-¿Quiere decir que el médico está perdiendo su vertiente humanista?

-Estoy convencida de que nuestra profesión debe tener un sentido universal, unir la parte científica con la humanista, y es cierto que esta última está retrocediendo, se está infravalorando este aspecto de la práctica médica, hasta ocupar un segundo plano. Para mí el factor humano es fundamental, y no sólo en tu relación con el enfermo, también en la manera como te relacionas con tus propios compañeros, en tu capacidad para trabajar en equipo, tanto con los demás internistas como con el resto de especialistas, a la hora de proporcionar la mejor asistencia al paciente.

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