Cómo construirnos el bienestar emocional

Miguel Lázaro Ferreruela Psiquiatra HUSE Coordinador del Centro de Atención Integral de la Depresión.

Miguel Lázaro Ferreruela
Psiquiatra HUSE
Coordinador del Centro
de Atención Integral de
la Depresión.

Que nuestra alimentación, así como el estrés meteorológico y los cambios estacionales alteran nuestro estado de ánimo no es ningún secreto, pero se nos olvida a menudo.

Confundimos alimentarse con nutrirse bien. Y aquí hay que incluir en primera línea la nutrición emocional y espiritual.

¿Cómo nos autonutrimos psicológicamente? Somos seres emocionales. La vida no tiene sentido sin emociones. Como dice el principito “este es mi secreto, dijo el zorro. Es muy sencillo: no se ve bien si no es con el corazón. Lo esencial resulta invisible para los ojos”. Mejorar nuestro bienestar emocional es una tarea personal en la que nadie puede sustituirnos.

Exige de nuestro compromiso constante, en el que no hay atajos.

Hay que hacerse un autotest periódico de cómo construimos nuestro bien-estar emocional y a la inversa de cómo nos construimos nuestro mal-estar emocional. Conviene de vez en cuando revisar nuestra ITV emocional (Inspección de Tácticas Vitales).

Lidiar y gestionar con los gigantes y cabezudos del alma es una guerra que dura toda la vida, y en la que se pierden muchas batallas.

El depredador más pernicioso para nuestro bienestar emocional es una enfermedad, cada vez más frecuente, que es “una grieta en el alma”: la depresión, que además es altamente contagiosa. Igual que todas las vidas son únicas y además cada una de ellas es difícil, así es la depresion.

El cerebro es una red de conexiones, es decir, es un conectoma, donde existen núcleos o puntos claves (los llamados gold points). En esta estructura está incluido el cerebro emocional, un “verdadero cerebro en el cerebro”, que regula el bienestar psicológico y una gran parte del organismo. Entre las funciones que rige están las hormonas, el sistema digestivo, el cardiaco y la inmunidad.

Los desordenes emocionales son consecuencias de disfunciones de este cerebro emocional. Esencialmente los que hacen los antidepresivos y la psicoterapia es “reprogramar” este cerebro emocional. Una de las técnicas más en boga para la curación de las grandes cicatrices del dolor psicológico (las reacciones postraumáticas) es la integración neuroemocional mediante la terapia de EMDR (aquí en Palma tenemos especialistas como el Dr. Julio Izquierdo y la psicóloga Mariona Fuster).

Sabemos también la importancia de la luz que regula el reloj biológico y los ritmos circadianos. De ahí que se aconsejen paseos aprovechando la luz solar, que además nos permite acumular vitamina D.

En la depresión no solo hay que tomar Prozac o cualquier otro antidepresivo, también unas buenas Adidas nos pueden servir para practicar actividad física regular que, junto con una buena dieta mediterránea, son muy útiles en la cruzada antidepresiva tal y como han probado la Dra. Ibarra, de Son Espases; y el Dr. Mauro García Toro, de la UIB.

Pero nuestro bienestar emocional también se construye trabajando marcos mentales de referencia, de flexibilidad y aceptación, ya que los demás no son como nosotros. Es imprescindible hacer valoraciones realistas de los demás y saber gestionar bien nuestras expectativas y satisfacción en las relaciones. A no “masturbarse mentalmente”, en un devaneo de sesos inútil y mortificante y aprender a actuar. La vida es acción.

A no “arrastrar” a los demás a nuestra tristeza. Hay que aprender a “autoanimarse”. Al fin y al cabo los días malos no tienen la hora 25.

Hay que aprender a cuestionar nuestras creencias que nos mantienen en un autoengaño que nos atrapa y no nos deja progresar. Hay que aprender a fijar límites y a proteger nuestras fronteras personales.

Límite no para hacer daño sino para no hacernos daño. Como decía Toni de Mello, “tú no tienes ningún valor si no eres libre para decir que no”.

Y hay que rescatar, de vez en cuando, a Víctor Frankl, el padre de la logoterapia y recordad su magnífico mantra: “el que tiene un porqué es capaz de construir cualquier como”. Lo que más nos afecta no son los momentos trágicos de la vida, ni la muerte (nadie sabe de que va), lo que nos cruje emocionalmente es la pérdida del sentido de la vida. El alma está rota pero la vida sigue, solo que hay que resignificarla.

Y qué decir del poder terapéutico del perdón que resuelve el resentimiento que parasita nuestras vidas. Vuelvo a recordar a Toni de Mello con otro de sus mantras sabios, “un agravio no significa nada si no insistes en recordarlo”.

No podemos cambiar lo que ha pasado y lo que hemos vivido pero sí que podemos trabajar con los recuerdos con los que nos acompañamos.

Construir una narrativa diferente de lo que nos ha afectado nos permite reconectarnos más cálidamente con nuestra naturaleza humana.

Ese es nuestro reto: profundizar en nuestro autorrespeto y en el del prójimo. Humanizarse y rehumanizarse.

Como decía Bertrand Rusell: “nada de los que es humano nos es ajeno”. O como dicen en Teruel: “nadie mea colonia”.

Estas reflexiones no pueden aplicarse cuando se padece una depresión, que afecta a nuestra forma de pensar, de sentirse, de actuar, de relacionarse con uno mismo y con los demás. Pero no hay que confundirse, no existen las dietas antidepresivas. Es decir, la nutrición, hoy por hoy, no cura una depresión.

Para esto tenemos eficaces tratamientos, que controlan más del 80% de las depresiones. Por eso es muy importante buscar ayuda especializada.

Siempre recordando que no hay enfermedades sino enfermos, cada uno con su singularidad biográfica, psicológica y con diferentes contextos psicosociales.

Pésame a Francia Mi memoria a las víctimas de la sinrazón y del primitivismo de seres humanos parasitados por la violencia y el odio.

Estimados franceses nos duelen los cojones de alma al ver vuestro dolor.

Pero més que mai, aún, aquí y ahora, RECORDEMOS, que estamos en derrota pero nunca en doma.

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