De la lepra en Etiopía a una escuela en Kenia: los profesionales de Son Espases llegan mucho más allá

El doctor Homar en dos momentos de su voluntariado en Lamu. en Kenia.

JUAN RIERA ROCA / Cuatro meses en un hospital rural de un lugar de Etiopía llamado Gambo atendiendo enfermedades infecciosas ―una de las cuales es nada menos que la lepra― o dos semanas haciendo ‘de todo’ en un colegio en Lamu, una isla keniata en el Océano Índico. Estas son las experiencias de dos médicos de Son Espases.

(De aquí en adelante son imágenes del Hospital Rural de Gambo, en Etiopía)

El doctor Javier Homar, médico intensivista de Son Espases estuvo con sus hijos dos semanas atendiendo a las necesidades de la escuela de Lamu: «Desde pintar paredes a jugar con los niños». Una cooperación con la ONG «One Day Yes», que cuida de que esa escuela siga en marcha y de muchas cosas más.

La doctora María Peñaranda, médico internista del mismo hospital, especialista en enfermedades infecciosas y tropicales, pasó dos meses de 2018, de la mano de Llevant en Marxa, tratando enfermos en Gambo, afectados por la terrible enfermedad bíblica que, aunque hoy se cura, suele dejar secuelas terribles.

Los doctores Homar y Peñaranda son dos de los profesionales sanitarios del Hospital Universitario de Son Espases que prestan su tiempo libre ―en ocasiones mucho más que unas semanas de vacaciones― en acciones de cooperación. El miércoles 30 de enero, el hospital los reunió en unas jornadas divulgativas.

«Nuestra misión es doble ―explica el doctor Homar― una aquí en España, sensibilizando y dando visibilidad a la ONG, captando fondos para poder invertirlos allá en la escuelita; con esos fondos, pagar los salarios de los profesores, mejorar las instalaciones y, fundamentalmente, dar alimentación a los niños».

Relata el médico que «muchos niños en casa casi no comen, y prácticamente solo comen lo que se les da en la escuela». Con esos fondos que captan «conseguimos cubrir prácticamente el 75% de las necesidades básicas diarias de nutrición de los niños. Muchos de ellos solo comen de lunes a viernes, en la escuela».

El Hospital de Gambo (a un día y medio de avión al norte de Lamu) fue construido en 1960 como una leprosería en uno de los países con mayor incidencia de esta enfermedad (5.000 nuevos casos cada año). Gestionado por la misión italiana La Consolata, desde hace dos años, al 50% por Llevant en Marxa.

A través de esta ONG mallorquina la doctora Peñaranda, manacorina ella también, se embarcó en la aventura de prestar sus servicios en ese hospital en febrero y marzo de 2018. El hospital es hoy más amplio, con áreas de Medicina, Pediatría, Ginecología, Cirugía, pese a seguir siendo un hospital primario y rural.

«La lepra es aún hoy una enfermedad terrible ―explica la doctora Peñaranda―, es una infección producida por una micobacteria, el Mycobacterium leprae, que produce deformaciones de la piel, de los huesos y lleva a amputaciones y sigue teniendo un estigma muy importante. Y en Etiopía se dan muchos casos aún.»

«La lepra ―añade la médico internista― tiene hoy elevados índices de curación, Hay un tratamiento de seis meses que lo regala la OMS, pero el problema es que se diagnostica tarde, cuando ya se han producido las deformaciones, las limitaciones y la secuelas y han sido necesarias amputaciones.»

En Lamu el trabajo en el que participó el doctor Homar con otros cooperantes, no fue médico, pero no por ello menos apasionante: «La ONG te asigna unas tareas preestablecidas desde España y el número de voluntarios que pueden ir es limitado. Nosotros tuvimos que ayudar en la cocina, y a pintar toda la escuela».

«Se les hicieron también ―añade el cooperante― unas canalizaciones de agua dulce para recoger el agua de lluvia, un gallinero… Y también jugar con los niños, misión que recayó en los hijos de los cooperantes, ya que fuimos en familia, que además les hicieron unas canastas de baloncesto y unas porterías de fútbol».

El doctor Homar es intensivista y con ello experto en pacientes adultos muy graves, aunque no por ello dejó de percibir que entre aquellos niños se dan «problemas de malnutrición y heridas que no ha quedado bien curadas. Eso es lo primero que captas, aunque mi especialidad y mi sesgo profesional son otros».

La isla de Lamu tiene 20.000 habitantes. El colegio acoge, por el momento, a 50 alumnos. Son más las familias que querrían llevar allí a sus hijos, pero «no hay ni medios económicos ni estructurales para poder aceptar más. Empezaron con 17 niños y cada vez tiene más solicitudes que hoy por hoy no pueden atender.»

En Gambo, como en Lamu, «el día a día es duro, pero a la vez es maravilloso ―explica la doctora Peñaranda―. Yo trabajaba Medicina y Tuberculosis del área de adultos. Dos días a la semana veíamos a los pacientes de lepra, de los que hay unos 40 ingresados, además de 25 en Medicina y otros 25 en tuberculosis.»

«Veíamos muchos pacientes al día. Hacíamos guardias en las que teníamos que ver niños, cosa que no hago en Son Espases, aunque sí lo he hecho trabajando con otras ONGs. En Gambo los niños presentan malnutrición, neumonías, diarreas… La ONG tiene un proyecto con fondos de la CAIB contra esa malnutrición».

En el año 2018 ese proyecto balear atendió a 3.900 niños con malnutrición un 10% de los cuales estaba grave. Pese a todo se logró frenar la mortalidad de los niños acogidos a este programa, explica la doctora Peñaranda, aludiendo a necesidad de visibilizar la cooperación internacional y sus necesidades.

«En Etiopía hay un problema grave de acceso a medicamentos. Cuando los encargados van a hacer las compras semanales, con frecuencia encontraban solo un 30% de los que iban a comprar. ¿Qué hacíamos? Pues si no tienes un antibiótico, utilizas otros, y te vas manejando. Tampoco se pueden importar.»

Sin embargo, añade, «es sorprendente la adherencia (cumplimiento) a los tratamientos, aunque también depende del dinero que tengan, ya que ahí se pagan el ingreso, la consulta, los medicamentos y a veces se les acaba el dinero y personas hipertensas o diabéticas abandonan los tratamientos».

De la cooperación se vuelve de otra manera. Estos dos médicos reconocen que «al regresar muchas de las cosas que tenemos aquí son superficiales y otras que parecen muy simples en nuestro entorno, allí son básicas, pero es que además ellos te aportan mucho más en emociones y en valores», recuerda el doctor Homar.

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