Alzheimer: La enfermedad del olvido se extiende poco a poco

La Sociedad Española de Neurología calcula que en España, pueden existir unas 800.000 personas con Alzheimer, principal causa de discapacidad en personas mayores. En Baleares la tasa de mortalidad ajustada por edad por enfermedad de Alzheimer, por 100.000 habitantes ha pasado de 10,75 en 2005 a 16,00 en 2009

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En Baleares la tasa de mortalidad ajustada por edad por enfermedad de Alzheimer, por 100.000 habitantes ha pasado de 10,75 en 2005 a 16,00 en 2009, según los últimos datos ofrecidos por el informe Indicadores Clave del Sistema Nacional de Salud de Baleares, el último de los cuales se publicó en 2011. Se trata de un problema de salud creciente. La Sociedad Española de Neurología (SEN) calcula que actualmente, en España, pueden existir unas 800.000 personas con la enfermedad de Alzheimer, principal causa de discapacidad en personas mayores y la patología que genera uno de los mayores gastos sociales. Estos datos fueron ofrecidos el pasado miércoles 21, Día Mundial del Alzheimer.

Según esta sociedad científica, España ya es uno de los países del mundo con mayor proporción de enfermos de demencia entre las personas de más de 60 años. El aumento de la esperanza de vida y el envejecimiento de la población harán que el número de casos siga aumentando en los próximos años. Tal vez en 2050 se hayan duplicado las cifras actuales. Sagrario Manzano, Coordinadora del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la SEN asegura que “estamos pues, ante una enfermedad a la que es necesario intentar poner freno y mejorar los tiempos de diagnóstico y abordarla en sus primeras fases y que la población se conciencie de la importancia de tomar medidas” Precisamente ha sido en el diagnóstico precoz de la enfermedad en el ámbito en el que se han producido los más recientes e importantes avances, lo que facilita que se puedan instaurar precozmente tratamientos que ralentizan el deterioro cognitivo y controlan los trastornos conductuales.

40% DE CASOS SIN DIAGNOSTICAR

Sin embargo –advierten desde la SEN –en España, sigue existiendo un infradiagnóstico muy importante de los casos de demencia, sobre todo en aquellos que aún son leves. La SEN estima que aproximadamente entre un 30 y 40% de los casos podrían estar sin diagnosticar, solo identificados un 20% de los casos leves. Y ello, a pesar de que el 18,5% de los pacientes que acuden a una consulta de Neurología lo hacen por alteraciones de memoria o sospecha de deterioro cognitivo y que ésa es la primera causa de consulta neurológica en mayores de 65 años (el 35% de las consultas), según los datos de los especialistas.

“Desde el punto de vista de la atención médica, una de las mayores prioridades es mejorar la precisión y la rapidez diagnóstica, reduciendo el número de personas a las que se diagnostica esta enfermedad en fases avanzadas. El diagnóstico precoz ha demostrado una reducción de la repercusión social y del impacto económico”, destaca Manzano.

“Por otra parte, la sensibilización social, sobre todo a que se entienda que si una persona comienza a tener pérdida de facultades y de capacidad de hacer cosas no es por envejecimiento y que debe ser evaluada, es otro aspecto prioritario para mejorar el diagnóstico de esta enfermedad”, añade la especialista de la SEN.

También en estos últimos años se ha aumentado el conocimiento de aquellos factores que influyen o modifican la expresión de la enfermedad. Y en este sentido, medidas como mejorar la salud cardiovascular, la diabetes mellitus, la hipertensión o dejar de fumar, hacer ejercicio, realizar una dieta sana.

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POTENCIAR LA MENTE

También, potenciar lo que se conoce como reserva cognitiva, es decir, mejorar el nivel educativo general de la población, y potenciar actividades que impliquen actividad intelectual y social como aficiones, lectura, aprendizaje de idiomas o tocar instrumentos musicales, podrían conseguir reducir y/o retrasar el momento demencia de la enfermedad.

La enfermedad de Alzheimer (EA), también denominada demencia senil de tipo Alzheimer (DSTA) o simplemente alzhéimer, es una enfermedad neurodegenerativa que se manifiesta como deterioro cognitivo y trastornos conductuales. Se caracteriza en su forma típica por una pérdida de la memoria inmediata y de otras capacidades mentales.

Son personas que pierden capacidades cognitivas superiores, a medida que mueren las neuronas y se atrofian diferentes zonas del cerebro. La enfermedad suele tener una duración media aproximada después del diagnóstico de 10 años y acabar en fallecimiento, variando de acuerdo a la severidad de la enfermedad al momento del diagnóstico.

La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia, es incurable y terminal, y aparece con mayor frecuencia en personas mayores de 65 años de edad. En raros casos puede ser desarrollada desde los 40 años, por lo que ante la aparición de síntomas hay que consultar al médico, especialmente a partir de los 55-60 años.

La Alzheimer’s Association ha creado esta lista de señales de advertencia de la enfermedad de Alzheimer y otros tipos de demencia. Cada individuo puede experimentar una o más de estas señales a grados diferentes.

Si se detecta cualquiera de ellas en uno mismo o un ser allegado cercano se aconseja consultar a un médico: SíNTOMAS DEL OLVIDO Una de las señales más comunes del Alzheimer, especialmente en las etapas tempranas, es olvidar información recién aprendida. También se olvidan fechas o eventos importantes; se pide la misma información repetidamente; se depende en sistemas de ayuda para la memoria (tales como notitas o dispositivos electrónicos) o en familiares.

Otra de las señales comunes es experimentar cambios en la habilidad para desarrollar y seguir un plan o trabajar con números. Los afectados pueden tener dificultad en seguir una receta conocida o manejar las cuentas mensuales, en concentrarse y les puede costar más tiempo hacer cosas que antes culminaban en menos tiempo.

Siguiendo con el décalogo de la Alzheimer’s Association . a las personas que padecen del Alzheimer muy a menudo se les hace difícil completar tareas cotidianas. A veces pueden tener dificultad en llegar a un lugar conocido, administrar un presupuesto en el trabajo o recordar las reglas de un juego muy conocido.

A los afectados se les olvidan las fechas, estaciones y el paso del tiempo. Pueden tener dificultad en comprender algo si no está en proceso en ese instante. Es posible que se les olvide a veces dónde están y cómo llegaron allí. Tienen dificultad para comprender imágenes visuales y cómo objetos se relacionan uno al otro en el ambiente.

Para algunas personas, tener problemas de la vista, dificultad para comprender imágenes visuales y cómo objetos se relacionan uno al otro en el ambiente, puede ser una señal del Alzheimer. Pueden tener dificultad en leer, juzgar distancias y determinar color o contraste, lo cual puede causar problemas para conducir un vehículo.

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DIFICULTAD PARA CONVERSAR

Quienes padecen del Alzheimer pueden tener problemas en seguir o participar en una conversación. Es posible, también, que paren en medio de conversar sin idea de cómo seguir o que repitan mucho lo que dicen. Puede ser que luchen por encontrar las palabras correctas o el vocabulario apropiado o que llamen cosas por un nombre incorrecto.

El afectado suele colocar cosas fuera de lugar. Se les puede perder cosas sin poder reconstruir el itinerario de sus pasos para poder encontrarlas. A veces, es posible que acusen a los demás de robarles. Esto puede ocurrir más frecuentemente con el tiempo. Ejemplo: de vez en cuando, colocar cosas (como los lentes o el mando a distancia) en un lugar equivocado.

Las víctimas de esta afección pueden experimentar cambios en el juicio o en tomar decisiones. Por ejemplo, es posible que regalen grandes cantidades de dinero a las personas que venden productos y servicios por teléfono, que hagan donaciones de caridad absurdas. Puede ser que presten menos atención al aseo personal.

En esta enfermedad se puede empezar a perder la iniciativa para ejercer pasatiempos, actividades sociales, proyectos en el trabajo o deportes. Es posible que tengan dificultad en entender los hechos recientes de su equipo favorito o en cómo ejercer su pasatiempo favorito. También pueden evitar tomar parte en actividades sociales que antes les gustaban.

El humor y la personalidad de las personas con el Alzheimer pueden cambiar. Pueden llegar a ser confundidas, sospechosas, deprimidas, temerosas o ansiosas. Se pueden enojar fácilmente en casa, en el trabajo, con amigos o en lugares donde están fuera de su ambiente. Desarrollan rutinas muy específicas y se enfadan si esa rutina es interrumpida.

PEQUEÑOS GRANDES ERRORES

La Alzheimer’s Association señala como ejemplos de efectos de esta enfermedad casos como olvidarse de vez en cuando de nombres o citas pero acordándose de ellos después; equivocarse al sumar o restar; necesitar ayuda para usar aparatos domésticos que antes se controlaban; confundirse sobre el día de la semana pero darse cuenta después.

Otros ejemplos de síntomas, según la Alzheimer’s Association, pasan por tener dificultad a veces en encontrar la palabra exacta al hablar; colocar cosas (como las gafas o el mando a distancia) en un lugar equivocado; regalar dinero o tomar malas decisiones; crear ruitas y enfadarse si se las rompen; rechazar costumbres familiares, sociales, de ocio.

El Alzheimer es una enfermedad de evolución lenta, de entre 5 y 20 años. No existe en estos momentos ningún tratamiento que revierta el proceso de degeneración, aunque sí de dispone ya de algunos fármacos que pueden retrasar, en determinadas etapas de la enfermedad, la progresión de la patología, es decir, retrasar el empeoramiento.

Los medicamentos anticolinesterásicos o inhibidores de la acetilcolinesterasa, elevan los niveles de acetilcolina en el cerebro. Tacrina, donepezilo, galantamina, memantina y rivastigmina son los fármacos indicados en las primeras etapas de la enfermedad. Con estos medicamentos se mejoran las fases iniciales y moderadas de la patología.

Su buen uso logra retrasar el deterioro de la memoria y la atención. En el 20 por ciento de los casos estos medicamentos pueden tener efectos adversos que causan trastornos gastrointestinales como náuseas, vómitos o diarrea. Sin embargo, no tienen ningún tipo de interacción con otros fármacos. Su uso es siempre bajo prescripción y control médico.

RETRASAR EL DETERIORO

Los anticolinesterásicos suelen retrasar medio año el deterioro cognitivo de los pacientes. Un 50% de los pacientes responde positivamente a la administración del medicamento, mientras que un 20% responde en mayor medida de forma positiva que la media. El 30% de los pacientes no responde a la medicación con anticolinesterásicos.

Este tratamiento se combina con otro sintomático, a medida que el paciente va denotando diversos síntomas que acompañan al mal de Alzheimer, tales como la depresión, estados de agitación, alteraciones del sueño, o complicaciones más tardías del tipo incontinencia de esfínteres, estreñimiento, infecciones urinarias, o úlceras por la inmovilidad.

La vacuna, AN-1792, uno de los avances en esta materia, se basa en una forma sintética de la proteína beta amiloide, proteína que conforma las placas en los cerebros de los pacientes con Alzheimer y estimula al sistema inmunológico para eliminar las placas ya formadas y evitar la aparición de otras nuevas.

Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad Autónoma de Barcelona han desarrollado una molécula que detiene el desarrollo del Alzheimer y mejora los síntomas cognitivos en ratones modificados genéticamente. Todo está aún en fase de experimentación.

UNA NUEVA ACTITUD

Los especialistas destacan la necesaria disposición que deben tener loa encargadas del cuidar al paciente, algo que puede complicarse por los cambios de humor o problemas de memoria, lo que puede alterar los nervios del cuidador e incluso degradar su calidad de vida. Por ello se dan una serie consejos.

Se sugiere tratar al paciente de acuerdo a su edad y no tratar de ocultarle información. No darle órdenes, manteniendo un tono positivo siempre. Hablarle claro y explicar las cosas de forma relajada y extensa que sea necesario para que entienda. Tratar de que el paciente tenga su propia independencia y ayudarle sin anular sus acciones.

La depresión, o ciertos síntomas conceptualizables como depresivos, pueden ser el primer indicio de la enfermedad de Alzheimer. La depresión puede venir de los estados de confusión, dificultad para concentrarse y prestar atención. Todos estos síntomas mejoran cuando se trata el problema de fondo. Otro de los factores que complica el diagnóstico es la coexistencia de ambas patologías.

En los pacientes con Alzheimer, la detección de una depresión resulta bastante complicada para el facultativo, puesto que se trata de personas incapaces de explicar cómo se sienten, de modo que estos diagnósticos deben hacerse en profundidad.

Como signos más claros de que una persona con Alzheimer sufre también una depresión destacan la pérdida de apetito, alteraciones del sueño, pérdida de energía e iniciativa, baja autoestima, irritabilidad y ansiedad, mal concentración. Estos síntomas suelen aparecer juntos en una persona con Alzheimer.

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