Hemorroides: Sufrirlas en silencio, pero no en secreto

En caso de padecer sangrado y/o dolor al defecar, acuda al médico, éste descartará cualquier otra patología y le proporcionará un tratamiento que resuelva el problema.

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Las hemorroides, las almorranas, no matan a nadie –a no ser que sus síntomas se confundan con un tumor colorrectal y no se acuda al médico a tiempo –pero quitan las ganas de vivir o reducen mucho la calidad de vida de las personas que las sufren ‘en silencio’.

Hay personas que sufren tanto dolor a causa de las hemorroides, en el momento de defecar, que instintivamente, retrasan la culminación de ese proceso natural y tan necesario, durante horas, e incluso durante días, provocándose otros efectos secundarios importantes. Hay personas a las que las hemorroides les sangran tanto que a consecuencia de esos sangrados llegan a sufrir anemias.

En algunos casos ‘estallan’ por sorpresa, aunque no se esté sentado en el wc; por ejemplo, en un avión, a consecuencia del cambio de presión.

Las hemorroides son varices o inflamaciones de las venas en el recto y el ano. Anatómicamente son plexos, cojinetes o almohadillas de tejido submucoso donde están contenidas las vénulas y arteriolas superficiales del conducto anal.

Amenudo, las inflamaciones de las hemorroides son consecuencia del esfuerzo para evacuar el intestino, aunque pueden ser causadas por otros factores como el embarazo, el estreñimiento crónico, la diarrea o el envejecimiento.

Los factores que las producen pueden generar círculos viciosos. La alimentación pobre en fibras genera estreñimiento, que genera hemorroides. El miedo al dolor puede generar una especie de estreñimiento autoinducido, que genera más hemorroides.

Hay quien cree que pasarse muchas horas sentado produce hemorroides, aunque lo que en realidad las produce es retrasar –sintiendo la necesidad –el momento de ir al baño a defecar, porque la persona prefiera hacerlo en su casa, más cómodamente. El principal síntoma de las hemorroides es el dolor alrededor del ano y sangre roja brillante en las heces, en el papel higiénico o en la taza del wáter. Otras causas de sangrado anal o rectal incluyen un cáncer colorrectal o anal, de modo que hay que ir con cuidado.

Las hemorroides pequeñas no suelen precisar tratamiento. Una dieta más ‘blanda’ y rica en vegetales proporcionará más salud al cuerpo en general y convertirá el acto de defecar en algo más cómodo y fácil, reduciendo el impacto sobre una eventual hemorroide.

Las hemorroides patológicas se dividen en internas, si se encuentran por arriba de la línea pectínea o dentada del conducto anal, y externas las que se encuentran distales o por abajo de la línea dentada. Las hemorroides internas se clasifican en cuatro grados.

Grado I: En el primero de ellos, la hemorroide se localiza en el tejido submucoso sobre la línea dentada. Puede defecar sangre roja viva. Se considera que es la más frecuente.

Grado II: Sobresalen al defecar pero se reintroducen espontáneamente, con el cese del esfuerzo. Grado III: En las de tercer grado salen al defecar, y el paciente debe reintroducirlas manualmente.

Grado IV: En las del cuarto grado, las hemorroides son irreductibles y están siempre prolapsadas, es decir, fuera y colgando, siendo en esos casos necesaria la cirugía.

Las hemorroides también pueden trombosarse. Los especialistas recomiendan en ese caso una sencilla intervención mediante un corte que libera el trombo, que se expulsa. Curiosamente no se recomienda una anestesia, solo tópica, ya que podría generar otro trombo.

Las hemorroides internas se originan desde el plexo hemorroidal superior y están cubiertas por mucosa proximal a la línea dentada. Pueden presentar rectorragia, protrusión, quemazón, prurito, dolor y descarga mucosa.

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