Anemia, faltan glóbulos rojos… ¿pero qué se esconde detrás?

“Estoy cansado, debo tener anemia”. ¿Seguro? ¿Y ya está? Tener anemia no es solo sentirse débil y no se soluciona tan solo ingiriendo suplementos con hierro o más carne de ternera.

La anemia es una situación anómala y patológica caracterizada porque la sangre tiene menos glóbulos rojos de lo normal.

Y eso puede ser “poca cosa” o puede ser peligroso. Los eritrocitos, también llamados glóbulos rojos o hematíes, son los elementos cuantitativamente más numerosos de la sangre. La hemoglobina es uno de sus principales componentes. Su objetivo es transportar el oxígeno hacia los diferentes tejidos del cuerpo.

La anemia es tener pocos glóbulos rojos o que los que se tienen no contengan suficiente hemoglobina, una proteína rica en hierro que es la que le confiere a la sangre el color rojo. Esta proteína es la que permite a los glóbulos rojos cumplir con su función de transportar el oxígeno de los pulmones al resto del cuerpo. Una persona con anemia no recibirá –pues– suficiente sangre rica en oxígeno en su organismo.

El más característico de los síntomas de la anemia es el cansancio, aunque no es el único posible. En los casos graves o prolongados pueden aparecer lesiones en el corazón, en el cerebro y en otros órganos del cuerpo.

Y es que la anemia muy grave puede incluso causar la muerte. Es por ello que ante los primeros síntomas –el principal de los cuales saldrá de un análisis de sangre –el médico investigará cuál es la causa de la anemia, que puede tener un origen banal (lo cual es frecuente) o peligroso, como es el caso de la leucemia.

MÉDULA ÓSEA

Los glóbulos rojos se producen en la médula ósea, tejido esponjoso que se encuentra en el interior de los huesos. Los glóbulos blancos y las plaquetas también se producen en la médula ósea. En algunas clases de anemia los tres tipos de células de la sangre –los antes mencionados –pueden estar disminuidos.

Existen tres causas principales de anemia: una de éstas es la pérdida de sangre (por una herida, una hemorragia interna e incluso por procesos naturales, como algunas menstruaciones), la segunda, una falta de producción de glóbulos rojos y la tercera, una mayor velocidad en su proceso de destrucción natural.

Muchas anemias pueden ser leves, de corta duración y de fácil tratamiento. Algunas se pueden incluso prevenir con una dieta saludable. En otros casos se pueden tratar con suplementos nutricionales. Ciertos tipos de anemia pueden ser graves, de larga duración y potencialmente mortales si no se diagnostican y tratan.

Las anemias pueden venir derivadas de los efectos secundarios de ciertos medicamentos, de enfermedades como el cáncer (obviamente este caso es el más grave si no se ha tratado el cáncer en cuestión que se descubre por la anemia), la colitis ulcerativa o la artritis reumatoidea, según explican los expertos.

Hay casos de personas que enferman de anemia como consecuencia de una predisposición genética, ya que algunas formas, como la talasemia, pueden ser hereditarias. También pueden ser consecuencia de una insuficiencia renal, de una pérdida de sangre o de una dieta deficiente.

CAMBIOS EN EL CUERPO

Los cambios en el cuerpo de un embarazo pueden generar anemia. Pasando a causas más graves, problemas con la médula ósea, como el linfoma, la leucemia o el mieloma múltiple, causan anemia. También la originan problemas con el sistema inmunitario que causa destrucción de células sanguíneas (anemia hemolítica).

La cirugía del estómago o los intestinos que reduce la absorción del hierro, la vitamina B12 o el ácido fólico, pueden ser también la causa de una anemia. Toda esta variedad de orígenes, algunos fáciles de tratar, otros potencialmente peligrosos, hacen que sea imprescindible la participación del médico en el problema.

Se ha mencionado el cansancio como uno de los síntomas propios de este desarreglo, pero hay otros, como dolor torácico, vértigo o mareo (especialmente al pararse o con esfuerzo), fatiga o falta de energía, dolores de cabeza, problemas para concentrarse, dificultad para respirar (especialmente durante el ejercicio).

Algunos tipos de anemia pueden tener otros síntomas como el estreñimiento, problemas para pensar, sensación de hormigueo. Todos estos síntomas son de anemia o de otras afecciones que también los presentan, lo que pone en evidencia la necesidad de consultar a un especialista para adoptar decisiones.

En caso de que el médico sospeche o busque una anemia, se aplicará un protocolo que incluirá un examen físico, que puede revelar piel pálida y frecuencia cardíaca rápida.

Algunos tipos de anemia pueden causar otros signos o síntomas que no se detectan en un examen físico, por lo que serán necesarias pruebas.

ANÁLISIS DE SANGRE Los exámenes la de sangre para diagnosticar algunos tipos de anemia pueden abarcar: La medición de los niveles sanguíneos de vitamina B12, ácido fólico y otras vitaminas y minerales; análisis de médula ósea; conteo de glóbulos rojos y nivel de hemoglobina, conteo de reticulocitos, nivel de ferritina y nivel de hierro.

Incidiendo sobre los diferentes tipos de anemias, cabe destacar entre las principales variantes, las anemias ferropénicas, originadas por una falta de hierro, posible consecuencia de factores como un aumento de las pérdidas de sangre (como una regla abundante, sangrado digestivo o sangre en la orina).

También, de un aumento las necesidades de hierro del propio cuerpo, motivado por circunstancias pasajeras: es el caso de un embarazo, la lactancia, el proceso natural de crecimiento etcétera. Otra causa de este tipo de anemias es la disminución en la absorción intestinal en pacientes operados del estómago.

También puede aparecer en el caso de pacientes que están padeciendo procesos de diarrea u otras enfermedades del aparato digestivo que ‘gasten’ una cantidad inusitada de sangre.

La anemia ferropénica puede venir derivada también de una alimentación escasa y/o de una dieta pobre en proteínas.

Las talasemias –un segundo grupo de anemias –o hemoglobinopatías, son formas originadas por una hemoglobina es defectuosa que no transporta adecuadamente el oxígeno.

Es una enfermedad hereditaria de origen genético, por lo que en estos tiempos los modernos exámenes de genoma podrán aportar previsiones.

DIVERSOS ORÍGENES

Una anemia derivada de los efectos secundarios de una enfermedad crónica será consecuencia de un problema de tipo crónico digestivo, renal, etcétera. La anemia hemolítica es la consecuencia de un trastorno inmunológico que ha generado unas células semejantes a los glóbulos rojos que compiten con éstos.

En esa competencia los glóbulos legítimos se tornan insuficientes porque esas células actúan destruyéndolos o bien suplantando su función. Este tipo de anemia puede llegar con transfusiones de sangre no compatible, inoculación de sustancias tóxicas, etcétera. De ahí la importancia de la seguridad transfusional.

La aplasia medular (alteración en la síntesis y maduración de los precursores hematopoyéticos, con la consiguiente pancitopenia: anemia, leucopenia y trombocitopenia) es un problema de la médula que origina una alteración la formación de los glóbulos rojos, que son inmaduros y cuya función está alterada.

La anemia megaloblástica se produce por la falta de uno o dos de los elementos que intervienen en la formación de los glóbulos rojos: el ácido fólico y la vitamina B12. Como en el caso anterior, la falta de estos elementos está normalmente originada por un déficit de los alimentos que el afectado consume habitualmente.

Las principales y más frecuentes causas de anemias megaloblásticas son la anemia perniciosa, la desnutrición y la malnutrición, el alcoholismo crónico, una dieta no balanceada, los efectos en las personas gestantes y en los lactentes, las neoplasias y algunos fármacos (quimoterapéuticos) como efecto secundario.

TRATAMIENTOS DIVERSOS

Dado que la anemia puede ser producto de muchas y diversas enfermedades, su tratamiento dependerá de la causa que la produzca. En los casos en que una anemia brusca pueda suponer un riesgo para la vida será necesario un reemplazo urgente mediante trasfusiones de concentrados de hematíes.

Las anemias por déficit de hierro, vitamina B12 o ácido fólico se tratan mediante el aporte de estos principios. Las anemias secundarias a enfermedades inflamatorias crónicas mejoran con el tratamiento de la enfermedad causante, de modo que en esos casos no será necesario un tratamiento específico.

En los últimos años, la utilización de factores de crecimiento como la eritropoyetina permite tratar con gran eficacia muchas formas de anemia.

El déficit de ácido fólico provoca anemia megaloblástica y padecer ese tipo de anemia puede ocasionar síntomas como fatiga, irritabilidad, depresión, insomnio y estreñimiento.

Suplementos de ácido fólico –siempre por el médico –pueden ser la solución a problemas como la anemia megaloblástica, o con aumento de sus requerimientos como durante el embarazo, malnutrición, enfermedades intestinales, alteraciones graves del hígado, alcoholismo, gastrectomía o pacientes dializados.

Existe una anemia que cursa por deficiencia de vitamina C, cuando se trata de una carencia grave y muy prolongada. La consecuencia de esta anemia es que la médula ósea produce glóbulos rojos pequeños. Se diagnostica midiendo la vitamina C en los glóbulos blancos. Se trata con un complemento de esta vitamina.

UTILIZAR EL HIERRO

Infecciones, inflamaciones y cáncer impiden la producción de glóbulos rojos debido a que el hierro almacenado en la médula no puede ser utilizado por los glóbulos rojos en crecimiento.

La anemia generada como consecuencia de problemas de estas características se denomina anemia de reutilización de hierro.

En las personas mayores las enfermedades crónicas pueden ser causa de anemia. Todas las infecciones y las enfermedades inflamatorias (artritis, tendinitis…) inhiben la producción de glóbulos rojos en la médula ósea, lo que disminuye el número de glóbulos rojos en la sangre, siendo también causa de anemia.

Cuanto más grave es la enfermedad causante, más grave será la anemia, aunque esto se cumple en enfermedades agudas, no tanto en el de las anemias causadas por una enfermedad crónica que no suele ser muy grave, según explican los especialistas que analizan estas anemias, denominadas secundarias.

Estas anemias son lentas y en general leves. No suelen producir síntomas, que si se manifiestan suelen ser de la enfermedad precursora. En el proceso de diagnóstico los médicos primero tratarán de excluir otras causas de la anemia, como una hemorragia o un déficit de hierro, antes que achacarla a una enfermedad.

En estos casos suplementos de hierro o vitaminas no dan resultado. En los pocos casos en que la anemia se torna grave, las transfusiones o la inoculación de una hormona que estimula la médula ósea para que produzca glóbulos rojos, la denominada eritropoyetina puede resultar útil como medida terapéutica.

NUEVOS GLÓBULOS ROJOS

Los glóbulos rojos viven 120 días. Pasado ese periodo la médula ósea, el bazo y el hígado los retiran. Si una enfermedad destruye los glóbulos rojos prematuramente la médula ósea intenta compensar esta pérdida produciendo otros nuevos glóbulos rojos hasta 10 veces más rápidamente, todo ello en un proceso natural.

Cuando la destrucción de los glóbulos rojos excede su producción, se produce una anemia hemolítica. Esta anemia no es tan frecuente como las anemias causadas por la pérdida de sangre o por la disminución de la producción de glóbulos rojos. La destrucción aumenta cuando aparecen ciertos factores.

El bazo puede agrandarse, algún obstáculo en el flujo sanguíneo puede romper las células y ciertos anticuerpos pueden combinarse con los glóbulos rojos y hacer que el sistema inmune los destruya a causa de una reacción autoinmune.

A veces los glóbulos rojos son destruidos por presentar anomalías en su forma. La destrucción de los glóbulos rojos puede tener lugar en trastornos como el lupus eritematoso sistémico y en ciertos cánceres, particularmente los linfomas. Varios fármacos como la metildopa, la dapsona y la sulfamidas también pueden destruir los glóbulos rojos, señalan los expertos en alusión a las causas.

Puede suceder que la hemólisis sea súbita y grave y se genere una crisis. Aparecen síntomas: escalofríos, fiebre, dolor de espalda y estómago, dolores leves de cabeza y una caída de la presión de la sangre.

Ictericia y orina oscura pueden producirse al ir a parar a la sangre el contenido de los glóbulos dañados.

BAZO Y RIÑONES

En esos casos el bazo se agranda, dado que tiene que adaptarse a su misión de eliminar los glóbulos rojos dañados.

Este agradamiento puede producir dolor abdominal como síntoma. La hemólisis prolongada puede generar la aparición de cálculos biliares pigmentados, un tipo poco frecuente de cálculo biliar.

La anemia causada por un bazo agrandado suele desarrollarse lentamente y los síntomas son leves. El bazo agrandado también puede producir una disminución del número de plaquetas y de glóbulos blancos. El tratamiento busca paliar -lo que ha causado el agrandamiento del bazo, que solo excepcionalmente se extirpa.

Los glóbulos rojos pueden ser dañados también por anomalías en los vasos, como podrían ser los aneurismas, una válvula artificial del corazón o bien por una presión arterial sumamente elevada. Así se pueden llegar a romper los glóbulos rojos normales ocasionando el vertido de su contenido a la sangre.

Los riñones filtrarán estas sustancias para eliminarlas de la sangre, pero también pueden resultar dañados en el proceso.

Ante una gran cantidad de glóbulos rojos dañados, se daría una anemia hemolítica mi-croangiopática. Al microscopio se ven fragmentos de los glóbulos rojos dañados.

Todo este cúmulo de datos permite al paciente llegar a diversas conclusiones. Tal vez la primera d ellas sería que no se debe jugar con la palabra anemia.

La segunda conclusión es la necesidad de que vale la pena molestarse y molestar al médico ante alguno de esos síntomas. Ello llevará a una rápida recuperación o detectar un problema de base.

Jaume Orfila
Asesor Científico
de Salut i Força

La vida en rojo

La hemoglobina pone la nota de color a la sangre. El pigmento escarlata de los glóbulos rojos es una proteína especializada en transportar oxígeno. Se oxigena en los pulmones y lo traslada a los tejidos. Una frondosa red de capilares lo acerca a los usuarios finales, las células y es el responsable del aspecto rosado de nuestra dermis.

Sin oxígeno no hay vida. Es una pieza básica de nuestro metabolismo energético, imprescindible para transformar las grasas, carbohidratos y proteínas de nuestra dieta en energía y vida.

Los hematíes o eritrocitos, nombres con los que también se conoce a los glóbulos rojos, son los elementos celulares más numerosos y voluminosos de los que constituyen la sangre y los responsables de trasportar las moléculas de hemoglobina cargadas de oxígeno.

Nos encontramos ante una anemia cuando baja el nivel de hemoglobina de la sangre. Las causas son múltiples. Las más significativas, las deficitarias; se deben a falta de hierro y de vitamina B12 y son fácilmente curables. Las más prevalentes, las asociadas a las enfermedades crónicas; diabetes, insuficiencia renal y enfermedades reumáticas.

Las más graves, las primarias. Aquellas que se deben a la incapacidad de la “ fábrica”-la médula ósea-, de producir nuevos, suficientes y vigorosos hematíes. En ellas, mientras se encuentra la causa primordial, hacen de la transfusión de concentrados de hematíes, la única la solución paliativa.

Tags:
Comments
  1. Julia edith mera | Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Por favor, ayúdanos a promocionar la salud
Al hacer clic en cualquiera de estos botones nos ayuda promocionar la salud