La Comisión Asesora COVID19 del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM) ha evaluado los cambios de la pandemia y la vacunación, concluyendo que la inmunidad al superar la infección o recibir la vacuna parece no ser “esterilizante”.

Por ello se señala que la vacunación pasaría a ser clave para no padecer la enfermedad o para que no revista gravedad y en la protección de los contagios en la medida en que pueda reducirlos aunque no eliminarlos y que no parece previsible retomar la normalidad prepandemia.

“Restricciones y medidas de prevención nos van a seguir acompañando, particularmente en momentos o lugares donde aumente la incidencia, la gravedad o la saturación de los recursos sanitarios” han señalado los asesores científicos del CGCOM.

Además, han añadido, “es esencial transmitir a la sociedad que los cambios de rumbo, resultado de nuevo conocimiento o la evolución de la propia pandemia, no cuestionan la validez de lo realizado anteriormente”. La Comisión pide un acuerdo entre las instituciones.

Este acuerdo ha de establecer la conveniencia de que las autoridades sanitarias y las instituciones científicas y sociales implicadas se cohesionen y marquen una senda de acción común, coherente y racional, según se destaca en el contenido de la institución colegial.

Desde el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos, a través de la Comisión Asesora COVID19 se han querido aportar algunas reflexiones sobre la estrategia de vacunación, al hilo de los debates existentes:

Respecto a la vacunación en menores “próximamente, tendremos que enfrentarnos a la decisión de vacunar a niños entre 6 y 12 años, para los cuales es previsible que se presenten solicitudes de autorización a la FDA y la EMA” en alusión a las autoridades farmacéuticas de EEUU y la UE.

“En este debate, que supondrá un nuevo reto para las estrategias vacunales, múltiples argumentos apelan a las ventajas de ampliar la vacunación al ámbito pediátrico, apuntando a que refuerza la inmunidad de rebaño al evitar que los niños contagien a sus familiares”, añaden.

Lo cierto es que “la inmunidad que genera superar la infección o haber recibido la pauta completa de vacunación parece que no tiene carácter “esterilizante”, de forma que el virus puede seguir circulando y propagándose a través de personas inmunizadas.

Esto se considera posible aunque no genere morbilidad clínicamente apreciable o solamente provoque casos paucisintomáticos, es decir, con signos muy leves de enfermedad. Si esto es así el concepto de inmunidad de grupo o rebaño pierde su significación práctica.

En base a esto, la vacunación pasaría a ser un instrumento clave en la protección individual para no padecer la enfermedad o para que esta no revista de gravedad clínica ni produzca un elevado número de hospitalizaciones o fallecimientos, señalan los expertos del CGCOM.

“Pero, por otra parte, —añaden— también aportaría un papel en la protección de los contagios en la medida en que pueda reducir, aunque no eliminar, la probabilidad de que un inmunizado transmita el virus”, por lo cual la vacunación sí reduce la transmisión, aunque no la evita.

“En todo caso, el argumento de vacunar a los niños para proteger a sus familiares se torna más débil y pierde peso”, señalan desde la institución colegial, adoptando una posición de peso en el actual debate en curso, tras haberse fijado en 16 años la edad mínima para vacunarse.

Si el COVID-19 mantiene el perfil de infectividad, morbilidad y mortalidad que hoy muestra su variante delta, y el efecto de protección de rebaño no acaba de materializarse, cabría anticipar lo siguiente, según señalan los expertos del CGCOM:

“Desde el ámbito de la profesión médica —señalan desde el CGCOM— creemos que cualquier acción política o estrategia debe estar fuertemente anclada en la mejor evidencia científica disponible en cada momento y en que es igualmente esencial informar a la sociedad”.

La institución colegial destaca que la población debe conocer “los cambios de rumbo, cuando los aconseja el nuevo conocimiento o la evolución de la propia pandemia, no cuestionan la validez de lo que hacemos, sino que la refuerza”.

Ante la incertidumbre de la ciencia y la variabilidad de las respuestas ante la pandemia, “es necesario que la autoridad sanitaria extreme el asesoramiento y la participación y evite la excesiva reactividad ante presiones políticas, mediáticas o de redes sociales”.

Finalmente, “conviene que las diferentes autoridades sanitarias (central y autonómicas) y las instituciones científicas y sociales implicadas se cohesionen y marquen una senda de acción común, coherente y racional. Para que puedan hacerlo, todos debemos contribuir”.