Gabriel Masfurroll: “Si a los hoteles se les califica con estrellas, ¿por qué no hacer lo mismo con los hospitales?”

Gabriel Masfurroll,
propietario de la
cadena de hospitales
pr ivados USP, que en
Mallorca gestiona la
Clínica Palmaplanas,
nos recibe por
videoconferencia,
desde su despacho de
la Clínica Dexeus, en
Barcelona. Todo un
ejecutivo. Todo un
humanista. Vital,
apasionado, catalán. Y
del Barça.

P.– Haga para nosotros un pequeño
resumen de lo que es
USP Hospitales…

R.– ¿Tenemos toda la tarde? [risas].
USP es el fruto de un sueño
de un grupo de personas que llevamos
años trabajando para poder
materializarlo. La idea era crear
una red de hospitales privados
en España. Los intentamos a principios
de los 90, en 1992 y 1993.
Fracasamos. No era el momento.
Había una crisis y hubo que esperar.

P.–Pues lo consiguieron…

R.– Cuatro años después lo conseguimos,
en 1998. La idea era
buena. Nosotros fuimos pioneros
y luego nos han copiado otros.
Comenzamos comprando la Clínica
Dexeus, en Barcelona, y ya
llevamos diez años comprando
y construyendo hospitales, sumando
un total de 33 en España.
Tenemos participaciones en Portugal
y un contrato para constituir
trece hospitales en Marruecos.
Disponemos de cien managers
que son socios, y una participación
de un fondo de inversión británico.
Ahora ha llegado la hora
de la verdad. Tendremos que demostrar
lo que valemos.

P.– La sanidad privada es, en
los tiempos de crisis, todo un
desafío. Y más aquí, en Baleares,
donde hasta ahora el porcentaje
de aseguramiento privado
alcanzaba el 33 por ciento…

R.– Siempre digo que España es
un conglomerado de partes diferentes,
con sus propias peculiaridades.
YBaleares también, muy
especialmente, ya que Mallorca,
Menorca y las Pitiusas tienen sus
propias particularidades. Y esto
se refleja en el sector sanitario.

P.– ¿De qué modo?

R.–Los gurús dicen que el sector
sanitario es acíclico, que las crisis
tienen sobre él menor impacto,
aunque no podemos decir que no
sufra ninguno. Esta es mi cuarta
crisis económica , aunque ninguna
de las anteriores había sido tan
profunda. Se destruye empleo. Se
pierde poder adquisitivo, y todos
intentamos desprendernos de
gastos. En España, la sanidad es
universal gracias a los impuestos.
Y las empresas aseguradoras rebajan
sus primas o crean seguros
colectivos. Y a pesar de eso, hay
gente que se da de baja de su seguro.
Cuando tienen un problema
de salud se van al sector público,
que se sobrecarga. Aparecen el
overbooking y las listas de espera.
¿Qué hace el sector público?
Devuelve ese exceso de demanda
al sector privado, subcontratándolo.

P.– ¿Por eso dice que es un sector
acíclico, porque lo que
pierden por un lado lo ganan
por otro?

R.– Así es. No trabajamos menos,
pero el pagador se ha modificado.
Se reduce el número de
pacientes privados y aumentan
los pacientes públicos. En Baleares
y en toda España. De otro
modo, si la crisis es muy profunda,
podría llegar a colapsar el sistema
sanitario.

P.– Hay análisis que señalan
que en Baleares la ampliación
de la oferta que ha supuesto
USP Palmaplanas ha hecho
que las aseguradoras rebajen
precios y que eso ha afectado
a la calidad…

R.– Puede parecer que la aparición
de la Clínica Palmaplanas
haya sobredimensionado el número
de camas, aunque al mismo
tiempo desapareció oferta de menos
calidad y eso fue bueno, ya
que mejoró el nivel asistencial.
Otra cosa es cómo se hizo. Cuando
Palmaplanas se abrió, y entonces
nuestro grupo aun no había
aterrizado, se rebajaron precios
para conseguir una determinada
cuota de pacientes. Y eso ha sido
perjudicial. Creo que no se hizo
bien. Se pasaron. Hay aseguradoras
que pagaban lo que no vale
el servicio.

P.– ¿Por qué eligió Mallorca
para la expansión de USP?

R.– Leí un libro titulado ‘Queridos
mallorquines’ y tenía que
demostrar que su contenido no se
ajustaba a la verdad. [Risas]. Creo
que Mallorca es uno de los mejores
mercados sanitarios de España.
Por ello, estudiamos todas las
opciones y elegimos la mejor.

P.– Se ha hablado mucho de su
interés por comprar la Policlínica
Miramar…

R.– Cada día se dice que vamos
a comprar algún hospital o equipamiento.
La rumorología es ruin
y perjudica a todos. Soy respetuoso
con todos los hospitales privados.
Todos tenemos mucho trabajo y prestamos un buen servicio.
Esto no es una fábrica de patatas
fritas. Atendemos a personas
angustiadas, y eso es algo muy serio.
En diez años, hemos comprado
más de treinta sociedades y jamás
se ha sabido hasta el último
momento.

P.– ¿Le interesa a USP seguir
creciendo en Baleares?

R.– USPes una compañía en expansión,
pero hoy en día es necesario
ser prudentes. Hay que
ver por dónde se desarrolla la turbulencia.
Por otra parte, como ya
le he comentado, Baleares es un
mercado muy bueno.

P.– Una de las características
de este mercado es el turismo…

R.– Es un factor importante. España
recibe cada año sesenta millones
de visitantes, más personas
que las que conforman su población
residente. Estos sesenta millones
de turistas generan negocios,
y uno de ellos es el sanitario,
un fenómeno que empezó de
forma desordenada pero se ha ido
sistematizando y profesionalizando
con el tiempo. Un área de
nuestra compañía se dedica a este
sector. Establecemos acuerdos con
los operadores turísticos y con los
aseguradores de viajes.

P.– Y también están las personas
de otros países que residen
en Baleares durante largas
temporadas…

R.– Estas personas, hace diez
o quince años, cuando se ponían
enfermos regresaban a sus países
a la hora de recibir asistencia
sanitaria. Ahora, cuando tienen
un problema de salud, no solo se
quedan, sino que hacen venir a
sus parientes. Es una gran oportunidad:
tenemos pacientes de
otros países que vienen a tratarse
aquí.

P.– ¿Qué diría usted que hace
mejor o diferente a la Clínica
Palmaplanas respecto a otras
ofertas hospitalarias?

R.– Cuando nos hicimos cargo
del control de esta clínica estaba…
vacía. Nosotros la hemos convertido
en un hospital con especialidades,
teniendo en cuenta al paciente
que viene con patologías
asociadas y que necesita una asistencia
integral. Ésta no ha de ser
una clínica a la vieja usanza, donde
los médicos entraban y salían.
Este modelo está superado. Nosotros
queremos que los profesionales
vivan en y por el hospital. Y
que haya entre todos mucha comunicación.
Lograr todo eso es lo que
empieza a diferenciarnos, aunque
expreso mi enorme respeto hacia
las demás clínicas privadas. Nuestro
trabajo es serio, duro y difícil.

P.– ¿Qué importancia le otorga
a la tecnología?

R.– Una clínica puede tener un
formidable edificio y una excelente
tecnología, pero sin el talento y el
buen hacer de los profesionales
no puede funcionar adecuadamente.
Cada semana ampliamos nuestra
plantilla para mejorar todavía
más la calidad de nuestra oferta.

P.– Y en los tiempos que corren,
¿de dónde sacan a los médicos?

R.– Pues en parte de la competencia.
Así es la vida, aunque algunos
competidores se enfaden.
Les he propuesto a las diferentes
administraciones autonómicas de
Baleares, tanto a la anterior, del
PP, como a la actual, del Pacte, que
deberíamos ser suficientemente
inteligentes para saber captar a los
mejores profesionales sanitarios.
Fuera de la isla, hay mallorquines,
menorquines y pitiusos que ejercen
con éxito la medicina. ¿Por
qué no hacemos algo para recuperarlos,
tanto para la medicina privada
como para la pública? Y
para conseguirlo unos y otros hemos
de ir de la mano.

P.– Explique cuál es su modelo
sanitario ideal.

R.– Sería algo parecido a un
‘menage a trois’ [risas de nuevo].
Un ‘menage’ que formamos la
provisión pública, la privada y
el financiador. Debería existir un
Gobierno, un administrador, que
se encargara de recaudar, y luego,
a través de las aseguradoras públicas
o privadas, se generarían
asegurados y estos subcontratarían
los servicios que decidieran, independientemente
de su titularidad.
Claro está que, como la demanda
sanitaria tiende al infinito,
habría que poner límites.

P.– Un modelo muy parecido
al canadiense, que para algunos
resulta un paradigma y
para otros una fuente de controversia…

R.– Digamos que es un modelo
basado en la competencia. Los
más competentes atraerían demanda,
y el mercado se estructuraría.
En otras palabras, sobrevivirían
los buenos. Y habría que
otorgar al Estado una forma de
acreditación y de evaluación que
permitiera regular el sistema. Si
los hoteleros tienen estrellas para
certificar su calidad, ¿por qué no
ha de ser así en el caso de los hospitales?
En salud, nos creemos lo
que nos dice el vecino.

P.– ¿Cómo es Gabriel Masfurroll,
a nivel personal?

R.– Un tío normal. Un tío del
Barça. Alguien a quien le gusta
vivir intensamente y disfrutar haciendo
lo que hace, que se apasiona
con lo que tiene, que trata de
aprender y que quisiera ser mejor.

P.– ¿Qué actuaciones no ejecutaría
nunca como directivo del
sector sanitario?

R.– Juzgar a la gente, a los profesionales,
de forma frívola. Todo
el mundo que trabaja merece un
respeto.

P.– Uno de los buques insignia
de su Grupo es la Fundación
Alex…

R.– Era una asignatura que teníamos
pendiente. Tuvimos un
hijo que nació con discapacidad.
Cuando, a los tres años, se murió
me costó mucho aceptarlo. Entonces,
quisimos aportar nuestro
grano de arena para ayudar a la
población discapacitada, pero nos
dimos cuenta de que había que introducir
una cierta sistematización,
y de ahí surgió el proyecto
de la Fundación Alex. Cuando la
creamos, me dejé la vergüenza en
casa y les pregunté a los fundadores
si podíamos utilizar el nombre
de mi hijo, Alex. Las actuaciones
que realiza esta entidad en materia
de solidaridad y cooperación
son verdaderamente encomiables.

P.- Por ejemplo…

R.- Ayer, sin ir más lejos, operamos
a una niña de Mali de catorce
años que tenía la columna
vertebral destrozada y hoy mismo
caminó por primera vez en
once años. Hicimos gestiones
para que fuera a visitarla el jugador
Keita, del Barça, que también
es de Mali, y además del mismo
pueblo que esa niña. Yla ha invitado
a visitar su casa cuando regrese.
Ha sido un momento hermoso.

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