Anemia: sangre con menos glóbulos rojos

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De un modo sencillo la anemia podría definirse como una situación anómala, una enfermedad que se caracteriza por el hecho de que la que la sangre tiene menos glóbulos rojos de lo normal. Los eritrocitos, también llamados glóbulos rojos o hematíes, son los elementos cuantitativamente más numerosos de la sangre.

La hemoglobina es uno de sus principales componentes. Su objetivo es transportar el oxígeno hacia los diferentes tejidos del cuerpo.

También se presenta una anemia en un paciente cuyos glóbulos rojos no contienen suficiente hemoglobina, una proteína rica en hierro que es la que le confiere a la sangre el color rojo. Esta proteína les permite a los glóbulos rojos cumplir con su función de transportar el oxígeno de los pulmones al resto del cuerpo.

Un afectado por la anemia no recibe suficiente sangre rica en oxígeno en las diferentes partes de su cuerpo. El principal o más característico de los síntomas de este estado es el de sentirse cansado, aunque pueden darse otros síntomas: En los casos graves o prolongados de anemia, la falta de oxígeno en la sangre puede causar lesiones en el corazón, en el cerebro y en otros órganos del cuerpo. La anemia muy grave puede incluso causar la muerte.

Los glóbulos rojos transportan oxígeno y retiran del cuerpo el dióxido de carbono. Se producen en la médula ósea, que es un tejido esponjoso que se encuentra en el interior de los huesos. Glóbulos blancos (que sirven para combatir las infecciones ‘comiéndose’ los gérmenes) y las plaquetas (que se unen unas a otras para cerrar heridas) también se producen en la médula ósea. En algunas clases de anemia los tres tipos de células de la sangre pueden estar disminuidos.

Existen tres causas principales de anemia: pérdida de sangre (por una herida, una hemorragia interna e incluso por procesos naturales, como algunos casos, en mujeres, de menstruaciones con un flujo sobre abundante), una falta de producción de glóbulos rojos o mayor velocidad del proceso de destrucción de los glóbulos rojos. Estas causas pueden deberse a varias enfermedades, problemas o factores.

Muchos tipos de anemia pueden ser leves, de corta duración y de fácil tratamiento.

Algunos se pueden incluso prevenir con una dieta saludable.

Otros se pueden tratar con suplementos nutricionales.

Ciertos tipos de anemia pueden ser graves, de larga duración y potencialmente mortales si no se diagnostican y tratan. Es por ello necesario consultar al médico en caso de síntomas.

Las anemias pueden venir derivadas de los efectos secundarios de ciertos medicamentos, de enfermedades como cáncer, colitis ulcerativa o artritis reumatoidea. De predisposición genética, ya que algunas formas de anemia, como la talasemia, pueden ser hereditarias. De una insuficiencia renal. De una pérdida de sangre. De una dieta deficiente.

A consecuencia de un embarazo.

De problemas con la médula ósea, como el linfoma, la leucemia o el mieloma múltiple. También de problemas con el sistema inmunitario que causa destrucción de células sanguíneas (anemia hemolítica). Cirugía del estómago o los intestinos que reduce la absorción del hierro, la vitamina B12 o el ácido fólico, pueden ser también la causa de una anemia.

Se ha mencionado el cansancio como uno de los síntomas propios de este desarreglo, pero hay otros, como dolor torácico, vértigo o mareo (especialmente al pararse o con esfuerzo), fatiga o falta de energía, dolores de cabeza, problemas para concentrarse, dificultad para respirar (especialmente durante el ejercicio).

Algunos tipos de anemia pueden tener otros síntomas como el estreñimiento, problemas para pensar, sensación de hormigueo.

En caso de que el médico sospeche o busque una anemia, se realizará un examen físico, que puede revelar, en el caso de las personas afectadas por una anemia, una piel pálida y una frecuencia cardíaca rápida. Algunos tipos de anemia pueden causar otros signos o síntomas que se detectan en un examen físico.

Los exámenes de sangre para diagnosticar algunos tipos de anemia pueden abarcar: La medición de los niveles sanguíneos de vitamina B12, ácido fólico y otras vitaminas y minerales; análisis de médula ósea; Conteo de glóbulos rojos y nivel de hemoglobina, conteo de reticulocitos, nivel de ferritina y nivel de hierro. Se pueden hacer otros exámenes para identificar problemas de salud que pueden causar anemia.

Incidiendo sobre los diferentes tipos de anemias, que son muchos, cabe destacar entre las principales variantes, las anemias ferropénicas, originadas por una falta de hierro, que puede ser consecuencia de diversos factores: un aumento de las perdidas de sangre (regla abundante, sangrado digestivo, sangre en orina); un aumento las necesidades de hierro del propio cuerpo, motivado por circunstancias pasajeras: es el caso de un embarazo, la lactancia, el proceso natural de crecimiento etcétera.

Otra causa de este tipo de anemias es la disminución en la absorción intestinal en pacientes operados del estómago o pacientes de diarrea u otras enfermedades del aparato digestivo. La anemia ferropénica puede venir derivada también de una alimentación escasa, de una dieta pobre en proteínas.

Las talasemias –un segundo grupo de anemias –o hemoglobinopatías, son formas originadas por una hemoglobina es defectuosa que no transporta adecuadamente el oxígeno. Es una enfermedad hereditaria de origen genético.

Una anemia derivada de ,los efectos secundarios de una enfermedad crónica será consecuencia de un problema de tipo crónico digestivo, renal, etcétera. La anemia hemolítica es la consecuencia de un trastorno inmunológico que ha generado unas células semejantes a los glóbulos rojos que compiten con estos, bien destruyéndolos o bien suplantando su función. Este tipo de anemia puede llegar con transfusiones de sangre no compatible, inoculación de sustancias tóxicas, etcétera.

La aplasia medular (término que hace referencia a la alteración en la síntesis y maduración de los precursores hematopoyéticos, con la consiguiente pancitopenia: anemia, leucopenia y trombocitopenia) es un problema de la médula que origina una alteración la formación de los glóbulos rojos, que presentan formas inmaduras y cuya función está alterada.

La anemia megaloblástica se produce por la falta de uno o dos de los elementos que intervienen en la formación de los Glóbulos Rojos: el ácido fólico y la vitamina B12. Como en el caso anterior, la falta de estos elementos está normalmente originada bien por un déficit de los alimentos. Las principales y más frecuentes causas de anemias megaloblásticas son, anemia perniciosa, desnutrición y malnutrición, alcoholismo crónico, dieta no balanceada, gestantes, lactentes, neoplasias, etcétera, fármacos (quimoterapéuticos).

Los especialistas explican que dado que la anemia puede ser producto de muchas y diversas enfermedades, su tratamiento dependerá de la causa que la roduzca. Es necesario obtener previamente a un diagnóstico antes de realizar ningún tratamiento. Únicamente en aquellos casos en que una anemia brusca pueda suponerun riesgo para la vida del enfermo será necesario un reemplazo urgente mediante trasfusiones de concentrados de hematíes provenientes de
donaciones. En el resto de los casos, que son la mayoría, no debe instaurarse tratamiento hasta no conocerse la causa de la enfermedad.

Las anemias por déficit de hierro, vitamina B12 o ácido fólico se tratan mediante el aporte de estos principios.

Las anemias secundarias a enfermedades inflamatorias crónicas mejoran con el tratamiento de la enfermedad causante.

En los últimos años, la utilización de factores de crecimiento como la eritropoyetina permite tratar con gran eficacia muchas formas de anemia.

El déficit de ácido fólico provoca anemia megaloblástica y padecer ese tipo de anemia puede ocasionar síntomas como fatiga, irritabilidad, depresión, insomnio y estreñimiento.

La dispensación de suplementos de ácido fólico –siempre prescrito por el médico –pueden ser la solución a problemas que cursan con un déficit de esta vitamina, como es el caso de la ya mencionada anemia megaloblástica, o con aumento de sus requerimientos como durante el embarazo, malnutrición, enfermedades intestinales, alteraciones graves del hígado, alcoholismo, gastrectomía o pacientes sometidos a diálisis.

También se utiliza en la prevención de edefectos en el tubo neuronal (espina bífida, anencefalia y encefalocele) durante los primeros meses del embarazo.

Comments
  1. paula | Responder
    • Anais | Responder
      • Lucifer | Responder
  2. Tomás | Responder
  3. Susana | Responder
  4. karol | Responder
  5. Rosario Moya Socualaya | Responder

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