“La apertura del hospital es la guinda del pastel de un proyecto que debe consolidarse”

ANTONI ALZAMORA / PROPIETARIO Y SOCIO ÚNICO DE CLÍNIC BALEAR

ANTONI ALZAMORA / PROPIETARIO Y SOCIO ÚNICO DE CLÍNIC BALEAR

Antoni Alzamora es toda una institución en el panorama sanitario balear. A sus 59 años, este sineuer “empecinado en ejercer como tal”, según él mismo afirma orgullosamente, es el socio único de una de las empresas de servicios médicos más importantes de la Comunidad Autónoma, con presencia en Mallorca, Menorca y Eivissa. Mucho ha llovido desde que nuestro entrevistado empezó su trayectoria profesional como conductor de ambulancias y transportando pacientes por vía aérea entre las islas. Su capacidad de trabajo, su tenacidad y su espíritu emprendedor han dado forma a un proyecto personal que, recientemente, culminó con la apertura del hospital de Clínic Balear en Son Verí.  

P.- En su biografía hay elementos suficientes como para escribir un ‘best seller’ de éxito, de esos que se agotan en los escaparates de las librerías…

R.- No lo sé, si usted lo dice… Más que nada me considero un trabajador, y todo cuanto lo he conseguido lo he logrado a través del trabajo. También es cierto que tengo cierto ‘pedigree’ emprendedor, si me permite utilizar esta expresión. Mi abuelo fue el primer presidente y fundador de la Casa Balear de La Habana, en Cuba, y también socio y fundador de un hospital cubano al que puso el nombre de su tierra de origen, ‘La Balear’, que, en la actualidad, funciona como centro pediátrico.

P.- ¿Ha sido, el suyo, un camino particularmente difícil?

R.- Ha habido dificultades, sí, para qué negarlo. Pero nunca me han faltado las gans de luchar. Y las ganas de trabajar. Desde pequeño me inculcaron ese hábito. Para mí, trabajar no es ningún sacrificio. Me gusta. Y, bueno, supongo que ese esfuerzo, al final, se compensa, porque uno comprueba que los objetivos se van alcanzando y las heridas que pudieran haberse producido van cicatrizando.

P.- Cuéntenos algo sobre sus orígenes profesionales…

R.- Comencé trabajando de chófer en la empresa del doctor García Ruiz, a quien procuraba transmitirle ideas que se me ocurrían para optimizar mejor las posibilidades de su negocio. Sin embargo, muchas de ellas se quedaban por el camino, y por eso le pedí que me permitiera ponerlas en práctica por mi cuenta.

P.- Y la cosa funcionó…

R.- Puede decirse que sí. De hecho, el doctor García Ruiz me relevó de mi actividad como conductor y me confío otras tareas más ejecutivas. Al cabo de unos años, le propuse que abriera la empresa a todas las islas, pero su condición fue que me hiciera cargo, personalmente, del proyecto. Y, bueno, eso supuso que tuviera que marcharme a Eivissa, donde permanecí a lo largo de tres años. Hasta Eivissa movilizamos las primeras ambulancias privadas que existieron en la isla. Cuando regresé a Mallorca, la empresa estaba realizando ya 700 servicios de transporte sanitario mensuales.

P.- ¿Y en esos inicios, llegó a pensar que algún día sería el propietario de una empresa de las características y la magnitud de Clínic Balear?

R.- Jamás lo pensé, no quiero engañarle. Ni siquiera lo sospeché. Y no ha sido fácil. He pasado momentos muy duros, y, aunque nunca he sentido la tentación de tirar la toalla, faltaría a la verdad si afirmara que todas las experiencias han sido positivas. En mi familia, me inculcaron la idea de que cuando hacías un trato con alguien bastaba con sellar un acuerdo mediante un apretón de manos. Y ese apretón, iba a misa, era más sólido que cualquier documento. Desgraciadamente, hoy no es así. Ni se respeta el pacto tácito de darse la mano, ni un contrato firmado, ni nada, y he tenido el infortunio de encontrarme, a lo largo de mi trayectoria, con personas que no fueron fieles a su palabra. Pero, bueno, supongo que eso también forma parte del aprendizaje que todos tenemos que asumir.

P.- Después de Eivissa, usted regresó a Mallorca y ahí comenzó a germinar el gran proyecto de Clínic Balear

R.- En efecto. Abrí el primer dispensario en Magalluf, junto con mi buen amigo y excelente médico Manolo Pericàs. El balance fue más que satisfactorio, y, con el paso del tiempo, le propuse a mi socio abrir un segundo centro. No le hizo demasiada gracia, porque el doctor Pericàs siempre se consideró un médico, más que un empresario. Y, lógicamente, cuando puse sobre la mesa la posibilidad de expansionarnos aun más con un tercer centro, ya tuve que afrontar ese reto en solitario.

P.- Y lo sacó adelante…

R.- Sí, a base de jornadas de 24 horas, sin fiestas, ni vacaciones, ni fines de semana, y realizando todas las tareas que eran necesarias, desde recepcionista, hasta contable o repartiendo tarjetas para incrementar la cartera de clientes. Fueron años muy intensos, duros, sin duda, pero no faltaron las satisfacciones. Recuerdo que cada vez que conseguíamos una nueva cuenta, mi mujer y yo abríamos una botella de cava. Y lo hacíamos solo para celebrar que nos habíamos hecho un poco más grandes, aunque se tratara de un cliente que aportara solo unos miles de pesetas de las entonces.

P.- Más adelante, en un momento dado, su camino se cruzó con el de otro personaje insigne de la sanidad balear, el doctor Miquel Dalmau, sineuer, como usted.

R.- En paz descanse. Éramos muy buenos amigos, tanto que yo me mostraba particularmente insistente con él para que juntos lleváramos adelante la idea de fundar Asisa. Al principio, se mostraba reticente, pero una estrategia que siempre me ha dado resultado es la de convencer por agotamiento. Supongo que sabe a lo que me refiero.

P.- Me hago una pequeña idea…

R.- Pues bien, de tanto insistir, el doctor Dalmau acabó prestándome su apoyo, seguramente para que le dejara en paz de una vez. Y el proyecto fue un éxito. Para mi era fácil entenderme con Dalmau, entre otras razones porque, como usted ha dicho, éramos del mismo pueblo. Siempre he ejercido de sineuer, a matar. Incluso hoy en día, mis mejores amigos son gente de Sineu, personas a las que conozco de toda la vida, desde que éramos pequeños, y que hoy en día ejercen trabajos que no tienen, generalmente, nada que ver con la medicina. Unos son herreros, otros carpinteros o mecánicos, o qué sé yo. Pero el vínculo que nos une es tan poderoso, que nos reencontramos una y otra vez, y cenamos juntos cada quince días. Esa cena es sagrada para todos nosotros.

P.- Hablemos un poco del presente de Clínic Balear. ¿Cuáles son los puntos fuertes de su oferta asistencial?

R.- En el ámbito del transporte sanitario contamos con una especialización incuestionable. Somos, de hecho, la única empresa cien por cien mallorquina con presencia en las tres islas, y realizamos servicios por tierra, mar y aire, enlazando rutas a Francia, Alemania, Italia, y al mundo entero. Aparte de esto, contamos con nuestra red de dispensarios médicos. También en este punto nos caracterizamos por poner al alcance de nuestros clientes unas prestaciones sumamente diversas, que abarcan la práctica totalidad de especialidades.

P.- Clínic Balear dispone, además, de una formidable plantilla de profesionales…

R.- Y ese es el secreto de su éxito, no lo dude. Una empresa basa su trayectoria en la calidad de su personal, desde los altos directivos, hasta los especialistas y pasando por las mujeres de la limpieza. Todos somos importantes y todos hacemos nuestro trabajo. En ese contexto, yo soy uno más, con mi propia tarea específica, que es la que procuro llevar a cabo de la mejor manera posible. Hoy en día, Clínic Balear cuenta con 265 profesionales en plantilla, y confío que, a finales de año, llegaremos a la cifra emblemática de 300.

P.- La clave es el trabajo, es el personal, pero también la familia

R.- Mi mujer, especialmente, Carme. Ella lo es todo para mí. Me apoya siempre, y no puede hacerse una idea de hasta qué punto es trabajadora. Trabaja mucho más que yo. Sin Carme, no estaría donde estoy, eso lo tengo muy claro.

P.- ¿Y el futuro? ¿Cuáles son las previsiones de Clínic Balear a corto y largo plazo?

R.- El reto con mayúsculas, en estos momentos, es la consolidación del hospital Clínic Balear en Son Verí, que recientemente hemos abierto en Llucmajor. Abrir un centro hospitalario ha sido para Clínic Balear, y para mí, personalmente, la guinda del pastel. Espero vivir muchos más, pero, sabe qué le digo: si ahora me muriera, ya habría valido la pena llegar hasta aquí una vez haber hecho realidad el sueño de abrir este hospital.

P.- Y lo ha abierto en un momento de crisis económica general. ¿Está afectando también la crisis a la sanidad privada?

R.- No suelo ser negativo, pero no veo claro el futuro. Hay muchas nubes por en medio, aunque confío en que resolveremos las dificultades con la aportación de todos. Ahora bien, nadie puede negar que son momentos muy difíciles, y si hay un aspecto que se debería corregir de manera urgente es el de la compensación económica de los médicos. Está mal pagados, así de claro se lo digo, y hay que mejorar sus condiciones. Las compañías aprietan demasiado, y esto no puede ser, porque los profesionales han de sentirse a gusto a la hora de desempeñar su labor.

P.- ¿Qué visión tiene del transporte sanitario en nuestras islas?

R.- Pues que ofrece muchas carencias, y acabará a cero si alguien no lo remedia. Desde que empecé en este sector, he visto desfilar a multitud de empresas. Algunas de ellas tuvieron que vender su flota, y, entretanto, otras han desembarcado en la isla sin llegar a consolidarse. A título personal, le diré que Clínic Balear, como empresa mallorquina, no se siente suficientemente arropada. ¿Cuál es el problema? El dinero, claro, como siempre. El transporte sanitario se está pagando tan barato que no se puede mantener.

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