Son más de la mitad de la población y están discriminadas: La salud también es una cuestión de género

Joan Carles March
Profesor de la Escuela
Andaluza de Salud Pública

Las mujeres son más de la mitad de la población mundial y siguen estando discriminadas. Es necesario avanzar en la disminución de las desigualdades de género en la sociedad y, consecuentemente, también en las desigualdades en salud.

El género es una de las dimensiones importantes de la inequidad. Frecuentemente, investigadores/as y planificadores/ as pasan por alto el hecho de que incluso la biología establece diferenciales por sexo en materia de riesgos y necesidades para la salud, ya que en muchos casos se considera que el hombre sigue representando el patrón de funcionamiento fisiológico y social de todas las personas. La segmentación de la sociedad en ámbitos de acción masculinos y femeninos marca asimismo diferencias sustantivas entre los hombres y las mujeres no sólo en materia de riesgos y necesidades sociales y biológicas, sino también en cuanto a oportunidades, recursos y contribuciones para la salud.

Las mujeres, a pesar de ser mayoritariamente las prestadoras de la cobertura sanitaria, tanto en el ámbito profesional como en el hogar, no suelen ocupar los puestos ejecutivos en este sector. Las tareas de cuidados, también son normalmente invisibilizadas y no reciben reconocimiento ni remuneración alguna.

El informe del 2017 de la Unión Europea sobre equidad entre mujeres y hombres muestra las desigualdades en aspectos tales como la participación en el mercado laboral, las condiciones del trabajo tanto fuera de casa como en el hogar y la independencia económica, las desigualdades en la toma de decisiones o la violencia de género.

El informe muestra la peor situación de las mujeres respecto a los hombres en todos los países de la Unión Europea. Y hay un retroceso en el 2017, sobre todo debido a las menores oportunidades económicas y de poder político de las mujeres.

Es importante decir que la salud de mujeres y hombres es diferente y desigual. Diferente porque hay factores biológicos (genéticos, hereditarios, fisiológicos, etc.) que se manifiestan de forma diferente en la salud y en los riesgos de enfermedad, que muchas veces siguen invisibles. Desigual porque hay otros factores, que en parte son explicados por el género, y que influyen de una manera injusta en la salud de las personas.

Pero tal vez donde mejor se observa la desigualdad de género sea en la salud mental.

Según la OMS, un 50% de las mujeres del mundo padecen un acceso diferente y desigual a los tratamientos primarios de salud. Las mujeres viven más años que los hombres, pero lo hacen con peor salud percibida y con más trastornos crónicos.

A pesar de que la esperanza de vida de la mujer es mayor que la del hombre, las mujeres tienen un menor nivel de salud que los hombres. Cuando analizamos indicadores de salud y calidad de vida, las mujeres presentan una peor situación ya que tienen más enfermedades crónicas, menos bienestar y una salud mental peor. Ellas viven más años y con peor salud y estos niveles son peores en las mujeres de clases sociales desfavorecidas.

La carga de enfermedad a nivel mundial también afecta a las mujeres. Esta discriminación se muestra claramente cuando hablamos de la violencia de género. Una de cada tres mujeres de todo el mundo han sufrido violencia física o sexual a lo largo de la vida.

Por último, es necesario señalar que las políticas de salud también deben tener en cuenta las desigualdades de género, lo que se debe visualizar en los siguientes aspectos: en la construcción social de los problemas de salud, en la toma de decisiones y en la formulación, implantación y evaluación de las políticas de salud.

Además, será necesario que los Planes de salud de las Comunidades Autónomas avancen en el enfoque de género ya que, en general, existe un mayor contenido en la descripción de la situación de la salud y sus determinantes que en la formulación de objetivos e indicadores de evaluación. La ley de igualdad retributiva, el feminismo en las aulas, los apoyos a la dependencia o el reconocimiento de las agresiones sexuales como violencia machista son algunas de las políticas concretas que pueden desarrollarse. Aquí, entre otros espacios, esperamos el cambio, REAL, porque todo este movimiento 8 de marzo se tiene que materializar.

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