Luchar contra el dolor

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Investigadores de de la Universidad de Toronto (Canadá) han desarrollado un nuevo fármaco que actúa en regiones específicas del cerebro y la médula ósea, donde se generan las claves de la percepción del dolor. Se cree que este nuevo medicamento podría ser eficaz para tratar el dolor crónico por lesiones nerviosas.

El dolor agudo o fisiológico es necesario para animales y humanos para la vida cotidiana. Un dolor pequeño alerta al organismo y tratar y proteger el tejido dañado. El dolor nervioso de mayor intensidad y no manejable, descrito como sensaciones crónicas de quemazón o latigazos, no posee beneficios.

Este dolor no ayuda a la supervivencia y suele estar causado por lesiones graves o enfermedades como el cáncer o el Sida. El dolor crónico es uno de los problemas de salud más comunes en todo el mundo y genera un elevado deterioro de la calidad de vida de las personas, dado que condiciona su actividad cotidiana.

En los casos extremos, incluso una leve presión de la ropa contra la piel o doblar una articulación puede ser insoportable. Estudios previos han descubierto que el dolor crónico no sólo es una forma prolongada de dolor agudo sino que surge de cambios distintivos en las sinapsis neuronales.

Esas sinapsis son las uniones que permiten a las neuronas pasar información a otra célula, junto con mecanismos sensoriales del cerebro, junto con mecanismos sensoriales en el cerebro y la médula ósea. Por desgracia, la mayoría de analgésicos convencionales no son eficaces para eliminar este dolor crónico.

Los investigadores, dirigidos por Hansen Wang, han utilizado una variedad de métodos neurobiológicos y muestran que un nuevo fármaco, llamado NB001, producía fuertes efectos analgésicos en ratones y líneas celulares neuronales humanas. Los ratones tratados no mostraban ningún efecto secundario o cognitivo.

Bloquea la ciclasa adenilato del tipo 1 o AC1, una enzima que se produce principalmente en las neuronas de la médula espinal y la región frontal del cerebro durante una lesión nerviosa. Los investigadores sabían que el bloqueo del gen AC1 reducía o bloqueaba de forma significativa el dolor crónico en ratones.

Sin embargo, en esta ocasión, en vez de bloquear el gen AC1 en todo el organismo, el nuevo fármaco funciona al bloquear sólo AC1 en regiones específicas del cerebro y la médula ósea. Los descubrimientos sugieren que AC1 es crítico para varias formas de dolor crónico pero no contribuye al dolor agudo.

Además, a diferencia de otros fármacos específicos para el dolor crónico, AC1 se expresa de forma concreta en las neuronas y por ello es menos probable que cause posibles efectos en los órganos no neuronales como el corazón, hígado y riñones, que era uno de los elementos que los investigadores querían evitar.

Por otra parte, durante el Simposio Actualización en el uso de opioides en el dolor agudo, crónico e irruptivo, que se celebró en Barcelona, expertos en dolor de reconocido prestigio internacional han reclamado la necesidad de que España venza la opiofobia (temor al uso o tratamiento con opioides).

Y eso en beneficio de proporcionar el mejor tratamiento al paciente contra el dolor y de mejorar en todo lo posible su calidad de vida. Según explicaron los expertos, España se encuentra entre los países que utilizan menos opioides en comparación con otros países europeos para el tratamiento del dolor.

Y ello para un dolor ya sea crónico, agudo o irruptivo. Los expertos han señalado que en comparación con otros países europeos como Reino Unido o los países escandinavos (especialmente Dinamarca) en los que el consumo de opioides mayores es alrededor del 13%, en España su uso está en torno al 2%.

Y eso, en en el caso de opioides menores, mientras que en el Reino Unido el consumo alcanza el 50%, en España apenas alcanza el 12%. El poco uso de opioides en España no está justificado –creen –y se debe principalmente a una escasa formación en dolor por parte del personal facultativo ya desde la universidad.

La doctora Margarita Puig dijo que desde las propias universidades “no se da suficiente importancia al dolor y en las facultades de Medicina de nuestro país no se enseña cómo tratarlo adecuadamente. Resulta insólito que un médico no se forme sobre el principal motivo que lleva a los pacientes a la consulta”.

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